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Awesome

Elegir películas para ir al cine con mis sobrinos es a veces una tarea ardua. Hay que adaptarse a diferentes edades y nuestro gusto tiene un mínimo que nos impide ver algunos productos que idiotizan al público infantil, pero a la vez se trata de pasar un buen rato, ligero y despreocupado. A veces no queda más remedio que sufrir las tres horas de Avatar, en mareante 3D, y otras te maravillas con pelis que trascienden el mero entretenimiento como la saga Toy Story, Monsters, o en este caso, La LEGO Película, un derroche de imaginación narrativa y despliegue visual que jamás hubiera esperado con estos muñecos amarillos. Cuando ocurre que una película en principio infantil se revela como una obra mayor, y yo alucino en el cine y se encienden las luces y sigo alucinada, mis sobrinos me miran con cara desconcertada, entre la curiosidad y la burla.

Y es curioso porque una vez superada la duda inicial de lo que podrían contar y la apariencia que tendría con los limitados movimientos encajonados que -como los Clicks de Playmobil- tienen los muñecos Lego, lo que consiguen los directores y guionistas Phil Lord y Chris Miller, es una fiesta a ritmo de stop-motion que supone un hito en el desarrollo del storytelling, una de mis especialidades profesionales. El storytelling es, a modo de ejemplo asequible, lo que hacía Popeye a principios del siglo XX: contar historias con el fondo de una marca de referencia (espinacas o juguetes) pero que solo sirve de excusa, de escenario. Es una de las tendencias más fuertes ahora mismo en el marketing de contenidos, promocionar un producto de un modo diferente, con imaginación, con historias, y lejos del desgastado y estéril autobombo publicitario.

En La LEGO Película nos encontramos con Emmet, un trabajador de la construcción dentro del mundo LEGO que hace gala de su carácter gris, gregario, dentro del sistema, y se mantiene siempre positivo frente a cualquier inconveniente; para él todo es ‘awesome’, estupendo, impresionante. Por avatares del destino Emmet es confundido con “el elegido”, el LEGO extraordinario que tendrá que salvar al mundo de su destrucción, y en una huida hacia delante, se junta con una variopinta tropa de personajes que le ayudan en su misión. Desde Gandalf a Batman, pasando por Green Lantern, Vitruvius, las tortugas Ninja, Wonder Woman o Shaq, todos son muñecos LEGO con carácter propio pero la película juega a desmitificar el arquetipo por el que son conocidos hasta llegar a una vuelta de tuerca final (y genial) que mezcla animación con imagen real y actores. La aventura no es poca, la odisea del hombre corriente que se ve enfrentado a un reto descomunal y por el camino descubre su insustituible valor tras superar el conflicto con lo normal y lo establecido. ¿Acaso no todos los seres humanos tenemos que hacer ese recorrido?

La animación que no tiene fin

No vamos ahora a descubrir las maravillas de la factoría Pixar y su ristra de obras maestras: la saga Toy Story, Wall-E, Up, Monsters S.A. y ahora, ésta, su precuela, Monsters University. Son las películas que han hecho grande la casa, que seduce no solo al público infantil sino más aún incluso al adulto, que pierde vergüenzas en disfrutar una cinta de dibujos animados. Aquí la que esto escribe no le gustaba la animación ni siendo una niña pero con estos títulos caí rendida a la ternura infinita de Woody, Buzz, el señor Fredricksen, Boo, …Sulli y Mike. Y aquí vuelven a la carga, ahora con sus andanzas universitarias, el momento en que se conocieron e hicieron amigos, para acabar siendo un tándem perfecto de ‘asustadores’.

Nada que objetar a Montsers University. Nivel máximo en todos los aspectos: arte (ellos han inventado esto), chispa, dinamismo, gracia en la historia y carisma de sus personajes. Lástima no haber visto la versión original, con las voces de Billy Cristal y John Goodman en lugar de José Mota y Santiago Segura, que tampoco lo hacen mal pero. Todo el concepto de la película, que ya estaba en la anterior, es muy genial. La necesidad de que existan profesionales del susto como fuente de energía y desarrollo para los niños. En un mundo a veces tan quirúrgico que se pretende proteger a la infancia hasta límites absurdos aquí hay una reivindicación del miedo como herramienta fundamental para todo ser humano. El miedo nos define y con él en la mochila nos desarrollamos en la vida. A un niño, también, hay que hacerle ver lo malo o lo peligroso del mundo, no se puede vivir evadido de la realidad en una burbuja protectora porque entonces los instintos más básicos no se desarrollan. El grito es energía, y, en esta saga lo vemos, es muy apreciado.

En Monsters University vemos como Mike y Sulli, ese dúo tan cómico como efectivo, llegan a ser quién son. Y claro, el pulso del relato está en que no es tarea fácil y los dos tienen que luchar contra prejuicios y expectativas, propios y ajenos. Que levante la mano el que no se reconozca. Me gusta especialmente (a parte de la escena de baile que se marca Squishy con Sulli) ver ese recorrido personal, los ensayos prueba-error, la formación muy poco a poco de un insospechado equipo ganador a base de perdedores, y cómo cada uno de esos entrañables personajes va encontrando su sitio. No quiero desvelar el final pero la lectura es que no hay guión escrito en esta vida, y que la enseñanza superior no siempre te lleva adonde pretendes. No puede estar más vigente. Me ha quedado una crítica muy de perfil psicológico-analítico para ser una película de dibujos animados, ¿verdad? Es que lo grandioso de estos chicos es que son mucho más de lo que parecen.