La voluntad sin límites

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Los Oscars como cada año, y ya desde el anuncio de las películas seleccionadas en las nominaciones, representan un cúmulo de decepciones. No me voy a extender en ellas ahora, sólo remarcar lo curioso de que dos películas muy british como The imitation game y The theory of everything, sobre científicos alucinantes y visionarios realizadas de manera convencional y hasta un pelín descafeinada copen demasiadas candidaturas. Es la victoria del cine más académico, correcto, y a la vez insulso, por encima de la audacia.

Con esta introducción parecería que La teoría del todo me parece una mala película, y no es así en absoluto. Pero cuando se trata de la biografía de un gran científico todavía vivo como Stephen Hawking, autor del maravilloso libro Breve Historia del Tiempo, una espera algo grande, algo más grande aún que la interpretación portentosa que hace de él Eddie Redmayne, algo tan contundente como su contribución a la Ciencia y al siglo XX. Pero la sensación que queda es de ‘podría haber sido mucho más’. Una lástima. Dejamos pendiente, entonces, esa gran película que relate de verdad y a fondo los misterios del universo, de la investigación y la creatividad en física, con esa destreza de los sabios que conocen cómo hacer llegar la ciencia incluso a los más profanos, al estilo de Bill Bryson y de la que hace gala también Hawking en sus obras de divulgación.

En La teoría del todo descubrimos en especial al joven Hawking, sus andanzas en Cambridge, su pasión por las matemáticas, la música y las estrellas, sus buenos amigos, su enamoramiento de Jane, joven estudiante de lenguas latinas, los primeros titubeos de origen desconocido y el duro trago de aceptar una enfermedad por la que le daban un máximo de dos años de vida. Que el poder de la voluntad no tiene límites lo sabemos todos, aunque a veces historias reales tan gloriosas como ésta vienen bien para recordárnoslo y quitarnos tonterías, o sea limitaciones, de encima. No es necesario tener siquiera una inteligencia superdotada como la suya, el arma realmente poderosa es la pasión por la vida, por el conocimiento, por estar aquí y hacerlo con sentido.

Basada en el libro escrito por esa Jane que fue su primera mujer y el motor que le empujó con fuerza adelante, la película se centra sobre todo en la microhistoria del genio, los pequeños pasos, los esfuerzos sobrehumanos de Jane, los cambios en la familia, el agotamiento, los amigos que ayudan alrededor, el éxito académico y mediático, hasta la separación amistosa de la pareja en 1990. Y en ese propósito de melodrama biográfico el balance es positivo gracias a una ambientación muy acertada y a los dos soberbios protagonistas, el citado Redmayne, que se transforma sin énfasis, con soltura y maestría en el complicado personaje real con todas sus complicaciones fisicas, y la deliciosa Felicity Jones, que ya destacó en The invisible woman, aquí otra vez toda sutileza y detalle. La teoría del todo es el relato de esa pareja, de sus grandezas y miserias, nada más y nada menos.


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