Archivo de mayo, 2014

Un celler con mucho fondo

Con una copa de vino tinto todo cambia. Esto me dijo sabiamente una vez mi amiga Mar, en una de esas comidas que se convierten en días que se enredan -aunque la mejor, recuerda, siempre es la primera, o como mucho la segunda. Mi criterio con los vinos se basa en que me sepan bien. Queda claro, por tanto, que no soy una experta, sencillamente pruebo, me dejo recomendar y archivo en mi memoria (o en mi evernote) los vinos que me han seducido. Si en algo soy experta es en vivir bien, en buscar y rastrear donde sea necesario lugares, comidas, bebidas, música, restaurantes…, en no conformarme. Todo lo que tenemos a nuestro alcance es para disfrutar y expandir la mente, el gusto, la perspectiva. Y esta semana he tenido la oportunidad de conocer de primera mano cómo se elaboran algunos de mis vinos valencianos favoritos, los del Celler del Roure en Moixent y ha sido una maravilla.

vallEl camino desde Valencia es de una hora, siempre y cuando no te confundas en el desvío de la autovía de Albacete ni te pierdas metiéndote por pleno centro del pueblo. Pero no pasa nada, me encanta confundirme si luego voy explorando la carretera de les Alcusses, todavía insegura y sin cobertura en el móvil para verificar con Google Maps, y el paisaje sinuoso de calzada estrecha pero en perfecto estado, se va haciendo más y más interesante, cada vez más bello, como un tesoro que se va desvelando. Y así fue. Conforme más bello era el entorno más convencida estaba de que era por fin el camino correcto. Masías a un lado y otro, extensiones de vides y olivos, amapolas, poco coche, sol radiante, olor a tierra, y todos los matices de verde que componen el conjunto de un rico valle a los pies de las Serra Grossa, la vall dels Alforins. La Toscana valenciana, dicen algunos con gracia. Lo cierto es que se trata de un enclave único y sorprendente a muy pocos kilómetros de la ciudad, y tan diferente que resulta embriagador, para perderse, efectivamente, y para repetir.

Los vinos de Moixent y alrededores, anteriormente dedicados a la producción para otras denominaciones de origen y vinos de mesa básicos, han vivido un renacimiento con fuerza y prestigio desde principios de los años 2000 gracias a los esfuerzos de algunos pioneros. Sacar el ingenio, beber de la tradición, tratar con mimo la tierra, perfeccionar los cultivos con las mejores técnicas, rescatar uvas autóctonas como la mandó y recuperar incluso el reposo en tinajas de barro para avivar la DO Valencia y articular una nueva zona vitivinícola. Todo eso han conseguido en pocos años bodegueros de la zona, como Daniel Belda o Pablo Calatayud, responsable del Celler del Roure.

El vino es para paladearlo, y detrás de cada uno hay todo un mundo. No desisto de aprender el vasto arte de la enología, poco a poco, quién sabe. Lo que es una suerte es descubrir cómo funciona una bodega y cómo se diseña, se mima, cada vino. Y de todo eso ahora sé un poco más gracias a las completas explicaciones que me hicieron en nuestro recorrido por el Celler, Javier y Paco, sus dos enólogos, que hablaban con pasión de cada una de sus criaturas, su elaboración, la selección de las uvas, el funcionamiento de la producción, el sentido de cada uno, e incluso me descubrían con ilusión un nuevo vino con etiqueta roja pero aún en capilla, a punto de darse a conocer.

El primer vino que probé de esta bodega, años atrás, fue Les Alcusses, y siempre ha sido un referente para cenas, regalos y amigos. Luego Maduresa, el gran tinto de la casa, y más recientemente Setze Gallets, uno joven muy resultón para las comidas de cada día. Sucede que si te los cuentan los vinos te pueden saber incluso mejor. Durante la visita a la bodega pude probar los otros dos que me faltaban, Cullerot y Parotet, blanco y tinto respectivamente, los primeros criados entera y exclusivamente en tinajas de barro conservadas bajo tierra.

Bodega Fonda de Celler del Roure

Bodega Fonda de Celler del Roure

Después del bello camino en coche y recorrer los distintos espacios de producción, llegar hasta esa bodega fonda, galería subterránea excavada con más de trescientos años de antigüedad, es la última de las sorpresas de un lugar que resulta fascinante. Y lo mejor siempre es quedarse con ganas de más. Para repetir.

