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La vista desde las afueras

Para una urbanita como yo plantearse vivir fuera de la ciudad no era lo más obvio pero razones prácticas me llevaron a ello y ahora, cuando va a hacer un año del cambio, no puedo estar más contenta, aunque eso me obligue a hacer a veces algunos malabarismos. Cuando bajo a Valencia tengo que organizar al máximo cada minuto para meter todas las citas, gestiones, recados pendientes, y amigos en el mismo día, y como tengo una política bastante inamovible respecto al no uso de parkings, el más difícil todavía es manejarse con el coche de manera sensata y no ruinosa.

En la balanza positiva, muchas cosas: vida tranquila, sin ruido, sin tráfico, sin vecino sociópata,… y que aunque sea mínima, la distancia me proporciona una perspectiva desde fuera, de visitante, con un punto fresco. Ahora ya no votaré en las próximas elecciones municipales, con lo interesantes que estarán, pero veo las sombras de la ciudad que gobierna Rita sin sufrirlas tanto y también valoro muchísimo sus encantos, voy, cojo lo bueno y me retiro a mi refugio. El artículo que la semana pasada publicaba Jesús Terrés en GQ ha corrido como la pólvora por mi entorno en redes sociales; a todos nos encanta su visión entre apasionada y cínica de las razones por las que mola tanto Valencia. A veces seremos un desastre pero tontos tampoco, y sabemos ver nuestras contradicciones y miserias, sin que se nos amargue tampoco el gozo. La paella, siempre -que los tópicos existen por algo-, el pertinaz buen tiempo -aunque este año hayamos pasado de la camiseta al abrigo de invierno tan de repente-, el espíritu pirata y alegre siempre de fondo, y tantos locales ricos para manducar, para alternar, para hacer vida en la calle.

guardianEste fin de semana también apareció Valencia como sitio de referencia en un artículo de viajes en el periódico británico The Guardian -ese tótem del diseño y del contenido-. Una periodista ha sacado oro de una visita de 48 horas a la ciudad y lo cuenta con detalle. Es interesante leerlo para captar la visión que ofrecemos a los de fuera, y comprobar que el encanto está tanto en la historia, los lugares icónicos, y los pequeños comercios. Esos pequeños rincones que la revista Verlanga se ha propuesto recoger en una nueva sección y qué bien. Aún hay tantos, y en días de esos de gestiones entre semana que vas con prisa pero también recorres calles no evidentes, me sigo tropezando con algunos de siempre, que permanecen tan dignos frente al desastre, y otros nuevos que siguen abriendo, valientes sin saber adónde irán a parar. Entre los semi-nuevos, porque lleva ya unos años, está Punt de Sabor, una tienda de la que soy fan. Nadie imaginaba que un local tan feo como el antiguo Ghetto se iba a transformar en esa tienda abierta, despejada, moderna y con productos frescos ofrecidos directamente de nuestros agricultores sin intermediarios. Cuidan el detalle y consiguen clientes fieles. ¿Cómo no serlo en temporada de naranjas y clementinas?

 

[Foto de Punt de Sabor: Diario Design]

No llego a todo

Escribir una columna como ésta no siempre es sencillo. No es una queja pero hay veces en que la sensación de no dar a basto es palpable y frustrante. Si se trata de escribir de la buena vida, sus placeres, locales apetecibles, lugares de referencia, planes en la ciudad…básicamente hay que salir de casa, y salir si no mucho, bastante. Y noto que no llego a todo. Pero yo no desisto, que yo quiero llegar. Cuando me propongo racionar las visitas por Ruzafa me hablan de un nuevo sitio para cenar enfrente del Ubik. Paseando por el Ensanche me tropiezo con la tipografía tan familiar del Congo (Reino de Valencia 51), que resulta que ha abierto un nuevo local, Congo Jazz en Conde Altea 22; las tapas clásicas del original y sobre todo ambiente agradable de copas y música en directo. De vez en cuando es obligatorio hacer incursiones por calles que no sean tan de paso, salirse de la ruta fija para encontrar las novedades. O si no, esta columna se quedará seca, desfasada.

