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El día va creciendo

En el Id al cine malditos del viernes pasado decía la mía sobre A propósito de Llewyn Davis, una película de los hermanos Coen (nunca con h, por favor) que cuenta la historia de un músico folk de los años sesenta que lucha para salir del malditismo y vivir de sus canciones. No es el caso de Juan Perro, alias de Santiago Auserón, que este viernes actúa en La Rambleta y por fin presenta su último espectáculo tras la absurda y extraña cancelación que sufrió la que estaba prevista en la Feria de Julio. Auserón de maldito tiene poco, aunque, quizá, para las clases gobernantes lo sea porque dice lo que piensa, es inteligente, sagaz e inconformista. Pero bravo por él, que lleva décadas establecido como uno de los referentes del rock español, grandes letras, discos perfectos con su grupo Radio Futura, icono de los 80, y pensamiento crítico de altura. Una cita que no quería dejar de comentar.auseron

La semana anterior los meteorólogos anunciaban tormentas de fin de semana y al final lució el sol, y en lugar de finales de enero parece que estemos entrando ya en la primavera. Y estupendo. Estos días de sol invicto, cielo azul despejado y deliciosa luz mediterránea llenan de energía, aunque sé de un par de amigas que abominan de este calor fuera de temporada y sienten inútiles sus bonitos abrigos. Ana, Eva, quizá deberíais pensar en mudaros a otras latitudes. Aunque quizá ni así. Veo con regocijo las imágenes del crudo invierno en Nueva York y recuerdo cuando yo estuve viviendo allí y apenas dos nevadas sin incidentes pude disfrutar. A cambio tenemos atardeceres incendiados que nos inundan Facebook e Instagram.

atardecer incendiadoA mí esta época del año me encanta. Enero, febrero y marzo, se prepara la explosión, la cosecha. Va creciendo el día por la mañana y por la tarde, hay alcachofas, empieza la temporada de fresones, y las flores más bonitas, anémonas y fresias, están en su momento. El otro día incluso llegué a ver en un chino tulipanes; tuve que tocarlos para asegurarme que no eran de plástico. En el mismo flaneo de sábado por la mañana, me paseé con tiempo por el mercado de Ruzafa sin comprar pero observando el jaleo característico y el colorido de los puestos. Es verdad que hay alguna barra -soy especialmente fan de la que Ricard Camarena tiene en el Central-, pero es una lástima que nuestros preciosos mercados no exploten esa salida comercial para otro tipo de locales, cuidados y con sello propio, para el disfrute del entorno no sólo como comprador sino como goloso visitante sin prisa que se arrima a una barra y se emborracha con todos los sentidos. Es cuestión de tiempo, seguro. Mientras, esta columna va a empezar a tener cambios, innovaciones. La buena vida necesita un ejercicio de refresco. Manténgase conectados.

La vista desde las afueras

Para una urbanita como yo plantearse vivir fuera de la ciudad no era lo más obvio pero razones prácticas me llevaron a ello y ahora, cuando va a hacer un año del cambio, no puedo estar más contenta, aunque eso me obligue a hacer a veces algunos malabarismos. Cuando bajo a Valencia tengo que organizar al máximo cada minuto para meter todas las citas, gestiones, recados pendientes, y amigos en el mismo día, y como tengo una política bastante inamovible respecto al no uso de parkings, el más difícil todavía es manejarse con el coche de manera sensata y no ruinosa.

En la balanza positiva, muchas cosas: vida tranquila, sin ruido, sin tráfico, sin vecino sociópata,… y que aunque sea mínima, la distancia me proporciona una perspectiva desde fuera, de visitante, con un punto fresco. Ahora ya no votaré en las próximas elecciones municipales, con lo interesantes que estarán, pero veo las sombras de la ciudad que gobierna Rita sin sufrirlas tanto y también valoro muchísimo sus encantos, voy, cojo lo bueno y me retiro a mi refugio. El artículo que la semana pasada publicaba Jesús Terrés en GQ ha corrido como la pólvora por mi entorno en redes sociales; a todos nos encanta su visión entre apasionada y cínica de las razones por las que mola tanto Valencia. A veces seremos un desastre pero tontos tampoco, y sabemos ver nuestras contradicciones y miserias, sin que se nos amargue tampoco el gozo. La paella, siempre -que los tópicos existen por algo-, el pertinaz buen tiempo -aunque este año hayamos pasado de la camiseta al abrigo de invierno tan de repente-, el espíritu pirata y alegre siempre de fondo, y tantos locales ricos para manducar, para alternar, para hacer vida en la calle.

