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Montgo

Loving Mediterráneo

Conducir el camino de vuelta desde Murcia es lo que tiene, que es una pesadilla, un agujero negro, un triángulo de las Bermudas que pretende llevarte como sea a la autopista para apoquinar. Pero aunque no sea capaz de memorizar los desvíos erróneos que cojo cada vez que tengo que volver de allí, si digo no, es no. Leer más…

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Una ciudad en presente continuo

Vibrante es un estado o una cualidad que no se puede forzar ni fingir, aunque la palabra a veces suene muy manida. El pasado viernes 13 de junio alrededor de 300 personas se reunieron en La Rambleta con ocasión del València Vibrant, foro ciudadano que agrupa a profesionales de la empresa, la universidad, el diseño, la cultura y la comunicación, con una voluntad de cambio para la ciudad.

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Abrimos la puerta

Una mañana de citas con clientes y recados por la ciudad que terminas aprovechando con tu ordenador, sentada en Dulce de Leche (Pintor Gisbert 2), enganchada a su wifi en una mesa rinconera y frente al cristal (las mejores siempre) y disfrutando de un almuerzo interminable. Si a la vez estás bien acompañada, a la escena ya no le falta nada. Hay locales que agradecemos que existan, hacían falta. Ése es uno de ellos. Tras muchas recomendaciones que llegaban de todos lados he conocido por fin el que es probablemente el mejor restaurante italiano de Valencia. Se llama L’Alquimista, está en el Ensanche (Luis Santángel 1) y apenas tiene cinco mesas, así que siempre hay que reservar. Pequeño, sencillo, una trattoria que no vende nada que no es, sino producto elaborado superlativamente, con cuidado y austeridad, sin alharaca. Para una primera vez es aconsejable dejarse llevar con el -muy asequible- menú degustación y tener los referentes para las siguientes visitas, que apenas empiezas a comer sabes que las habrán, y muchas.

En cambio, después de muchos años oyendo hablar de la Feria del Embutido de Requena te decides por fin a ir, organizas excursión, expectación y, vaya, qué decepción. Tierra de cerdo, de gran materia prima, de buenos vinos… Y lo que te encuentras es un evento masificado y sin encanto, en una nave industrial y con nulo interés en seducir al visitante. Lo que te sirven al peso, sin criterio, sin casi ganas, no puede saberte bueno. Pero claro, hay que ir una vez para saberlo, para desmitificarlo. En ocasiones todo esto puede pasar. Porque nada, nada en esta vida se tiene que forzar, y nada se debe dar tampoco por presupuesto.

El otro lunes quedé con Marta para hacernos una Peseta. Hacía tiempo que no iba, y entre semana como me gusta a mí. De allí es la foto que ilustra esta columna. No me faltan ganas ni ideas para hablar de la buena vida, de contar lo que pasa en Valencia, de rastrear por fuera de mi ciudad también, pero aquí vamos a enriquecernos entre todos. Me apetece escucharos, leeros a vosotros también, ampliar la visión. Siempre me ha gustado mirar, observar, encontrar, por eso elegí La Buscadora como nombre para mi blog. Yo aquí voy a seguir, con una periodicidad libre, con más novedades en la web, pero sobre todo van a empezar a entrar vuestros rincones, descubrimientos y rituales de placer, vuestra vida sencilla bonita. Abrimos más la puerta y a ver todo lo que nos encontramos. Os espero.

mercado ruzafa

El día va creciendo

En el Id al cine malditos del viernes pasado decía la mía sobre A propósito de Llewyn Davis, una película de los hermanos Coen (nunca con h, por favor) que cuenta la historia de un músico folk de los años sesenta que lucha para salir del malditismo y vivir de sus canciones. No es el caso de Juan Perro, alias de Santiago Auserón, que este viernes actúa en La Rambleta y por fin presenta su último espectáculo tras la absurda y extraña cancelación que sufrió la que estaba prevista en la Feria de Julio. Auserón de maldito tiene poco, aunque, quizá, para las clases gobernantes lo sea porque dice lo que piensa, es inteligente, sagaz e inconformista. Pero bravo por él, que lleva décadas establecido como uno de los referentes del rock español, grandes letras, discos perfectos con su grupo Radio Futura, icono de los 80, y pensamiento crítico de altura. Una cita que no quería dejar de comentar.auseron

