Todas las entradas de Vida

Año Nuevo en Coney Island

Después de pasar por el rito freak de Nochevieja en Times Square (por aquello de “it’s once in a lifetime”) considero que el año nuevo empezó para mí en Coney Island. Uno de enero, mañana soleada, cielo despejado y relativamente cálido, decidí coger el tren y acercarme a la playa a saludar a 2012. El mar atrae: horizonte limpio, aire que te revuelve el pelo y te despeja la cabeza. Leer más…

El templo del golfeo feliz

Ya me había pasado en 2011, cuando por primera vez, por fin, puse el pie en el Olibaba, famoso chiringuito de Oliva, y en esa playa de Aigüa Blanca. El bajonazo posterior en septiembre fue considerable. En 2012, que ha sido mucho más apoteósico, el verano directamente ha tardado meses en irse. Y hasta me ha llevado un tiempo poder volcar por escrito una nueva carta de amor al Oli.

Leer más…

Estamos de reforma

La buscadora está siendo rediseñada y en momentos puntuales puede dejar de funcionar. Sed pacientes. En cuestión de días habrá lanzamiento de la nueva web: todo un nuevo concepto y contenidos más amplios.

Deseando que salga a la luz, mientras tanto os dejo una inspiradora vista, lo más parecido que existe, probablemente, al cuadro de Edward Hopper que hay en la cabecera ahora.

Lo que enseña una mudanza

Con cada mudanza se aligera el equipaje. Mudanzas son vida, y como la vida, no son fáciles. En sensaciones me recuerdan a las heridas, que luego se hacen cicatrices y se quedan ahí contigo en mayor o menor medida. Todo, al fin y al cabo son marcas que nos van dejando los años. Leer más…

La foto del verano

El verano acabó. Tarde, pero acabó.

Hay veranos y veranos. El mío ha sido explosivo. El de 2012, como todo lo que está ocurriendo en este año tan particular, ha marcado época y épica. Olía especial al empezar en junio, y se ha resistido a marcharse muy tarde ya, alargando septiembre.

A mitad de octubre, reticente como yo, Marta Ortells ha publicado en su blog otra exposición, una de esas que de tanto en tanto convoca para que seguidores amantes de la fotografía demos nuestra visión bajo el nexo de unión de un tema que ella propone. Bicicletas o huevos,…quién sabe adónde nos llevará la próxima ‘blogexpo’. Se trata de jugar con tu mirada y curiosear entre las de los demás, perspectivas tan diferentes. Una proyecto pequeño e interesante, un punto de partida que Marta –traductora y subtituladora, y más allá, culo inquieto que siempre anda con mil ideas en la cabeza, a medio camino entre el estrés y la energía desatada- comparte y contagia.

Leer más…

Hopper fue el primero en llegar

No sabría decir en qué preciso momento entró el pintor Edward Hopper en mi vida, a los 13 o 14 años quizá. Seguramente sería por una foto o artículo en algún periódico o suplemento cultural de los que entraban en casa -que por aquel momento eran ABC o Las Provincias-. Lo que tengo claro es que fue ver uno de sus cuadros y captarme para siempre.

Fui a Crisol, una librería cercana a casa y encontré un socorrido libro de Taschen, arte en ediciones baratas para todos los públicos. Era barato, de tapa blanda (con Summer evening, en la cubierta) y muy básico pero aún esta ahí en mi estantería, todo manoseado y lleno de recortes relacionados. Mi madre y yo compartimos ese descubrimiento y juntas lo hojeábamos hablando de nuestros favoritos e imaginando en voz alta la historia detrás de cada cuadro, el porqué de nuestra fascinación. A las siguientes navidades empleé el dinero de las estrenas (7000 pesetas) en conseguir una lámina enmarcada que elegí acompañada de mi amiga Elena. Desde entonces Cape Cod morning ha venido conmigo a todas las casas en las que he vivido… y ya está muy descolorida-.

Hopper fue el primero en llegar, de hecho creo que ya estaba ahí incluso antes de conocerlo porque al ver las reproducciones tuve esa sensación tan particular de tropezar con algo que te pertenece de tal forma, que te expresa tan claramente que es como si ya lo conocieras por intuición y de repente un día cobra forma. Todo tenía tanto sentido al contemplar esos personajes solitarios, tan ensimismados, inquietos, poblando lugares deshabitados, urbanos o costeros, rincones de habitaciones apenas vislumbradas… Hopper hablaba de algo que tenía que ver conmigo y marcó de manera definitiva mi manera de mirar. Me doy cuenta si repaso las fotografías que yo misma tomo que tengo querencia por los rincones, los rayos de sol que entran por la ventana, o algo tan específico como los encuadres de cielo y un trozo de edificio/árbol/ventana.

Leer más…

It is what it is

Esta frase –es lo que es-, para simplificar una voluntad de estilo. La sencillez y el estilo directo hechos deliciosa literatura. A veces esa literatura es periodismo al inicio, o viceversa, o no. Así es cuando pienso en algunos ejemplos de este estilo, así a vuela pluma, empezando por el Truman Capote de A sangre fría –y en sus maravillosos relatos de Música para camaleones-, Alice Munro o Joan Didion, y siguiendo, más cerca en espacio y en tiempo, con John Carlin o Enric González. Y ahí está, también, Elvira Lindo.
Me la descubrió como autora una antigua amiga, que se partía de risa con sus columnas Tinto de verano en El País. Yo conocía su vertiente Manolito Gafotas en la radio (maravillosos momentos del fin de semana que compartía con mi madre), sus colaboraciones con Miguel Albaladejo en algunas películas entrañables pero aún así me resistía, años ha, a leer esas columnas. A veces puedo ser un poco cuadriculada y leer humor así a priori no me atraía, igual que suelo decir que nunca, ni de pequeña, me han gustado los dibujos animados. Demasiada seriedad ya de niña, y la verdad, qué bien que en la vida se aprende. Una aprende la sabiduría y la salud que generan una buena risa.

Leer más…