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Una danza sangrienta

La sombra de Drive es alargada. Hace dos años el director Nicolas Winding Refn nos dejó entumecidos en la butaca -en mi caso ejerció incluso de bálsamo muy reconfortante allende los mares, y aquí lo relataba. Ryan Gosling, Carey Mulligan, cada uno de los secundarios, del primero al último, la música de Cliff Martinez, las canciones de Kavinsky y College, los coches impolutos, la estética tan atmosférica y narrativa,…todo, todo en esa película componía un conjunto perfecto que la convirtió en clásico instantáneo. Fascinante, hipnótica y preciosa. Máxima expectación para su siguiente obra, claro. Pero con Sólo Dios perdona el cineasta danés hace un alegato y deja claro que no le van los asientos cómodos y lo de cría fama y échate a dormir.

Hay coincidencias, por supuesto, en equipo técnico y aroma. La más llamativa, su actor principal, ese Gosling que con el estreno de Drive alcanzó el status de estrella, con calidad interpretativa, buen ojo seleccionando proyectos y mucha actitud. Pero es que aquí ni siquiera se le puede considerar protagonista, es una parte más del reparto, aunque destaca por muy parco que sea, y con su silencio nos lleva por los recovecos más terribles de la venganza y el rencor que quiere relatar Winding Refn. Si creemos que Drive tenía momentos de extrema violencia -recuerda esa escalofriante escena en el ascensor-, comparada con Only god forgives se queda en juego de niños. Cierto es que toda su filmografía (Valhalla rising o Bronson, por ejemplo) tiene eso como nexo de unión.

You wanna see something

You wanna see something?

Aún así, aquí da un paso más en todo lo que apuntaba en su predecesora, tanto en lo sanguinario como en la estética, cuidada hasta el paroxismo, con un nivel de depuración y de fineza que impresionan. Los noventa minutos de metraje son una coreografía con apenas diálogo entre personajes desconectados y guiados por la rabia y los bajos instintos, con otra espectacular partitura de Martinez de fondo. Y no hay concesiones al terreno conocido, a la ternura que emanaba el conductor y la relación con su jefe en el taller mecánico o con la madre y el hijo de la puerta de al lado.

En Only God forgives Winding Refn nos muestra lo más oscuro de Bangkok y  cuenta la historia de una madre (Kristin Scott Thomas, recargada y hortera como nunca) que viaja hasta Tailandia para exigir venganza por la muerte de su hijo menor. Ese es el núcleo del argumento y alrededor contemplamos el baile entre un liquidador inexpresivo y omnipresente (el desconocido Vithaya Pansringram), que igual que se arranca a cantar una balada, saca la espada y corta brazos o cabezas, y el hijo que debe consumar la venganza (Gosling), no muy interesado en la tarea, deambulando con ese flow único, por clubes nocturnos en tonos rojos y dorados que recuerdan mucho al cine de David Lynch. En su toque maestro al utilizar los cuerpos como elementos en sí mismos del relato, bellos y deseables pese a los excesos, también remite al trabajo de Steve McQueen en Hunger y Shame.

only-god-forgives-still-8Pero como decía la señora Leño de Twin Peaks, las lechuzas no son lo que parecen, y en esta película lo de menos es la llamativa brutalidad, como un alucinado viaje, que de tan estilizada te mantiene a distancia, y lo de más es la enfermiza relación de fondo entre la madre y el hijo, con reminiscencias del mito de Edipo. Pero Winding Refn ni se toma la molestia de explicarlo demasiado, no tiene interés en enfatizarlo. Y eso me gusta mucho, es un apunte, una nota, al modo en que funciona el cerebro, el inconsciente, yendo y viniendo, bañándolo todo, más allá de lo evidente.

El héroe perdido

Ninguno como el cine norteamericano para retratar personajes perdidos, desarraigados, sin rumbo, o con su propio rumbo, uno muy particular y libre, deambulante. A veces no son directores propios, me viene a la cabeza una película que es tótem de este género, como Paris, Texas, del alemán Wim Wenders. Su geografía lo permite y aunque es un país joven su propia mitología es precisamente ésa, la del llanero solitario, que abre caminos. Las carreteras inmensas, los moteles, los diners abiertos 24 horas, los paisajes bellos y solitarios, la facilidad para desaparecer y reinventarse en el sentido más amplio y literal de la palabra. Edward Hopper, Patricia Highsmith, Cormac McCarthy, los Coen, Hitchcock, Carver,…los nombres que surgen a bote pronto son infinitos y apasionantes. Y en este contexto se sitúa The place beyond the pines -me niego a nombrarla como Cruce de caminos, el título elegido por la distribuidora española, que podría ser el de cualquier telefilm chusco de sobremesa.

The-Place-Beyond-the-Pines-2Todo ese imaginario es el que me invadía mientras veía la película que es ciertamente demasiado larga e irregular, y no goza ni mucho menos de la maestría de ninguno de los referentes señalados antes, pero a esa atmósfera nos remite y ese es su poder de fascinación. Su director Derek Cianfrance, el mismo de Blue Valentine, tiene querencia por las relaciones difíciles y sabe contarlas. The place beyond the pines (algo así como El lugar más allá de los pinos) cuenta dos historias enlazadas, la primera la de un piloto de motos que se gana la vida con espectáculos extremos en ferias ambulantes y la segunda, la de un policía de pueblo con aspiraciones. La parte interesante, potente, con cuerpo, es claramente la primera. En una de paradas está una chica (Eva Mendes) que le da buenos motivos al piloto (Ryan Gosling) para quedarse, y cómo gestionar ese intento o ilusión de vida normal es el punto de conflicto.

