Archivo de agosto, 2013

Major Lazer “Get free”

Self-education is, I firmly believe, the only kind of education there is.

Isaac Asimov

Los dientes del zombie

No es que Id al cine malditos se hubiera ido de vacaciones antes de tiempo. Durante el mes de julio hubieron varios intentos de escritura pero la cartelera ha dejado tanto que desear que las películas en cuestión no daban ni para escribir tres líneas. Muchas vueltas le di a si sacar o no sacar, y finalmente decidí no publicar nada nuevo mientras no viera un film digno de mención pues tampoco quiero disuadiros precisamente de ir al cine. Seguramente alguna de las pelis que me dejaron igual algunos de vosotros también las hayáis visto. Dejémoslo así. Durante este mes conforme vea algo que merezca la pena habrá sección abierta y sin vacaciones.

Y toca hablar de World War Z, de Marc Foster. El siglo XXI y sus circunstancias hacen que abunden las historias apocalípticas. Un futuro contrario a toda utopía y más bien con tendencia general al desastre, que en ocasiones viene acompañado de la presencia de zombies. Nada nuevo, aunque de cada caso hay una lectura que sacar. Se puede ser más o menos seguidor de la ciencia-ficción y alrededores (yo soy fan) pero es innegable que ahora este es el relato principal de nuestro tiempo. Películas así se producen en cadena, o al menos eso parece cuando ves la ristra de tráilers previos a la proyección, pero entre todos los estrenos hay clases y clases. Sin ser ninguna obra maestra, World War Z destaca claramente por su tono austero y poco rimbombante, por su interés en el relato más que en el despliegue de efectos especiales.

Han trascendido detalles de lo que fue un rodaje complicado y una post-producción con mil vueltas; de hecho, el personaje del televisivo Matthew Fox se ha quedado en la mesa de montaje, pero al final lo que llega a las pantallas es una película bastante redonda, 100% entretenida y bien hecha. Y con eso nos conformamos porque World War Z no tiene mayores pretensiones. Que su director fuera Marc Foster ya presagiaba un punto interesante. Este alemán afincado en Hollywood no hace películas del montón ni en serie, todas y cada una de sus obras son particulares sin llegar a poder colocarle en la categoría de ‘autor’ su cine es, digamos,  comercial sensato, con fundamento. Monster’s ball fue la primera en llamar la atención y luego otras tan diversas como Descubriendo Nunca Jamás, Stranger than fiction, Cometas en el cielo o su aportación al universo Bond con Quantum of Solace. Sus films cuentan sobre todo una historia, algo no demasiado obvio en cierto tipo de cine, y tiene especial mano con los actores.

Aquí vemos a Brad Pitt (y su pelazo) manejando con sutileza todo el desbarajuste a su alrededor, a la manera de un héroe de perfil bajo. Por todo el planeta se va extendiendo rápidamente una plaga que infecta a humanos para convertirlos en zombies (o no-muertos) y cuyo origen es desconocido. Pitt es reclamado por sus antiguos compañeros de la ONU como experto en encontrar sentido dentro de situaciones de crisis, y esto le obliga a separarse de su familia, encabezada por la estupenda pelirroja Mireille Enos de The Killing. World War Z comienza en Brooklyn, sigue en Corea del Sur, pasa por Israel hasta aterrizar en un laboratorio de la OMS en Gales, y en medio consigue escenas impactantes como la de una Jerusalén tapiada y sin embargo invadida por los zombies, o sobre todo las secuencias finales en el laboratorio. Es ahí donde Foster exhibe su mejor pulso y demuestra que no hay nada más poderoso que una buena narración: basta ver el tú a tú contenido entre el protagonista y un zombie frente a frente, cuya sencilla amenaza es un repetitivo castañeo de dientes, para quedarse clavado en la butaca. La mayoría de veces, menos es más y en este caso llama mucho la atención y se agradece.

 

Hedonismo veraniego

Habrá parecido que me cogía vacaciones y nada más lejos de la realidad. Pero el verano es la estación en la que se perdona todo más fácil incluso a una misma, y entran de lleno los imprevistos y el hedonismo para gobernar nuestras vidas. Así me ha pasado a mí en las últimas semanas, pero aquí sigo al pie del cañón. Y hay asuntos pendientes de los que hablar. Es un tema de conversación recurrente que vivir bordeando el Mediterráneo en los meses de verano son vacaciones en sí mismas incluso aunque se trabaje.

Basta coger un poco el coche y alejarse mentalmente de todo con los pies metidos en la arena y la mirada perdida en el mar, o perderse entre pinos por la Calderona con las chicharras de día y la fresca de noche. Es un lujo de los de verdad, de los que no se pagan con dinero. Cuando puedes permitirte viajes a lugares lejanos, bienvenido sea, aunque yo siempre digo -y no es una excusa de autoconsolación- que salir en agosto es una locura que prefiero ahorrarme. Así que brindo por el verano mediterráneo, que no es el del anuncio de cerveza, y por disfrutar de estas semanas de golfeo, pereza y sonrisa tonta antes de que vuelen entre nuestras manos. En un ay nos hemos plantado en agosto, con las ganas que teníamos de que llegara el verano y ahora parece que se nos esfuma. Las semanas que quedan por delante antes del inicio del nuevo curso vamos a intentar paladearlas con trago lento y respiración profunda, bien despiertos y abiertos a los placeres que se nos brindan, con amigos, familia, en soledad o en pareja, buscando el hueco fresco en la ciudad, en el mar o en la montaña, de retiro reflexivo o con espíritu festivo. Cada uno marca soberano sus gustos y alegrías. Cualquier cosa menos arrastrarse por el cabreo y el desánimo.

En la ciudad ya ha empezado el plato estrella del mes de agosto, la Filmo d’Estiu. Ahora que vivo fuera debanner-filmo-estiu-2013 la ciudad me va a costar más ser fiel asistente. Antes en bici lo tenía hecho pero la programación aunque austera es variada e interesantísima. En mi lista subrayadas están las proyecciones de Amour, Pierrot le fou, Tabú, El bazar de las sorpresas, Juan de los muertos, aunque para los que se las hayan perdido hay también recomendables éxitos recientes como Searching for Sugar Man o Argo. Joe Cocker cantaba Summer in the city y somos legión los que lo practicamos gustosamente. Además de la Filmo, hay variedad de terrazas de verano que surgen en estos meses con estrenos recientes, y en el Centre del Carme han retomado por segundo año el Cine d’Estiu los viernes y sábados con una programación de películas relacionadas con el arte y la literatura. Una propuesta curiosa poder ver Drácula de Coppola, Blade Runner o El sol del membrillo en un marco incomparable como es el claustro del antiguo convento.

Es imposible recopilar todos los posibles planes para el buen vivir. El Sagunt a Escena sigue en marcha aunque haya conocido tiempos mejores, y festivales de música los estamos teniendo ya desde junio por toda la comuSagunt-a-escena-2012nidad. La semana pasada fue el Low Cost en Benidorm, ese Little Britain kitsch estupendo donde pudimos gozar con Portishead a pesar de una organización que deja bastante que desear. Y estos días Burriana está a reventar con el popular Arenal Sound. Es tiempo de sudor y de cerveza fresca, de arroces en buena compañía, de libros, de cuerpos al aire, música nocturna y dejarse llevar, todo para coger fuerzas de cara al temido/ansiado septiembre. Que lo disfrutéis mucho y más, y no os dejéis amargar por nada nada del mundo.