LBV singular

Ricardo

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Aquí tenemos a Ricardo, ferroviario, que nos cuenta sus placeres cotidianos y extraordinarios, desde los paquetes llenos de golosinas traídos por mensajería desde lugares lejanos, hasta el Mont Saint-Michel, pasando por Les Rotes en Denia. 

1. ¿Qué rutinas te hacen feliz? 

Soy un firme defensor de que las personas deben tener su espacio vital, su intimidad y sus momentos para no compartir con nadie, ni siquiera con su pareja. En casa tengo lo que yo llamo ‘mi calabozo‘, una habitación donde tengo el ordenador, mis libros de estudio, mi televisión con el Canal Plus,…donde me encierro cuando quiero. Esa es mi rutina que me hace feliz: estar solo cuando quiero estar solo y acompañado cuando quiero estar acompañado.

2. Describe un sábado perfecto.

No soy de quedarme tumbado en un sofá leyendo, viendo películas o escuchando música. Soy más bien activo. En sábado me encanta visitar los mercados y comprar algún delicatessen. Asumir los roles con, por ejemplo, las pescaderas. Ellas saben que un hombre que el sábado va a comprar pescado o marisco seguramente comprará guiado por la vista y por su capricho o deseo y que el precio queda en un segundo plano. También me encanta callejear solo sin rumbo definido.

3. ¿Cómo te premias entre semana?

De vez en cuando una comida entre semana con amigas; el restaurante Atmosphère del Instituto Francés es de nuestros favoritos. Quedar con los compañeros y ya amigos de la Escuela Oficial de Idiomas. También, la costumbre no escrita de hacer el miércoles una cena un poco más elaborada.

4. ¿Cuáles son tus guilty pleasures? [placeres culpables, eso que te encanta pero que no sueles comentar]

Mi pareja y yo somos consumidores de los productos de los sitios que visitamos. Muchísimas veces nos los traemos a Valencia, o incluso los encargamos en el terreno para que nos los envíen por servicio de mensajería. Quesos, foie, vino, todo tipo de delicias que nos traemos del Norte de España, Francia, Alemania…, para compartir y también recordar el viaje.

5. Un descubrimiento que quieras compartir.

Hay un ritual que siempre cumplo con mi pareja: a principios de junio nos vamos a Les Rotes en Dénia a inaugurar el verano. Nos bañamos -agua muy fría aún- entre las rocas y vamos al hotel La Racona a tomarnos una cerveza. Aprovechamos la piscina del hotel para darnos un chapuzón y quitarnos la sal del mar y vamos a comer al Helios o a cualquier otro chiringuito de la zona. Ahora bien, el sitio que más me ha electrizado por su belleza, por la convicción de que ninguna cámara fotográfica ni ningún fotógrafo profesional captará la belleza que contempla el ojo humano, la energía y la magia que envuelven el sitio, es el Mont Saint-Michel, en la baja Normandía. Un lugar espectacular.


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