Y eso que hablamos de Valencia, esa ciudad de nuestras entretelas que en tantas ocasiones encontramos carencias. Pero aún así no te la acabas. Bueno, sí, quizá te la puedes acabar si solo te dedicas al dolce fare niente, y no es el caso. Todavía no conocía el MercatBar de Quique Dacosta y aunque tenía referencias dispares la curiosidad se ha visto refrendada con una buenísima experiencia. Un local muy bonito y un servicio agradable en barra para una carta inmensa entre la que resulta difícil elegir. Para ser mi primera vez con el mediático Dacosta la impresión no podía ser mejor, me gusta cuando estoy en un sitio donde cuidan los detalles incluso si son los más sencillos.

Lo dicho, menos mal que no vivo en una gran ciudad porque entonces la frustración sería de tamaño descomunal. Siempre que quedo con Begoña, por ejemplo, que sé que es una buena referencia para bares y restaurantes, hay un momento en que la conversación deriva hacia nuevas recomendaciones y descubrimientos que hace mano a mano con su chico, Fernando. Son de morro fino y todoterreno a la vez, así que me puedo fiar de ellos. Y la nota que tengo permanentemente abierta en el móvil sigue creciendo. Próximamente, nuevas adquisiciones.

Hoy mismo se ha abierto el plazo de reservas para el siguiente Valencia Cuina Oberta (del 8 al 17 de noviembre) y viendo la web compruebo que hay muchos restaurantes que se han ido sumando a la iniciativa -clásicos familiares Mateu en El Palmar y la Pepica en la Malvarrosa-, mientras que se ha incrementado el precio para los que tienen estrellas Michelin, como el Riff o la Sucursal. Conviven locales ignitemuy justitos en su oferta con otros más exclusivos, y hay que mirar muy bien los menús y valorar si realmente merece la pena ir dentro de esta campaña. En algunos casos, sin duda, en otros (y no voy a especificar para no hacer sangre), ni remotamente.

Ahora sí que sí parece que ha llegado el otoño, después de días y días con el termómetro bordeando los 30°. Y la semana está sabrosona. Mañana miércoles con el evento Ignite en Rambleta; exposiciones rápidas de cinco minutos en que alguien presenta con pasión su idea, historia, proyecto o visión. Me han hablado maravillas de ellas así que esta vez voy a saciar mi curiosidad. Y el jueves por la noche, Halloween o Noche de los Muertos, para los que gusten, toca un poco de baile, un poco de fiesta, con disfraz o no, que hace mucho que no hay jaleo y hay que mantener la forma.

Abriendo filones

Son tiempos de ponerle inventiva a todo: trabajo, opciones vitales, planes de ocio. Parece que ahora paramos atención en el valor de lo que tenemos, lo que nos cuesta conseguir las cosas, y peleamos más por defender otra manera de disfrutar la vida. Lo leo en artículos, lo escucho en conversaciones, lo veo en las redes sociales. No nos conformamos con nuestros trabajos, no nos gusta cómo los gobernantes gestionan la crisis, y ya no nos toman el pelo en el bar donde vamos a picar algo; si nos cobran 15 € a lo tonto que tengan claro que no volvemos. Y así vamos caminando, rascando, peleando, en el mejor de los sentidos.

Ya conozco a varias personas cercanas que ante los infortunios han decidido lanzarse. Con esfuerzo (y algo de susto) han conseguido reunir un poco de dinero y han empezado a dar sus primeros y atrevidos pasos en el trabajo por cuenta propia o directamente empresarial. Y aún hay más que le dan vueltas a la idea; todos andamos reciclando e inventado. Sabemos que el mundo no es el de antes, que nadie va a venir a resolvernos la papeleta, que al margen de la desfachatez política, sólo uno mismo es responsable de su vida y sus acciones, que hace falta más espíritu crítico que nunca mezclado con la mayor de las voluntades, para no tragar pero para no quedarse tampoco parado, y pese a la complejidad de la situación no perder la integridad.

