Archivo de octubre, 2013

La fiesta de otoño

Qué maravilla es empezar el mes de octubre llenando tu casa de amigos para pasar un estupendo sábado en familia. La familia que tú eliges y que vas haciendo; unos van, otros vienen, pero todos los que están deben estarlo por placer. La primera fiesta fue en primavera, y para otoño tocaba volver a reunirse pues se toma el gusto por las cosas buenas y así las hacemos tradición. No me cuesta meterme en líos si son así, en positivo. Luego da un poco de pereza ver el mogollón de fregada y limpieza de la casa, pero eso son tareas que pueden durar 1 ó 2 horas, a cambio de un día entero precioso y los ecos que te hacen sonreír mucho tiempo después, …por no hablar de las fotos, movidas, imperfectas, reflejo del puro instante.

Hace muchos años, cuando aún era jovenzuela -y quizá por eso, poco sociable- me costaba más juntar a amigos de diferentes áreas de mi vida, pensaba que no iban a tener nada que decirse, que iba a ser difícil, blablabla. A mucha gente le pasa. Y son tonterías. Eso es algo que superas con la edad y la experiencia de ver que la gente que se encuentra y conecta es siempre por una buena razón. Igual que celebro cada cambio de opinión que experimento en mí misma como una victoria, ahora sé que de la mezcla y del jaleo sale algo muy enriquecedor.

Consiste en estar abiertos a lo que viene, a lo que surge, a lo que trae la vida. Y mis amigas del colegio y de la facultad -las más antiguas- comparten cháchara con Ana y Richard de clase de francés (y ahora de comidas en el Atmosphère), quien ha sido novia de un amigo de la universidad se convierte en fija de la pandilla, una pareja que desapareció de mi vida volvió como pieza fundamental hace dos años ya y junto a los que nos conocimos por twitter ahora somos todos inseparables. Empezamos con el vermut casero de Bodega Navarro y seguimos hasta que se hace de noche. Rica comida, mucha charla, buena música variada y algún baile. Y sigue viniendo gente, y sigue cabiendo alguien más, para no dejar de compartir momentos bonitos, como ese imborrable arranque de baile mano a mano con Cristina, llevadas por la emoción de la voz de Salif Keita cantando “te deseo…” con aires de samba africana. This is too good to be true. Pero lo mejor es que es cierto.

Hoy también quería hablar de esta semana medio festiva, del día de la Comunitat, de la mocaorà, de los pañuelos que desde niña me regalaba mi padre, de picnics por la Calderona, de los numerosos conciertos que vienen las próximas semanas, de que cierra Popland y es muy triste… Esta columna, La Buena Vida, cumple 20 semanas en esta web, y como se puede ver, sigue con fuerza, ideas y  ganas. Que lo mejor de nuestra vida aún está por ocurrir. Ése es el espíritu.

[Pic by Merxe Navarro]

El otoño que apetece

Por unos días parecía que entrábamos en el otoño: nubes, viento, algo de fresquito…pero qué va. Ahora mismo en mi terraza lucen lustrosos 35° C con un solazo propio de julio que me llama a gritos para dejarme caer en la arena y darme un baño. Pero no, es horario de trabajo, que los freelance o nos ponemos serios con eso o estamos perdidos, y además yo venía aquí a hablar de un otoño apetecible y que huele bien, pero la meteorología me está fastidiando el escenario.

parque-natural-grandePara disfrutar de paisajes otoñales no nos queda más remedio que planear excursiones al interior, al norte por Castellón preferentemente: la sierra de Espadàn y la Tinença de Benifassà, y respirar esos tonos ocres, pisar hojas secas, paseando entre alcornoques, olmos y carrascos. La Font Roja o la Vall de Gallinera también son atractivas en esta época del año. Apetece ver otras cosas, fantasear con un otoño de verdad en nuestro invencible buen tiempo mediterráneo. Y entrar en esta canción de Fleet Foxes (I love you, I love you, oh brother of mine), por ejemplo. Obviamente, hoy estoy fuera de contexto. A veces pasa.

Ahora que ya nos hemos recuperado de los excesos veraniegos quizá sí, esta semana ya sea posible salir con energía por la ciudad también. Es curioso que siempre ha habido el cliché de la pobre cultural valenciana, de la que nos quejamos de forma automática, y lo cierto es que no damos a basto para abarcarla. En esta columna precisamente se reivindica la vidilla de la ciudad y sus culos inquietos. Y todas las semanas hay alguno del que hablar. Por ejemplo, la Rambleta, que nombramos mucho porque ha llegado para demostrar que otra Valencia es posible. Es muy divertido seguir los pasos de @guillermoarazo (su programador) en twitter, que cada pocas semanas anda de ruta por España a la caza de nuevos espectáculos para este centro cultural de la Ronda Sur, una zona que nunca había resultado tan atrayente. La semana pasada estaba en la sala Apolo de Barcelona, viendo un montaje de burlesque, que pronto va a llegar también a Valencia. La pintura del huidizo Javier Aramburu (miembro del mítico grupo donostiarra Family y diseñador de las mejores portadas de La Buena Vida) que se vio en Madrid por primera vez a finales del año pasado, parece que también va a exponerse en noviembre. A eso se le llama abrir el apetito y hacer cosas diferentes. Cuando se ve hay que reconocerlo y aplaudirlo.