La semana anterior los meteorólogos anunciaban tormentas de fin de semana y al final lució el sol, y en lugar de finales de enero parece que estemos entrando ya en la primavera. Y estupendo. Estos días de sol invicto, cielo azul despejado y deliciosa luz mediterránea llenan de energía, aunque sé de un par de amigas que abominan de este calor fuera de temporada y sienten inútiles sus bonitos abrigos. Ana, Eva, quizá deberíais pensar en mudaros a otras latitudes. Aunque quizá ni así. Veo con regocijo las imágenes del crudo invierno en Nueva York y recuerdo cuando yo estuve viviendo allí y apenas dos nevadas sin incidentes pude disfrutar. A cambio tenemos atardeceres incendiados que nos inundan Facebook e Instagram.

atardecer incendiadoA mí esta época del año me encanta. Enero, febrero y marzo, se prepara la explosión, la cosecha. Va creciendo el día por la mañana y por la tarde, hay alcachofas, empieza la temporada de fresones, y las flores más bonitas, anémonas y fresias, están en su momento. El otro día incluso llegué a ver en un chino tulipanes; tuve que tocarlos para asegurarme que no eran de plástico. En el mismo flaneo de sábado por la mañana, me paseé con tiempo por el mercado de Ruzafa sin comprar pero observando el jaleo característico y el colorido de los puestos. Es verdad que hay alguna barra -soy especialmente fan de la que Ricard Camarena tiene en el Central-, pero es una lástima que nuestros preciosos mercados no exploten esa salida comercial para otro tipo de locales, cuidados y con sello propio, para el disfrute del entorno no sólo como comprador sino como goloso visitante sin prisa que se arrima a una barra y se emborracha con todos los sentidos. Es cuestión de tiempo, seguro. Mientras, esta columna va a empezar a tener cambios, innovaciones. La buena vida necesita un ejercicio de refresco. Manténgase conectados.

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Nuestros lugares de referencia

Hoy pensaba escribir sobre locales de los que te enamoras nada más entrar. Me ha pasado esta semana. Pero me encuentro con la noticia a través de Facebook de que Mancini, ese bar tan bonito en verde y blanco de la calle Moratín, cerca de Barcelonina, no cierra pero ha sido traspasado a una cadena de cafeterías. Qué pena da cuando llega una noticia así. No hay tantos lugares especiales. Como cantaba Chavela Vargas, uno siempre vuelve a los viejos sitios donde amó la vida, y esos sitios pueden ser bares, rincones escondidos de la naturaleza, tu habitación, un lugar al que viajaste enamorada, una sala concreta de cine, una playa,… Si eres un amante de la vida seguramente acumulas unos cuantos de esos lugares especiales, esos recuerdos que nos componen y nos hacen ser quien somos, y aún pasado el tiempo provocan una vibración en tu interior.

Esta semana descubrí una tienda maravillosa muy cerca de la Lonja y de ella quería hablar. Se llama Simple (calle Cajeros, 2), y con un inmenso gusto se propone algo tan sencillo como reunir los productos made in Spain más auténticos y característicos. Algunos de ellos los dábamos ya por desaparecidos (aftershave Floid), otros hacía tiempo que no los veíamos (el botijo, la escoba de la abuela) y también clásicos imperecederos como los lápices Alpino y la soda Barrachina, insustituible para preparar mi coca de llanda. Una idea simple pero tan bien llevada a cabo que sólo cabe el aplauso, la visita periódica y la recomendación. Nunca más llevar a nuestros amigos foráneos a tiendas de souvenirs horrendos, ahora tenemos esta tienda que ennoblece los objetos más básicos y referenciales de nuestra cultura visual. Hay locales en los que entras y sientes un flechazo, y eso me ha pasado a mí -y a tantos-, con Simple, un ejemplo más de la gente inquieta y refinada en Valencia que no se resigna y propone alternativas de negocio desde lo artesanal, lo cuidado y lo auténtico.