Puede parecer que divago, pero no. Yolanda superó un cáncer de mama el año pasado y mantuvo en todo momento la fuerza, por ella misma y sobre todo por los que le rodeaban, que andaban incluso más flojos que ella con la noticia. Ya recuperada y en el paro pensó que tanto trabajar para otros toda su vida, quizá era el momento de apostar sólo por ella misma y cumplir su sueño de tener una tienda de ropa, muy suya, con su estilo, a su manera. Y aunque todos le dijeran que era una osadía con los tiempos que corren, y ella misma se asustara incluso con el pequeño préstamo que necesitaba, su instinto le decía que simplemente, tenía que hacerlo.

La tienda Yolola

La tienda Yolola

Yolola (Av. Valladolid 42) ha abierto a principios de este mes de octubre y el tiempo dirá. Ella lo ha puesto todo, su familia también, pero su gusto, su gracia para sacar lo máximo de los recursos justos, su empeño en distinguirse, tienen el valor extra que se necesita y ya un triunfo en sí mismo. Con los tiempos que corren abrir una tienda de barrio y negarse a vender ropa barata -que es un concepto más allá del precio- es quizá una locura pero precisamente es en lo exclusivo -no necesariamente caro sino lo no evidente– en donde se abren los filones.

Víctor contaba el otro día en su facebook la estupenda mañana que había pasado curioseando discos de jazz en una pequeña tienda de Valencia. Israel no ha conseguido encontrar en ninguna gran superficie el último de Anna Calvi que acaba de salir. Las experiencias del día a día nos enseñan todo. Si no encuentras lo que buscas, ves a otro sitio. Si disfrutas del placer de un buen tendero, ves a él a comprarle. No hay misterio, para que el pequeño comercio sobreviva, y destacando que precisamente ahora y por paradójico que resulte es cuando más sentido tiene su existencia, lo único que hay que hacer es apreciarlo, contagiarlo, practicarlo, visitarlo.

No se pueden poner puertas al campo, las grandes superficies cumplen su función, no queremos que cierren, no vamos a entrar en esa polémica absurda, pero en paralelo tampoco queremos llevar el mismo vestido que medio país, ni comprar libros al peso, ni comer tomates que saben a plástico o naranjas supuestamente valencianas que vienen de Sudáfrica. Selección, especialización y atrevimiento, para todo. ¿O no?

Existen lugares alucinantes

A Xàbia hemos ido todos. O casi. Algunos conocerán más esta localidad de la comarca de la Marina como Jávea, en un tono como aspirado y desganado, de impronta pija. Todos sabéis a lo que me refiero: Jávea, o sea. Pero la mayoría, como yo, no habrán ido más allá de sus playas y de su paseo. Por suerte, una amiga arquitecta que es curiosa y es inquieta me ha mostrado hallazgos impresionantes en varios puntos de la zona: Calpe, Moraira, Jávea… Y con lo que me gusta el mar si ahora pienso en esos lugares ya no me vienen tanto a la cabeza sus playas bonitas sino una serie de construcciones demasiado increíbles para ser verdad.

Entre ellos, unos cuantos edificios de viviendas que Ricardo Bofill, el padre, claro, hizo en Calpe parroquia_javeaalrededor de los 70, de nombres tan llamativos como su fisonomía: La muralla roja, Xanadú, el Anfiteatro, Plexus. O ese auditorio inmenso y precioso, de hormigón, cristal y fachada azul, en Teulada. Por no hablar de la alucinante Parroquia del Mar en el puerto de Xàbia, escondida entre las callejuelas, pero sobresaliendo inevitable con sus columnas curvadas que asoman como si fueran los brazos de una nave nodriza a punto de despegar. Y es una parroquia, señores, ni siquiera llega a catedral, aunque su diseño resulte tan impresionante.

