Robert Juan-Cantavella – "El Dorado" (Mondadori)

Un escritor seguidor del periodismo gonzo -o que trata de llevarlo más allá- recibe el encargo de una de las revistas para las que trabaja de realizar un reportaje sobre las vacaciones en la costa de una familia media de la meseta española, y éste, leyendo en el encargo una segunda misión velada -la de encontrar “El Dorado” en estas tierras- acabará recalando, primero en Marina D’Or y después en el Encuentro Mundial de las Familias que llevó al sumo sacerdote católico Benedicto XVI a Valencia hace unos años. Ése es el argumento básico de El Dorado (Mondadori, ’08), y servidor, valenciano y por tanto “víctima” de los dos escenarios de la trama, no necesitaba más para volcarse en su lectura, con el fin primero y principal de ver qué punta sacaba de ella el joven Robert Juan-Cantavella desde tan particular perspectiva.

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Y el resultado es, cuanto menos, interesante, y al tiempo, poco habitual. Porque si en principio El Dorado se constituye como un diario del protagonista en su proceso de realización del reportaje, pronto pasa a convirtirse en un collage en el que se mezclan realidad y ficción, donde cabe la denuncia más seria y la fantasía más delirante y gamberra; y todo ello acompañado de su guía de montaje, en la que caben desde una entrevista con el protagonista (alter ego del autor en algunas publicaciones) a la explicación de cómo éste habría podido construir la obra (algo que podría ser también falso, pero que encaja demasiado bien con la sensación que transmite el libro como para serlo). Con todos estos elementos Cantavella construye una obra que, pese a todos sus atractivos (especialmente el metaliterario y el del juego realidad ficción), no acaba de tener el cuerpo que sería deseable, aunque se sigue con la curiosidad de saber qué sucederá después, especialmente por parte del público afectado -como un servidor-, que se sorprenderá por ver muchos guiños a sucesos que sucedieron en realidad y en los que se ven implicados los personajes. No obstante, es en la distancia del no conocedor de esa realidad paralela donde debe funcionar toda novela, y quizás no sea mi voz la más indicada para dilucidar si ese engranaje lo hace aquí. Quizás ya lo haga, pero si no es así, espero que el autor no desfallezca y reincida en la propuesta, pues el camino emprendido, insisto, es ciertamente interesante.


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