Lo mejor de la comedia española

Primero que nada todos hablamos de Carmina y amén por la innovadora forma de difusión que ha elegido su autor, Paco León, que prefiere saltarse las reglas de la distribución convencional para atraer al espectador hacia su obra sea como sea antes de pensar en la recaudación de la taquilla. Una cosa lleva a la otra, claro, que esto es un negocio, y la cultura se paga y es medio de vida, pero el “sea como sea” es por ejemplo, estrenar la película en salas de todo el país, literalmente, incluso en pequeñas ciudades de provincias, y llenar salas para que el público la vea. Seguro como estaba de su creación esta estrategia está pensada para alimentar el efecto boca oreja, el mejor marketing que hay, y la buena imagen que da una apuesta tan libre. El aire fresco de hacer las cosas simplemente diferentes.

Si en su primera película, Carmina o revienta, nos sorprendió descubrir su talento para manejar el esperpento tan bien encarnado por su madre, Carmina Barrios, aquí Paco León se supera con creces y entrega una comedia negra excelente en la estela del cine clásico español del que más orgullosos podemos estar, el de Berlanga con los guiones de Rafael Azcona. Carmina y amén es mucho mejor que su antecesora y sorprende por la madurez y el pulso con el que está llevado un material delicado por lo a fondo que se mete en la vida cotidiana de la España más humilde, que fácilmente podría haber caído en el ridículo o el trazo grueso. Pero no, el director sabe muy bien lo que hace, se mueve cómodo y afina mas que en su opera prima, en la que quizá caía algo en el exceso en su retrato del lumpen. Esta vez no hay nada que objetar.

El conflicto en el film surge con la muerte inesperada del padre de la familia y su ocultación durante un fin de semana para poder cobrar la paga extraordinaria. La picaresca necesaria para sobrevivir. Carmina, esa matriarca excesiva y avasalladora que arregla la vida de todos y respira con dificultad aunque sin dejar ni un momento de fumar, gestiona todo el embrollo con la complicidad de su hija, María León -en otra gran actuación- y mientras se cruza con la variopinta colección de vecinas, a cada cual mejor interpretada. En apenas hora y media asistimos a un buen puñado de escenas antológicas del humor entre negro y absurdo, con sus críticas sutiles pero certeras a la realidad española.

Y sin embargo, más allá de la buena comedia esperpéntica, Carmina y amén es sobre todo cine veraz, humano, pegado al suelo, que mete la cámara en la que podría ser la cocina de una familia cualquiera de clase baja en nuestro país sin resultar artificial o impostor. La guinda de la película es ese final tan emocionante con el My way en versión de Nina Simone y Carmina dándose un homenaje, echándose más que nunca el mundo a la espalda.

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Susana

Hay vidas más o menos sedentarias y la de Susana, que es procuradora de Tribunales, es muy activa y en contacto con la naturaleza. Gran amante de los viajes, aquí comparte con nosotros sus gustosos gestos diarios de placer: largos paseos por la ciudad, el campo o la playa, buena televisión, yoga y nada de lo que sentirse culpable. Pasen y reposen, como ella.  Leer más…

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Juan

Los hay más y menos específicos en sus respuestas y Juan se encuentra entre los primeros. Diseñador apasionado por su trabajo comparte con nosotros sus guiños cotidianos a la buena vida, chocolate, lápices y cuadernos especiales, regalos para la gente querida fuera de fecha, la cocina, o un vino aragonés casi desconocido son algunos de ellos. La clave: tomarse el tiempo, ir a su propio ritmo y buscar la belleza en objetos y costumbres.

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Juan

Aquí tenemos las pistas de un bon vivant de pro como es Juan, enópata reconocido y apasionado de la vida en toda su extensión. El vino es más que su profesión pero aquí nos cuenta también su afición por la escritura, la cocina, la pintura callejera, el patinaje, el cuerpo a cuerpo,…, todo de forma intensa.  Leer más…

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Amparo

Es revelador leer las impresiones de alguien como Amparo que disfruta con tantas y tantas cosas en su vida cotidiana. No hace falta vivir lejos ni ser millonario para ser realmente rico, y ella que es Técnica de Administración Local lo demuestra en su lista de gustazos. Cuidados básicos para el cuerpo y rostro, la belleza de su olivo cada mañana, las charlas con su hijo, la cocina árabe, pasear por la playa, bailar o la música de Satie, un sinfín de placeres de una hedonista de primera.

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