Todas las entradas etiquetadas como

El aliento de un niño

A veces ocurren los milagros. Y Boyhood es uno de los pocos verdaderos que yo he experimentado en una sala de cine. El cine puede ser un delicioso juguete de puro entretenimiento pero también puede alcanzar cotas trascendentales cuando se propone ahondar en la esencia del ser humano, explicarlo, reflejarlo, con la veracidad y el ingenio de las grandes obras de arte. Y éste es el caso. Boyhood que hace un relato nada enfático sino sutil y como -la-vida-misma de los doces años, desde los 6 a los 17, en la vida un niño cualquiera de una ciudad gris y suburbial de Estados Unidos. Mención especial para su banda sonora, reflejo de los distintos tiempos del recorrido.

Ese Mason, interpretado tan bien por Ellar Coltrane, que vemos crecer ante nuestros ojos, podría ser cualquier pequeño del mundo occidental, con pequeñas variaciones culturales autóctonas. Y atención, que hablo de milagros y trascendencia por su calado, pero se trata de una película nada efectista ni rimbombante, sin énfasis en las transiciones que remarquen el paso de los años ni explicaciones innecesarias. Eso le da tanta frescura que pese a lo largo de su metraje -dos horas y media- una no desea más que seguir sabiendo de la vida de Mason, y todos los personajes que le rodean en ese momento tan decisivo que es el salir de casa e iniciar camino por su cuenta.

En Boyhood Richard Linklater demuestra que cine y vida pueden ser lo mismo, algo con lo que ya había experimentado en la trilogía de Jesse y Céline (Antes del amanecer, Antes del atardecer y Antes del anochecer). Como en aquellas, también tenemos a Ethan Hawke, en el papel de padre inmaduro que va creciendo en la pantalla, como la madre interpretada por una maravillosa y rescatada en toda regla Patricia Arquette. Ambos encarnan a seres erráticos pero con voluntad, que tratan de salir adelante cometiendo errores, solventándolos y haciendo básicamente lo que pueden. Con ellos todas las pequeñas historias tan humanas que componen Boyhood, con sus imperfecciones y miserias, el desgaste en la edad adulta, el alumbramiento de los primeros pasos.

La esencia de la película es captar precisamente esa cotidianidad de la existencia, que en realidad se engrandece con la perspectiva del paso del tiempo. Ahí está la poesía, como en esta cita de Lou Andreas-Salomé: “La vida humana -qué digo, la vida en general- es poesía. Sin darnos cuenta la vivimos, día a día, trozo a trozo. Pero, en su inviolable totalidad, es ella la que nos vive, la que nos inventa. Lejos, muy lejos de la vieja frase “hacer de la vida una obra de arte”; no somos nuestra obra de arte.” Justo eso.

La vida después de la pasión

Antes del anochecer era uno de los estrenos más esperados de la temporada, tras numerosos rumores ya que se rodó prácticamente en secreto y se presentó con gran éxito en la última Berlinale. La tercera entrega de una saga romántica indie que comenzó en 1995 con Antes del amanecer y continuó en 2004 con Antes del atardecer. Celine y Jesse se conocieron con veintipocos años en Viena mientras hacían el Interrail como mochileros. Continuaron su reencuentro en París, el uno ya casado y con realidades que aunque ellos se resistían les separaban. Ahora aquí los vemos de vacaciones en familia en la bella Grecia post-crack. No es casualidad el entorno de fondo en que se enmarca la historia que parecía condenada al eterno baile de amor imposible, idealizado y ansiado. Aquí entra de lleno la cruda realidad y el resultado es prodigioso.

El trío creativo que forman el director, Richard Linklater, con los dos actores, Julie Delpy y Ethan Hawke -que desde la segunda película se incluyen de hecho en los créditos como guionistas-, se encuentra en plena forma. Se nota que son trabajos especiales, una criatura que miman, que respetan en sí misma, y el resultado lo dice todo. Todas las críticas la ponen por las nubes y la señalan como una de las mejores del año. Y es que es puro cine adulto, elaborado, donde nada sobra y nada falta, y las interpretaciones alcanzan cotas de perfección, especialmente en el caso de Hawke en el que se aprecia un enorme salto cualitativo (su rostro desencajado al final de la escena en el hotel es de antología). Los espectaculares planos secuencia están tan bien hechos que te hacen sentir que retratan sus vidas justo tal y como son, aunque leyendo sobre ello te enteres de que todo es fruto de muchísimo ensayo y estudio, guión entre todos, improvisación muy trabajada. No hay nada tan difícil como mostrar la vida sin artificios y ellos lo consiguen de calle.

En Before midnight la sorpresa es que -insospechadamente- Jesse y Celine decidieron hace ocho años seguir adelante con su relación, llevarla a un plano real, con todas las complicaciones que eso suponía. Él estaba casado y con un hijo y ahora vemos la resaca de su separación, y todo lo demás que ha ido ocurriendo en sus vidas (principalmente tener un par de gemelas) desde el encuentro en París, ciudad en la que, por cierto, viven. Hay quien me ha dicho que la encontraba larga, aunque apenas dure una hora y cuarenta minutos. A mí particularmente se me hizo corta, hubiera querido seguir sabiendo de qué hablaban en esa terraza y qué iban a hacer con sus vidas. Más que larga, llega un punto en que el film se hace palpablemente incómodo, porque ya no se centra en la luz y las ganas de vivir de sus personajes (todos, porque en éste hay escenas corales muy valiosas) sino en la amargura de una relación, y lo hace de forma tan auténtica que es inevitable no removerse. En la sesión de noche en que yo la vi no dejé de escuchar risas, aunque estoy convencida que eran más bien las típicas risas nerviosas ante la impudicia de los diálogos.before-midnight

Aquí vemos lo que viene después de la pasión, lo que es una pareja de carne y hueso, el verdadero amor que se revela después del enamoramiento, las penas y la complicidad, los reproches, el respecto y la falta de, su rutina, a veces calmada, alterada, feliz, aburrida. Esos momentos de crisis en que nos preguntamos el sentido de continuar, si somos capaces de vivir el amor en toda su extensión, y no por la comodidad de la cama caliente sino por el inmenso tesoro que es compartir la vida, multiplicarla junto a la persona amada. No vale funcionar como autómatas, es habitar ese amor, y esa cotidianidad y aún en los desencuentros entender, respirar, dar espacio y tener voluntad de seguir amando, de seguir creciendo junto a esa persona, aprendiendo de ella y de uno mismo.

Como tantas cosas en esta vida, la dinámica de pareja es algo que se da por presupuesto, y no. Se puede estar ahí de muchas formas, a medio gas o al 100%. Nadie dijo que fuera fácil, requiere coraje, esfuerzo, ganas y, como dice un personaje del film, antes de amar al otro hay que amar sobre todo, mucho, la vida y saber llevarse en singular. Todo eso lo tienen ellos y nos lo hacen llegar. It is not perfect, but it is real, reclama Jesse en la escena final. Y vislumbramos un cierre tranquilo para una noche de pelea sentimental, pero desconocemos el camino que los personajes van a tomar. Nada es seguro. No existen guiones para nuestra vida.