Un café del Village

Hace ya unos años que visité Nueva York. Era un lugar mítico para Mónica y para mí y al fin nos lanzábamos a cumplir el sueño. Pero suele ocurrir que la primera vez que viajas a la ciudad de ciudades, la realidad no se corresponde con expectativas y objetivos. Es un lugar tan referencial, que conoces tan bien a través del cine, la televisión, los libros…que no puedes evitar sentir una gran extrañeza teñida de familiaridad. Resulta muy desconcertante.

El paisaje forma parte de tu vida, piensas ingenuamente que es a tu medida, que lo puedes abarcar y te propones planes descomunales para patear y absorber la experiencia.

La obsesión por no perderse nada suele ofuscar al visitante primerizo. Y eso nos pasó a nosotras. Sin respiro íbamos de punta a punta, porque total, si te subes al metro te pierdes todo lo que hay en la superficie. Venga librerías, venga el MET, venga tiendas, venga Empire State, venga Brooklyn, venga el MOMA, venga el Soho,… En medio de la vorágine es difícil darse cuenta. Pero al final siempre se encuentra un refugio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una tarde del segundo o tercer día en la ciudad, caminando por el Village –ese precioso y tranquilo barrio de casas bajas de ladrillo-, con las fuerzas ya por los suelos, encontramos en la esquina del 68 de Bleecker Street un café llamado Angelique que en aquel momento nos salvó la vida. Su banco en la puerta y su aire tranquilo nos llamó la atención y allí que nos metimos a reponer fuerzas. Pasaron las horas, de tan acogedor que era, repasando el cuaderno, leyendo el periódico, observando a la gente pasar. Esa limonada fresca y natural, que me pedí me dio el punto de fuga que necesitaba. Volvimos un par de veces a esa esquina, a reposar de todas las emociones, y aún años después representa para mí el momento ancla de todo el viaje. Un café, un refugio, un respiro.


2 comentarios

  1. Mavi

    Siempre es bueno, encontrar un sitio para reposar las emociones del viaje…. Yo estuve 8 días y me supo a poco, tenia el síndrome de la primeriza en NY, vamos q no daba abasto a procesar toda la información! Pero hubo un domingo, en un parque del barrio chino, donde lo conseguimos… Eran las fiestas de San Genaro, en Little Italy; mientras en el lado italiano la comida, la música, los dulces, la bebida y el gentío eran el denominador común … En ese parque, encontramos el sitio perfecto para comer rodeados, de gente haciendo taichi, jugando a las damas chinas, de ardillas, de una orquesta con vocalistas entraditas en años y q cantaban fatal la bso de Titanic…. En fin un momento q nos pareció memorable.

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