Una ciudad en presente continuo

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Vibrante es un estado o una cualidad que no se puede forzar ni fingir, aunque la palabra a veces suene muy manida. El pasado viernes 13 de junio alrededor de 300 personas se reunieron en La Rambleta con ocasión del València Vibrant, foro ciudadano que agrupa a profesionales de la empresa, la universidad, el diseño, la cultura y la comunicación, con una voluntad de cambio para la ciudad.

Valencia, esta ciudad que nos duele tanto y nos apasiona por igual, y cuya lamentable situación en muchos aspectos unida al ímpetu propio, nos lleva a preguntarnos, a reclamarnos una activación, un giro, un paso al frente de verdad y con fundamento. Como punto de arranque lo encontré muy interesante, fue un think tank colectivo, nueve horas de conversación algo revuelta y desigual -dependiendo de la mano del moderador, de la que sacamos apuntes, voluntad, autocrítica, llamada a la acción y algunas reflexiones valiosas. Es bueno hacerse preguntas, siempre, pero también tener el objetivo claro de encontrar respuestas, de aportar soluciones y no esperar que venga nadie con mano de santo a resolver. Como dice David Estal -participante de una de las charlas más enriquecedoras- en esta columna, toca escribir un nuevo capítulo de esta ciudad, y sólo podemos ser prácticos y concretos.

Los valencianos somos un pueblo peculiar.  Se dijeron muchas verdades al respecto el viernes, empezando por Eugeni Alemany y esa Valencia intermitente, sin rumbo ni autoestima con la que acarreamos. Dichos como pensat i fet, aixó ho pague jo, o arrancà de burra, parà de macho son tan simples como ciertos en su descripción de lo valenciano, y componen una curiosa mezcla que es a veces acicate y a veces lastre. En los últimos tiempos la baja autoestima se ha acrecentado con las sucesivas victorias del PP en elecciones pese a escándalos, corrupción, accidente de metro, cierre de RTVV y un largo etcétera de desastres.

Aun así mucho sentimos que en esta ciudad late algo, una vibración, sí, un potencial que está por explotar y quizá por las expectativas que crea el (posible) cambio de 2015, intuimos cercano, al punto de ebullición. En Valencia se vive muy muy bien, y eso no es una obviedad; quien ha vivido fuera y quienes vienen de fuera lo saben, lo hemos experimentado. En este sentido fue especialmente reveladora la mesa Volver y venir, en la que Jaime Hayon y Sophie von Schönburg incidieron en la riqueza de la ciudad y en su carácter único a veces tan poco valorado por sus propios habitantes.

valencia_vibrantNo tenemos un relato definido para Valencia, y eso pienso es un punto a su favor, quien la visita no sabe muy bien lo que se va a encontrar más allá de sol y playa, pero nosotros que estamos dentro sí lo sabemos y a nuestra medida podemos actuar, podemos reactivar. Cuidar y explotar ese encanto no evidente. Un drama de esta sociedad es su desinterés atávico por la cultura -aunque probablemente los que estábamos en la Rambleta formemos un cierto tipo excepción. Hacer ciudad es vivir sus espacios, sus barrios, todos, no siempre los mismos, conocer su patrimonio y cuidarlo, apoyar iniciativas culturales, ir a sus restaurantes, patear la calle, emprender proyectos, cuidar el entorno, pensar en grande y proponer a lo grande. Autocrítica que no falte, y este foro es muy positivo, pero con la crítica constructiva a la vez, que dejemos a un lado tanto la autocomplacencia como la autocompasión, el autodio y la exaltación, esos extremos tan paralizantes y tan valencianos de los que se habló todo el día.

Ir a lo concreto

Siempre, tras un evento así, viene la cuestión de ¿ahora qué hacemos? ¿De qué forma canalizamos lo aportado? No puede quedarse en palmaditas en la espalda, lluvia de ideas y hasta el año que viene. ¿Cómo conseguir articular las reflexiones de Carlos González Triviño, Pau Rausell o Agnès Noguera? Los tres hablaron de horizontes concretos, de ordenación urbana, del Parque Central, del acceso norte al Puerto, del corredor mediterráneo, de hacer más vivible la ciudad para todos, de propugnar una legislación urbana transparente. Ahí los políticos dirán, y nosotros también, votando.

El cultivo de la belleza, como decía Triviño, no debe ser tampoco algo secundario. “Ahora ocurre que los superdotados de la protesta toman el espacio público, y hace falta que lo tomen los superdotados de la propuesta“.  Ésa sería una gran pérdida de energía y de oportunidad. Estoy también con Jesus Terrés en que lo fácil es la queja, eso que se nos da tan bien, o teorizar cuando en realidad la única manera de aportar valor es hacer, moverse, actuar o como dijo Rafa Rodríguez de Verlanga dejar que cada uno viva y haga a su manera y se interese por la cultura -que es todo, que es el entorno- como forma de mantener vivo el pulso de la ciudad.

Desde hace un tiempo ya está sucediendo, barrios que cobran vida, iniciativas ciudadanas como Desayuno para Viandantes, comercios originales y auténticos como Simple, mucha gente que hace cosas, no es por casualidad que ha surgido un foro como éste. No tendremos nunca certezas ni grandes conclusiones, como tampoco las tiene este València Vibrant, pero tendremos una ciudad más viva y mientras quienes pueden vayan aportando futuro en forma de industria, trabajo y urbanismo inteligente, nosotros, todos, debemos ir haciendo camino, en presente continuo. Es lo suyo.

[Foto de cabecera de Eva Máñez-València Vibrant]


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