La vida en crudo

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Aquí últimamente la cosa va mucho de cine español. Con Hermosa juventud el director Jaime Rosales ha sido el único representante español en el último Festival de Cannes, esta vez en la sección Un certain regard, donde fue recibida con buenas críticas. Rosales es un habitual del certamen, en el que goza de prestigio y seguimiento desde el principio de su carrera en 2003 con Las horas del día, aquella inquietante cinta con Alex Brendemühl en la piel de un psicópata de barrio.

Autor nada comercial, en Hermosa juventud Rosales dice iniciar voluntariamente una etapa más cercana al espectador aunque eso no significa que sea fácil de ver. En absoluto. Pero esta vez el discurso es más claro, para contar lo más crudo de la realidad actual, -el título no puede contener más sarcasmo. Una pareja de veinteañeros que viven en un barrio humilde del extrarradio madrileño intenta salir adelante. Les vemos enamorados y asfixiados por la falta de dinero y sobre todo de perspectiva, haciendo chapuzas para sacarse 10 € diarios, pequeños hurtos en el centro comercial, juntándose con la pandilla para hacer botellón y conviviendo con sus familias igualmente deprimidas.

Jaime Rosales controla a la perfección el material, tiene claro lo que quiere contar, dando voz a los que normalmente no la tienen, y consigue sacar de los dos jóvenes actores, Ingrid García Jonsson y Juanma Calderón, unas interpretaciones preciosas, perfectas, veraces. Junto a ellos también todos los actores, ajustados a sus personajes grises, emborronados. Aunque dura poco más de hora y media el film se hace pesado por su espesura de la que resulta difícil abstraerse.

Hermosa Juventud no es cómoda de ver, la cámara va pegada en todo momento a los protagonistas, así que vivimos con ellos su angustia, y no hay tregua. Con los planos generales el cineasta muestra a la perfección el ambiente que les rodea y les oprime, el desánimo general, el no hay futuro. La pobreza real, sin más. La imagen es en todo momento sucia, sin artificio de ningún tipo, a pesar de algunos recursos (pantalla de móvil, whatsapp, ráfagas de fotos) que emplea puntualmente Rosales. Pura austeridad para un cine de nivel que se compromete con la realidad y muestra el paisaje desolador que está dejando esta crisis. Una película amarga donde las haya, sin concesiones, que retrata la vida real en su contexto más agrio, la dureza de estos tiempos para unos más que para otros. Es verla y reconocer la fortuna de lo que uno tiene.


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