El síndrome de Stendhal me remite más a la saturación por belleza muy pura, muy perfecta, controlada, hasta aburrida, así que para este día de excursión no puedo usar esa expresión, porque aquí lo que hubo es deslumbramiento y sonrisa tonta de no creer lo que se está viendo, lo que hay en la Comunitat Valenciana que es una maravilla y que ni siquiera conocemos. Sin ser experta disfruté como una niña que abre los ojos por primera vez a un paisaje nuevo, sin serlo. No voy a describirlos, ni explicarlos, solamente digo que vale mucho la pena la visita. Es fácil, hay indicaciones, sólo es tomarse la molestia de cambiar el paso automático que nos lleva siempre a lo familiar, a lo seguro, obviando todo un abanico de posibilidades. Si te cierras quizá te proteges de algún imprevisto negativo pero sin duda te pierdes el inmenso positivo. Como leía justamente el domingo en este artículo de Jesús Terrés, no nos interesan las agencias de viajes ni los hoteles “con encanto”.

Y con esa determinación pienso continuar cada maldito día de mi vida, aunque no todos me pueda escapar con mis amigos de exploración, o compartirlo con quien más quiero. Darse alegrías cualquier día, arturherasregalarse un pan de semillas o un croissant del horno Migas (en Av. de Francia 22), que he descubierto gracias a Laura, hacendosa artesana de pan y dulces que me lo recomendó con entusiasmo. Ver la exposición de Artur Heras de la Fundación Chirivella Soriano, ir a la Peseta a por un pincho de tortilla y una buena caña fresquita, y así aprovechar para ver lo que hacen los de Proyecto Matraz en sus jornadas Los futuros del Marítimo. Quieta no me pienso quedar.

Una ciudad llena de posibilidades

Hacer de un domingo cualquiera un día especial es una meta importante. Importa desde el mismo momento en que eliges estrenar ese vestido sencillo pero bonito que te has comprado en la nueva temporada de Monki, la tienda acogedora de la calle Calatrava con dueña también acogedora que además es ilustradora. Todos los detalles son importantes pero no hace falta trabajarlos con énfasis, sino simplemente proponerse un domingo fresco, nuevo. Levantarse pronto, caminar por la ciudad despejada y probar nuevos sitios, como Los Madriles, local histórico de la avenida Regne de València ahora remozado con el añadido de ‘Nueva Taberna’ pero manteniendo el buen hacer del que había oído hablar. Allí el vermut sabe muy rico, entre una clientela variada, de muy mayores a muy jóvenes y en la vía más emblemática del Ensanche. Son terrazas apetecibles más aún desde que Ruzafa está todo levantado y resulta un poco repetitivo. Lo hablo con muchos amigos, hay que descubrir nuevos lugares donde cenar cualquier cosa no te salga por 15 € de la manera más absurda.

El cocido de Los Madriles

El cocido de Los Madriles

Después del vermut, tan delicioso, sin preverlo vino la tentación del cocido madrileño, que tradicionalmente hacían los miércoles y que ahora por lo que se ve, se ha liberalizado, como todo. No lo había probado nunca aunque finalmente es como el cocido de Navidad que he adorado toda la vida. El camarero nos previno de su contundencia pero tampoco fue para tanto, la ración es estupenda, sin prisa se finiquita maravillosamente, y aún queda hueco para alguno de los postres caseros (glups).

Y una cosa lleva a la otra, claro, a un largo paseo por el río, el mayor emblema de la ciudad, como bien recoge aquí Vicente Molins para la revista Jot Down. Se puede recorrer de muchas maneras y cada uno tiene su tramo favorito. Como en ese artículo yo también pienso que la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Santiago Calatrava resulta un pegote marciano y vacuo, sin embargo ya empiezo a tomar en consideración lo que me dicen varios amigos llegados de fuera, que con gusto y criterio lo celebran como un conjunto peculiar y atractivo.