Ayer colgaba en mi facebook un artículo de Valencia Plaza sobre estos tenderos audaces, y hoy me encuentro con esa noticia del traspaso de Mancini, un bar al que siempre he vuelto desde que lo abrieron, hace ya doce años (¡¡¡!!!), y resultaba un atractivo oasis de estilo y tranquilidad entre las grasientas y ruidosas cafeterías del centro. En él sobre todo he disfrutado de esos desayunos largos y abundantes con amigos, también de unas cañas frescas y bien tiradas antes de la mascletà o a final de tarde, justo antes de que cerraran. Siempre ha sido un lugar de referencia, donde estar a gusto, charlando o leyendo a solas, con buena música y un servicio relajado y simpático. Las cosas más simples aunque estén ahí para nosotros a veces son las menos obvias, y hay que saber apreciarlas. Cuidarlas, practicarlas, antes de que se vayan, antes de que cierren, antes de que nos las quiten. Está en nuestra mano.

 

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Exilio en la ciudad

He tenido que exiliarme de mi casa por reforma. Eso ha supuesto un poco de caos en mi funcionamiento y el retraso de algunas cosas, como esta columna que en lugar de martes sale un domingo en medio de dos semanas importantes. Hay que ser flexible y plantearse prioridades cuando no se llega a todo. Y aquí estoy, escribiendo en mi casa de acogida, que Marta me ha abierto tan generosamente. Acostumbrada a vivir sola, resulta divertido ir encontrando notas con dibujos y avisos para que me aclare si quiero poner el lavaplatos o si busco el exprimidor, tan necesario para mis zumos de limón matinales. Es curioso porque este piso también tiene unas vistas increíbles desde lo alto, cerca de la Alameda y frente a la ciudad. Parece que estoy destinada a habitaciones con vistas. Yo, encantada. Menos la casa familiar y mi estancia neoyorquina -en que habité un sencillo apartamento en un barrio muy poco hispter de Brooklyn-, todos los lugares en los que he vivido tenían buenas panorámicas. La perspectiva limpia, la visión amplia, la calma de las alturas, todo, tiene un efecto balsámico entre el estrés diario.

Y qué decir, pues que es una gozada volver a estar en la ciudad. No me voy a emocionar, porque son sólo unos días pero poder olvidarse del coche y caminar arriba y abajo, sin depender más que de tus piernas, es el gran pro en la balanza urbanita vs retiro. Las ventajas de la vida apartada ya las he loado muchas veces y la gracia es encontrarle el punto positivo a todo. Lo hablábamos la otra noche Mónica, Israel y yo, mientras devorábamos una ensalada de arroz y unos bocatas en el Melocomo -clásico de adolescencia en el Ensanche-; que no tiene sentido desgastarse dándole vueltas a todo lo que no nos gusta de una situación o de una persona, o ves lo bueno y lo potencias, o a otra cosa, mariposa, que total, estamos aquí cuatro días, no es cuestión de pasarse tres, amargado. Por eso en el “a ver quién puede más”, entrego la victoria sin mucho esfuerzo, no me interesan esas batallas, no tengo tiempo que perder.