Gosling con su gran creación en Drive se ha especializado en este tipo de héroes solitarios, sensible en toda su dureza, humano y con buenas intenciones, en busca de contacto, en busca de un lugar. Aquí no es tan pulcro y meticuloso como en la de Winding Refn, pero mantiene intacto su magnetismo y su fuerza traspasa la pantalla. En esta parte de la película Eva Mendes y Ben Mendelsohn como su genial compinche, le aguantan el nivel, y retratan perfectamente a unos personajes al borde de la marginalidad tan propios de la América real. Es cuando el film se desdobla para contar el relato de un policía gris y simple que el interés decae estrepitosamente, quizá también porque se evidencia el contraste de carisma entre Gosling y Bradley Cooper. Conforme se encamina hacia el final el ritmo mejora, con el enfrentamiento de esos dos adolescentes antitéticos condenados a encontrarse, pero antes las peleas entre policías corruptos aburren demasiado por mucho que sea Ray Liotta el cabecilla. Aún así The place beyond the pines tiene un ambiente crepuscular por el que interesa darse una vuelta.

 

Hambre de cine

Ha sido un verano duro para Id al cine malditos. Durante semanas se han sucedido los estrenos tristes y aunque me proponía seguir sacando reseñas la verdad es que El llanero solitario con un cada vez más insulso Johnny Depp o Lobezno inmortal resultaban muy disuasorias. Podría haber hablado de Star Trek: En la oscuridad, de Expediente Warren, o de Elysium, pero realmente daban para pocas líneas y no me gusta ser una espectadora refunfuñona.

Siempre acabamos hablando de la crisis del cine, de que en España la taquilla es un desastre, de que el pirateo es el rey y precisamente el gran Forges hace unos días hizo referencia a esto en su viñeta de El País. Nos lamentaremos de su cierre cuando ya sea demasiado tarde. Por suerte aún quedan reductos; este verano el cinestudio D’Or, clásico donde los haya, ha tenido gran afluencia, con sus precios imbatibles para ver dos películas recientes. Yo me propongo compensar en los próximos meses. A muchos nos gusta septiembre también porque para el cine es comienzo de temporada interesante. Es época de festivales, primero el de Venecia y luego el de San Sebastián, a lo lejos se preparara también el de Sitges, y con ellos vienen los mejores estrenos.

Este mismo viernes llega The place beyond the pines con Ryan Gosling y Eva Mendes (pasemos por alto el lamentable Cruce de caminos que la distribuidora ha elegido como título), tenemos Mud, con Matthew McConaughey, y ojalá algún cine consiga traer The act of killing, bizarro documental que muchos críticos señalan como película del año. En las semanas que vienen nos esperan Gravity, el thriller espacial con Sandra Bullock y George Clooney que ha fascinado en Venecia, El mayordomo, con Forrest Whitaker y Oprah Winfrey, The blig ring, de Sofia Coppola, La espuma de los días, Michel Gondry adaptando a Boris Vian, La vida de Adéle, triunfadora en Cannes, El consejero, de Ridley Scott y con reparto de lujo, y La gran familia española, de Daniel Sánchez Arévalo, de la que cuentan maravillas. Así que podemos acomodarnos e ir abriendo boca, ¿no?

Cine

Los Globos de Oro más cerca que nunca

Bueno, lo de “de cerca” es una manera de hablar. No estaba pimplando con los actores en la sala pero por primera vez en mi vida, y van muchas galas a mis espaldas, la he visto en el mismo huso horario, sin sufrimientos (con gusto), sin tener que ir a trabajar o a clase (años ha) con ojeras y la euforia que traía el trasnochar.

Twitter lo hace diferente
Este año me he desternillado de risa con @gastronfo y todo lo que iba leyendo en twitter. Muy divertidos han sido también: @Yonomeaburro, @thelinster, @JulietteLewis y @gbelinchon.
Conclusión: Con twitter aún más diversión pero también más estrés.

Ricky bluff
El presentador Ricky Gervais había prometido tuitear desde el backstage al estilo James Franco en los Oscars el año pasado pero nada de nada. Todos están de acuerdo en que ha sido una actuación decepcionante la suya. Personaje desinflado de repente y ya no más #RickyGervaisForPresident.
Lo mejor de su actuación ha sido el monólogo inicial, a partir de ahí ha desaparecido, literalmente. Leer más…

Flechazo en la sala oscura

Hay veces que te enamoras y pasa así, de golpe, no hay técnicas ni ensayos ni expectativas previas, sucede porque sí, primero la chispa y todo lo que viene después, que te enciende y te hace, para empezar, sonreír. En ocasiones eso te puede ocurrir con una película. A mí me ha pasado recientemente con Drive del director danés Nicolas Winding Refn, al que no tenía el gusto de conocer.  Leer más…