Año Nuevo en Coney Island

Después de pasar por el rito freak de Nochevieja en Times Square (por aquello de “it’s once in a lifetime”) considero que el año nuevo empezó para mí en Coney Island. Uno de enero, mañana soleada, cielo despejado y relativamente cálido, decidí coger el tren y acercarme a la playa a saludar a 2012. El mar atrae: horizonte limpio, aire que te revuelve el pelo y te despeja la cabeza.

Y la cuestión es que siempre que he visitado este reducto del Nueva York de antaño me he llevado una sorpresa. Cualquiera lo recordará porque es donde Tom Hanks inicia sus aventuras como niño mayor en Big, y siempre ha sido un lugar de referencia para artistas y fotógrafos, que acudían allí para encontrar personajes peculiares que protagonizaran sus obras. Entre ellos, seguramente la más venerada es Diane Arbus, que fue la que mejor supo captar la esencia de esa fauna autóctona entre la que ella se sentía tan a gusto. Las atracciones de feria han menguado pero las hay, los hot-dogs de Nathan’s siguen ahí, todo muy cambiado, sin el ajetreo de otros tiempos, de hecho se ha fundado una asociación para proteger lo que queda de Coney Island frente al avance urbanístico y especulativo. Más o menos lo han conseguido. Frente al poderío de Manhattan se encuentra este peculiar paraje que siempre ha ofrecido el contraste entrañable, sin pose, ni pretensiones o engolamientos y mucho más humilde. No sé, es difícil de explicar pero en cuanto estás allí lo percibes.

Hace tres años, cuando lo conocí, era el día del desfile de la sirena y todos andaban por allí disfrazados, y en este inicio del año se había celebrado una carrera de natación en aguas heladas organizado por el Polar Bear Club (en youtube hay un montón de vídeos de ese evento). La competición había finalizado pero por allí se había montado una improvisada fiesta en el paseo al son de éxitos musicales de ayer y de hoy. Hablando luego con uno de los que andaba por ahí me decía “esto es Nueva York, cualquier cosa se puede convertir en una fiesta”. Aquí una muestra, terriblemente amateur de lo que sucedió: simplemente gente de todo tipo y condición, edad y apariencia, bailando espontáneamente, con pura alegría y desenfado, como si no hubiera un mañana. Ruego disculpen mi impericia con la cámara, no se puede bailar, observar y grabar al mismo tiempo pero pienso que tiene el valor de intentar captar la atmósfera de un momento especial. Una amiga me decía al ver una foto que menuda cara de felicidad tenía, como si fuera verano. Y no se puede decir mejor: era verano aunque el termómetro marcara pocos grados. Era verano en invierno y unos completos desconocidos compartíamos un rato de energía vital, de libertad y agradecimiento. Algunos califican de freaks a la gente que para por allí. Bueno, hay gente corriente y hay gente particular. Yo a eso lo llamo personas en su singularidad, sin etiquetas.

Y ahora es cuando hablo de por qué bailo como bailo. En estos vídeos de películas de ayer y hoy se pueden apreciar referencias maravillosas a la hora de saltar a la pista de baile. Con once añitos Dirty Dancing causó sensación, y sigue manteniendo su status de clásico. Ya en la adolescencia Reality Bites y su poderosa Jeanne Garofalo destacando en un papel secundario dio sentido a una manera divertida, nada ligona, de entender el baile. Nadie va a ser tan ambicioso de querer imitar a Tony Manero en Fiebre del sábado noche, aunque aquí Michael Fassbender da una buena lección de lo que es “darlo todo en la pista”. Para mí se trata básicamente de menearse, de expiar malas vibraciones y sentir la alegría en tu cuerpo y compartirla con los demás. Soy consciente de que en ocasiones me posee el espíritu chanante de “demasiada pasión por lo suyo”, pero bailando no hay nada que perder y sí todo que ganar.

[Publicado el 8/1/2012]


5 comentarios

  1. Buena lectura para empezar un domingo! Gran bailoteo de Fassbender y mucha envidia de tu video bailando sin complejos

    • Jajajja! Gracias, Jose. Una sonrisa se te pone seguro viendo todos esos vídeos. Y nunca hay que despreciar el poder rejuvenecedor de una sonrisa que se transforma en carcajada…

  2. Ana S.

    Un artículo simplemente perfecto, un placer leerte en uno de mis rarísimos momentos de paz. Aquí son las 11.18 de esta mañana de lunes y las niñas duermen plácidamente… a ver cuánto margen me dan. Te echo de menos Amparo. Un beso muy fuerte.

  3. ¡Increíble documento audiovisual! Me encanta.

  4. javier melero

    Menudo baile más molón!!!

    Eso es empezar el año con energía :)

    Y los yanquis, siempre a la altura del tópico (imposible no querer volver allí).

    Saludos!

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