tapineriaEl puente de la Constitución y la Inmaculada antaño vaciaban un poco la ciudad, ahora no tanto, y las calles del centro han estado abarrotadas a media tarde, todos preparando ya las Navidades. Al margen de los mercados de siempre, que es época de pisar más a menudo, parece muy interesante lo que están haciendo en el Mercado de Tapinería, que cada quince días cambia todo lo que vende. Hasta el día 15 hay una buena cantidad de puestos donde comprar regalos de Navidad diferentes. Para mí aún quedan lejos, además mis celebraciones especiales las haré antes y por libre. No soy de las que echan pestes, tampoco soy muy fan, simplemente es final de año -el inevitable balance- y época de juntarse un poco más con la familia, aunque no es mal plan para quién pueda, coger un avión y excusar la ausencia. Si hay niños pequeños es cuando todo adquiere otro cariz. Este año que el frío ha empezado tan fuerte en otoño, las pistas de hielo de Nuevo Centro y sobre todo la novedosa en la plaza del Ayuntamiento parecen ideadas para trasladarnos al norte, como si no estuviéramos en nuestro querido Mediterráneo.

 

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Tocar mare

Cuando tienes un trabajo en el que te pasas las horas frente al ordenador, y a veces enlazas con los fines de semana y la lista de tareas no tiene fin, el simple gesto de apagar, de salir, lo es todo. Últimamente un brindis habitual es por las cosas buenas que nos traen las redes sociales, que las hay aunque nos saturen. Ay, Facebook del amor al odio hay un paso…Y el omnipresente whatsapp que nos lleva a todos enganchados es aún peor. ¿Estarían nuestras vidas muy vacías sin ellas? No creo. Mi amiga Mónica lleva más de un mes sin y está encantada, y toda su paz te la transmite. Nos hemos acostumbrado a los antiguos y limitados sms y optamos por quedar a tomar una copa de vino tinto, aunque sólo sea para una hora de charla, para ponernos al día y reírnos un rato. Y sienta de maravilla. Así que bienvenidas las herramientas para unirnos, conocernos, encontrarnos…y después, mejor hacer un uso selectivo de ellas.

Apagar, desconectar, cambiar el paso, dedicar tiempo a leer en otros formatos, a tocar, a palpar a otra persona o mirarla a los ojos, a estar en silencio solo o acompañado, y no solo silencio de no hablar, sino el silencio de parar el runrún interior de preocupaciones, asuntos pendientes, de actualizaciones de timeline y revisión del chorro de mensajes. Descompresión, silencio, cambio de paisaje y contacto, contacto como el de siempre, el de verdad. Tocar mare. Cuánta falta hace.

bar pedroCambiar la ruta, también. Este fin de semana lo he hecho: salir de la ciudad, coger un poco de carretera, madrugar en domingo, conducir cuando no hay tráfico y bajar a zonas de veraneo deshabitadas que tienen ese encanto tan particular. Y he descubierto un lugar al que volver y volver. Por el interior de Denia, el camino que te lleva hacia Jesús Pobre, junto al Parque Natural del Montgó, es un paisaje que remite un poco a Formentera, con campos y espacios que no parecen de la costa valenciana, sobrecargada, sino tranquilos, aparte, sin carteles publicitarios, cuidados, donde se respira aire relajado en una mezcla de colores, ocres y verde, muy hermosa. Si además comes barato y de maravilla en el bar Pedro (Calle Pare Pere, 3) la excursión sale redonda.

La última semana de noviembre siempre es especial. Acaba siendo mi cumpleaños y eso, más allá de celebrar o no, me lleva a voces_muvimhacer balance, a repasar un poco mi vida, echar de menos a los que me faltan, pensar en quién soy, lo que he aprendido, y sentirme enormemente rica por los que están y me quieren. Es un momento contundente del año. Y se mueven cosas. El viernes, eso sí, hay una cita a la que no hay que faltar en el MuVIM. Mi amiga de la facultad, Ana Mansergas se pasó el verano por Kenia con la organización Voces para la Conciencia y el Desarrollo grabando un documental en la casa de acogida Anniban de Lamu con los de la productora Uranes Films. Ahora presentan el resultado, Voces: Soñando culturas, para dar a conocer el trabajo que hacen y recaudar fondos para sus proyectos. Es a las siete y media de la tarde, con jolgorio y concierto de Xibo Tébar y la África Jazz Big Band, además del grupo la Gauche Divine.  No está mal el plan, ¿no?