Para lugares con encanto, el Botánico -oasis de paz-, llegar hasta él y recorrerlo de otro modo. Hay días inspirados y bien acompañados para mirar tu propia ciudad con otros ojos, benevolentes e ilusionados, aunque aún así la vena exigente surge y te preguntas ¿por qué no una terracita sencilla, nada, seis mesas, cerca de los invernaderos? Sería fuente de ingresos y un bonito lugar para tomar un café, para escuchar los conciertos de jazz que se organizan… Por estas tierras a veces falta imaginación para el negocio. Algo aperitiverque no les falta a los chicos de Verlanga, como pudimos ver en su presentación en el PechaKucha de la semana pasada. Estesábado empieza su ciclo Aperitiver en el Tulsa, y también la terraza pop de Rambleta anda ya en marcha. El Russafa Escènica ha vuelto a ser un éxito, y esta semana se inaugura una de las exposiciones de la temporada, la de El Roto en la sala Martínez Guericabeitia de la UV. Sus viñetas son la mejor crónica social de nuestro país, no ahora en plena crisis, demasiado evidente, sino desde hace muchos años, como visionario de la España negra. Hay días que lo ves claro, sí, Valencia está viva, ¡Viva!

 

Gente que hace cosas

Septiembre es quizá el mes visagra por antonomasia. Todavía es verano, y lo estamos disfrutando con estos días calurosos y luminosos clásicamente mediterráneos, pero con la vuelta al cole todos tenemos la voluntad firme de mejorar, de iniciar nuevos proyectos, de acabar lo que tenemos pendiente, de ser serios y constantes. La vida en la ciudad no deja de moverse con nosotros aunque a veces el contexto y las instituciones públicas lo pongan todo muy difícil. Este año por primera vez en medio siglo no se celebra la Feria del Mueble, últimamente denominada Feria Hábitat, con todo lo que reportaba. No hay flexibilidad para tiempos en que las empresas del sector viven asfixiadas. Veremos lo que ocurre en este nuevo curso. Esta semana han venido a la ciudad a entregar los Premios Nacionales de Diseño, con el valenciano Nacho Lavernia como cabecilla y diciendo cosas tan sensatas como las que se leen en esta entrevista.

Lo mejor que tenemos es la iniciativa y la chispa de muchos para no quedarse de brazos cruzados esperando a que sucedan los cambios. Culos inquietos son bienvenidos. Esta semana empieza la tercera edición de Russafa Escènica (del 20 al 29) y su lema es la felicidad; así van, provocando. Este festival tira de imaginación para continuar adelante y aparte de los patrocinadores que consigue recurre a la esponsorización y el apadrinamiento, fórmulas muy de actualidad. Las veinticinco propuestas que se exhiben en esta ocasión se han clasificado en Viveros (los espectáculos de formato pequeño y para pequeñas audiencias), Bosques (de formato medio) e Invernadero, con el montaje grande Troya. La conquista de la felicidad, dirigido por Chema Cardeña. Todos los días el barrio de Ruzafa va a estar tomado por teatreros con ganas de contar cosas.

alas espacio creativo

alas espacio creativo

Con la fórmula de la autofinanciación también busca la opción de publicarse en bonito el libro La línea de l’horitzó, del aventurero Josep Aparicio, una novela ya escrita que fue finalista del Premi la Vall d’Albaida de literatura erótica en 2012. Aquí se puede contribuir al verkami con el que financiar la edición  con ilustraciones del también valenciano Ricar González. De libros y de outsiders va también lo que hace Alas Espacio Creativo, bordeando el río y frente a las Torres de Serrano (calle Guadalaviar, 9). Somos muchos los fans de este particular lugar y hablaré de él las veces que haga falta. Aquí organizan talleres creativos en torno a la ilustración y la fotografía para mayores y pequeños, uno de ellos este mismo sábado por la mañana, que bajo el título de ¿Alguien ha visto al Señor Larsen? enseñará a niños de 5 a 12 años qué es un ilustrador, cómo se hace un libro y qué es un bestiario. Precioso, ¿verdad?

