Españoles en Nueva York

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El esfuerzo que es hacer cine en España se ha visto agravado con los años por esta crisis. Me consta la dificultad que ha habido para sacar adelante La vida inesperada, un film que coincide en cartelera con el fenómeno de taquilla inesperado que ha sido 8 apellidos vascos. Y la pelea solamente por mantenerse en cartel más allá del primer fin de semana es dura. Cuando comienza el pase y empiezan a desfilar todos los logos de instituciones participantes en la producción uno enseguida sabe que es cine español, y que a unos -casi todos- les cuesta más que a otros.

La vida inesperada se desarrolla enteramente en Nueva York, punto de atracción de muchos españoles que emigran para encontrar un futuro profesional o alejarse de las etiquetas y corsés de su entorno. Toda la película está plagada de los clásicos guiños que vive todo españolito en la Gran Manzana: las conversaciones sobre comida y armas, el skype como medio de comunicación con la familia, la odisea de encontrar piso o de compartirlo, la combinación de minijobs,… Todo está recogido aquí muy bien, como si fuera un fresco de la vida neoyorquina para el extranjero ibérico.

Dirigida por Jorge Torregrossa, joven cineasta curtido en varias series de televisión y responsable de la estimable Fin, la película cuenta la historia de Juan, interpretado por un enorme Javier Cámara, que vive en Nueva York desde hace años sobreviviendo con múltiples trabajos y manteniendo su empeño en ser actor y mantenerse de ello. La visita de su primo (Raúl Arévalo, mucho más limitado), un chico bien, de existencia convencional, le hace aflorar sus dudas y reflexiones en torno a su vocación y a la medio mentira que sigue contando a su madre. Los tomas y dacas entre ambos y sus relaciones con una entrañable galería de personajes, americanos y otros expatriados, tan desorientados como ellos o en valiente búsqueda, componen un retrato generacional y un canto a la reinvención personal.

Pero la película tiene sobre todo el sello inequívoco de la escritora Elvira Lindo, autora del guión e una de las impulsoras del proyecto. El humor de sus columnas subyace en el libreto de La vida inesperada, y a la vez nos hace añorar aquellas ya lejanas colaboraciones con Miguel Albaladejo que amenizaron tanto los inicios de este siglo, con perlas como La primera noche de mi vida, El cielo abierto o Cachorro, en las que ella participaba tanto en el guión como en algún papel secundario siempre con frases antológicas.


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