guardianEste fin de semana también apareció Valencia como sitio de referencia en un artículo de viajes en el periódico británico The Guardian -ese tótem del diseño y del contenido-. Una periodista ha sacado oro de una visita de 48 horas a la ciudad y lo cuenta con detalle. Es interesante leerlo para captar la visión que ofrecemos a los de fuera, y comprobar que el encanto está tanto en la historia, los lugares icónicos, y los pequeños comercios. Esos pequeños rincones que la revista Verlanga se ha propuesto recoger en una nueva sección y qué bien. Aún hay tantos, y en días de esos de gestiones entre semana que vas con prisa pero también recorres calles no evidentes, me sigo tropezando con algunos de siempre, que permanecen tan dignos frente al desastre, y otros nuevos que siguen abriendo, valientes sin saber adónde irán a parar. Entre los semi-nuevos, porque lleva ya unos años, está Punt de Sabor, una tienda de la que soy fan. Nadie imaginaba que un local tan feo como el antiguo Ghetto se iba a transformar en esa tienda abierta, despejada, moderna y con productos frescos ofrecidos directamente de nuestros agricultores sin intermediarios. Cuidan el detalle y consiguen clientes fieles. ¿Cómo no serlo en temporada de naranjas y clementinas?

 

[Foto de Punt de Sabor: Diario Design]

Los regalos de Ana

La semana ha estado convulsa con el despropósito del cierre de RTVV, noticias de última hora, declaraciones chanantes de Fabra, reacciones masivas en contra, manifestación multitudinaria y rumores sobre el porvenir. En momentos así, disculpen, a mí sale la vena autista, muero por saturación de tweets y por esa tendencia tan española de todos opinando a fondo, ‘amb molt de seny‘ (algo así como con sentido, con sensatez, pero aquí, ojo, es irónico) de todo, juicios morales incluidos. Tengo ideas al respecto, la noticia en sí misma es mala, pero en casi nada existe el blanco o negro, la escena es compleja, muchos actores, muchos culpables, muchas actitudes cuestionables. Yo os leo y os escucho pero, por una vez, callo.

Mi amiga Ana tiene dos pasiones, la comida y la música. Es una suerte porque sus allegados, de una manera u otra, acabamos disfrutando por extensión de ellas. Como cocinera te puede agasajar con uno de sus platos estrellas, las papas rellenas, influencia de su rouseascendencia peruana, y como sibarita te recomienda lugares de los que hay que tomar nota (esa lista que también amplío cuando hablo con Bego), y tiene especial valor porque en sus comidas nunca hay alcohol (ups) ni por tanto, confusión. En cuanto a la música suele tener la agenda de conciertos -y festivales- tan repleta que siempre hay ocasión de dejarse caer por alguno de ellos para acompañarla -con muchísimo gusto- ya sea a la sala Wah-Wah o la Ciudad Deportiva de Benidorm. Ella sola no da a basto y el viernes pasado, no habiéndose extendido aún la teletransportacion, le cubrí en La Rambleta para ver a Josh Rouse, ese cantautor folk de Nebraska asentado por amor en Valencia. ¿Qué mejor razón para emigrar?

Pero había más, las entradas venían con regalo extra, cena para dos en el restaurante de La Rambleta, el acabóse. Un Noviembre muy vivo es el lema que han elegido para promocionar el centro cultural de la Ronda Sur, que no necesita demasiada promoción porque de hecho parece que es el único que funciona ahora mismo en Valencia. Sale mucho en agendas y columnas, y qué vamos a hacerle, es que todo, o casi todo, pasa ahora mismo entre esas paredes. Sólo esta semana llegan los lienzos de Javier Aramburu -por fin, tan otoñales, tan apropiados- y el jueves toca una banda de culto y de largo recorrido como Spain, pop susurrado spain_rambletacon toque jazz. El domingo pasado por fin disfruté también de la popular Terrassa Pop. Se entiende el llenazo y el ambiente: música en directo, solete del bueno, es normal que mayores, medianos, niños y los del postureo, se pongan de acuerdo. Me gusta cuando voy a un sitio y encuentro de todo. Esta semana habrá que volver y consolarse del disgusto de que Mala Rodríguez haya cancelado su actuación de este sábado en Noise. Ponerle color sea como sea al fin de semana, que hay mucho para descansar y algo que celebrar.