Otros que han empezado el curso con el culo inquieto son los de la revista Verlanga que pronto debutan como organizadores de eventos con Aperitiver en Tulsa Café. Un ciclo de conciertos acústicos los sábados por la tarde (a las 8) que empieza el próximo fin de semana (sábado 28) con Julio Bustamante. Y este mismo jueves participan con un montón de intrépidos en una nueva edición del Pecha Kucha a la valenciana, un formato exportado que sirve para dar a conocer proyectos de mentes inquietas que tienen 6 minutos y 40 segundos, y 20 imágenes a exhibir, para contar su historia. Me gusta mucho como pinta el curso 2013-2014. Que el ritmo no pare.

En modo septiembre

No considero que acabe el verano ni que empiece realmente septiembre hasta que el chiringuito Oli-Ba-Ba echa el cierre. Es lo que ha ocurrido este fin de semana y a estas horas probablemente ya esté todo desmontado. Lo bueno de que se anunciaran lluvias es que por esta vez ha sido una fiesta final mucho menos multitudinaria que otros años. Salió el sol, hacía una temperatura perfecta, estábamos casi en familia, y pudimos disfrutar relajadamente de los últimos bailes y unas danzas rapa-nui venidas directamente de Chile. Cada temporada es diferente, y ése es el buen sabor que nos da la vida, nunca nada responde a guiones, los acontecimientos en cada plano se dan de manera natural, y lo que esperabas se repitiera no es, unos llegan y otros apenas están, y hay nuevas canciones por descubrir, nuevas caras, giros imprevistos, y todo es bienvenido. Mirar el pasado como algo redondo, hecho y perfecto que se añora es algo demasiado aburrido y asfixiante. Estamos aquí y ahora.

Ya tocaba de verdad la vuelta al cole y como decía aquí la semana pasada, hay ilusión y ganas. Volver a replegarse al hogar, pasar un fin de semana entero en casa, ir al cine, salir por la ciudad…y volver a preguntarse ¿dónde está la famosa marcha valenciana? Porque después de  alucinar con Gandía la nuit esa fama queda ya definitivamente en leyenda urbana. Será el ordenamiento de nuestra alcaldesa, será la crisis, serán las quejas vecinales pero en Valencia ya no existe ni una sola zona de ocio nocturno y quien quiera fiesta ha de hacer peregrinaje con el coche de punta a punta de la ciudad. No es que el modelo de la capital de La Safor sea ideal o envidiable pero está vivo y genera, parece ser, rendimiento. Aquí, te guste la música y el ambiente que te guste no hay muchas opciones para seguir bambando un sábado por la noche más allá de las 3 de la mañana a no ser que decidas entrar en alguna de las discotecas que abren hasta las 7. Un poco de oferta, de alternativas, no vendría mal.

Mostra MIM Sueca 2013

Mostra MIM Sueca 2013

Los que están se mueven, eso sí. Como La3 que esta semana trae a Crystal Fighters en plan DJ previo al día en que actúan como banda en Noise, La Rambleta que prepara una y mil diabluras para el otoño, entre ellas un montón de conciertos apetecibles, la Bicifesta y la inauguración de su terraza pop con actuaciones de músicos valencianos, o el clásico festival de teatro MIM de Sueca, que empieza la semana que viene. Una exposición que no hay que perderse y que está abierta hasta este domingo es la de la fotógrafa Sandra Sasera en La Nau, The unknown, con imágenes de personas anónimas de Nueva York que componen un interesante mosaico con el que fantasear. El MuVIM, siempre muy enfocado al diseño, ha inaugurado también una preciosa muestra con la caligrafía como protagonista. Fetichistas de los cuadernos Rubio ahora transformados en curiosos de la tipografía la pueden disfrutar mucho. Y luego hay otros clásicos que gozan de gran popularidad como las ferias de la tapa que proliferan como champiñones. Este fin de semana la cita es en la Marina del Puerto. Yo prefiero las tapas generosas que te ponen sin pedir cuando viajas por Andalucía pero tampoco le haremos ascos a nada.