Misterios del marketing

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Es la película del momento. Y al mismo tiempo un gran expediente X. ¿Qué hace que de repente un film de título tan insospechado como Ocho apellidos vascos dé el campanazo como lo está dando? Se ha convertido en la película española más taquillera de la historia, por delante de Lo Imposible, ya lleva recaudados más de 51 millones de euros y sigue imbatible en el número 1 aunque ya hace ocho semanas de su estreno.  Me fascina la sociología que hay detrás de estos fenómenos de masas. Nunca entendí que, por ejemplo, Amélie, de Jean-Pierre Jaunet, causara el impacto que causó.

Esta vez me dicen que al ser una producción de Mediaset, propietaria de Telecinco, la promoción en esa cadena -la más vista aunque inhóspita para mí- ha pasado a ser un bombardeo, y aún así alucino. En un país donde se va tan poco al cine, Ocho apellidos vascos ha conseguido arrastrar especialmente a esa gente que nunca pisa una sala y que más bien tira por la piratería y el cine en casa, si es que llega a eso. Es cierto que en los últimos meses también están habiendo sucesivas y exitosas campañas de abaratamiento de las entradas, con lo cual la combinación ha sido explosiva. Visto lo visto seguiré leyendo sobre este fenómeno, porque ya se anuncia una segunda parte y los espectadores siguen alimentando la leyenda.

Cuando vi el tráiler hace un tiempo no me atrajo para nada, pero al final ha habido que ir para poder opinar. Y no me ha sorprendido. Dirigida por Emilio Martínez Lázaro sobre guión de Borja Cobeaga y Diego San José, Ocho apellidos vascos es una comedia bastante básica, llena de tópicos y costumbrismos de antaño que no tiene muchas pretensiones. Y ahí el misterio del enganche que provoca. Cobeaga es un buen creador de situaciones divertidas, usando los recursos algo trasnochados de la lucha de géneros y con actores a la medida del empeño tanto en físico como en actitud, como ocurría en El pagafantas. Aquí los protagonistas son Dani Rovira -conocido por sus monólogos en Paramount Comedy- y Clara Lago, él más acomodado que ella a su papel porque es más coherente a lo largo del metraje.  La pareja que hacen, sevillano y vasca respectivamente, es improbable y se mueve según una lógica inconsistente que acaba en el absurdo. Con ellos, Karra Elejalde, irreconocible en el cartel pero con muchos minutos y líneas en el guión, está pantagruélico y a su lado Carmen Machi, ejerciendo de progenitores, echando leña al fuego como divertido dúo cómico. Un film que ya pasa a la Historia por su taquilla con una materia prima tan limitada como efectiva. ¡Enhorabuena a los premiados!


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