No llego a todo

Escribir una columna como ésta no siempre es sencillo. No es una queja pero hay veces en que la sensación de no dar a basto es palpable y frustrante. Si se trata de escribir de la buena vida, sus placeres, locales apetecibles, lugares de referencia, planes en la ciudad…básicamente hay que salir de casa, y salir si no mucho, bastante. Y noto que no llego a todo. Pero yo no desisto, que yo quiero llegar. Cuando me propongo racionar las visitas por Ruzafa me hablan de un nuevo sitio para cenar enfrente del Ubik. Paseando por el Ensanche me tropiezo con la tipografía tan familiar del Congo (Reino de Valencia 51), que resulta que ha abierto un nuevo local, Congo Jazz en Conde Altea 22; las tapas clásicas del original y sobre todo ambiente agradable de copas y música en directo. De vez en cuando es obligatorio hacer incursiones por calles que no sean tan de paso, salirse de la ruta fija para encontrar las novedades. O si no, esta columna se quedará seca, desfasada.

Y eso que hablamos de Valencia, esa ciudad de nuestras entretelas que en tantas ocasiones encontramos carencias. Pero aún así no te la acabas. Bueno, sí, quizá te la puedes acabar si solo te dedicas al dolce fare niente, y no es el caso. Todavía no conocía el MercatBar de Quique Dacosta y aunque tenía referencias dispares la curiosidad se ha visto refrendada con una buenísima experiencia. Un local muy bonito y un servicio agradable en barra para una carta inmensa entre la que resulta difícil elegir. Para ser mi primera vez con el mediático Dacosta la impresión no podía ser mejor, me gusta cuando estoy en un sitio donde cuidan los detalles incluso si son los más sencillos.

Lo dicho, menos mal que no vivo en una gran ciudad porque entonces la frustración sería de tamaño descomunal. Siempre que quedo con Begoña, por ejemplo, que sé que es una buena referencia para bares y restaurantes, hay un momento en que la conversación deriva hacia nuevas recomendaciones y descubrimientos que hace mano a mano con su chico, Fernando. Son de morro fino y todoterreno a la vez, así que me puedo fiar de ellos. Y la nota que tengo permanentemente abierta en el móvil sigue creciendo. Próximamente, nuevas adquisiciones.

Hoy mismo se ha abierto el plazo de reservas para el siguiente Valencia Cuina Oberta (del 8 al 17 de noviembre) y viendo la web compruebo que hay muchos restaurantes que se han ido sumando a la iniciativa -clásicos familiares Mateu en El Palmar y la Pepica en la Malvarrosa-, mientras que se ha incrementado el precio para los que tienen estrellas Michelin, como el Riff o la Sucursal. Conviven locales ignitemuy justitos en su oferta con otros más exclusivos, y hay que mirar muy bien los menús y valorar si realmente merece la pena ir dentro de esta campaña. En algunos casos, sin duda, en otros (y no voy a especificar para no hacer sangre), ni remotamente.

Ahora sí que sí parece que ha llegado el otoño, después de días y días con el termómetro bordeando los 30°. Y la semana está sabrosona. Mañana miércoles con el evento Ignite en Rambleta; exposiciones rápidas de cinco minutos en que alguien presenta con pasión su idea, historia, proyecto o visión. Me han hablado maravillas de ellas así que esta vez voy a saciar mi curiosidad. Y el jueves por la noche, Halloween o Noche de los Muertos, para los que gusten, toca un poco de baile, un poco de fiesta, con disfraz o no, que hace mucho que no hay jaleo y hay que mantener la forma.