La libertad de Miguel Poveda

Con Miguel Poveda me ocurre como con alguien de la familia al que contemplas crecer y del que te enorgulleces viendo su evolución. Son muchos años siguiendo sus pasos, de menos a más porque una vez lo conoces y lo ves actuando ya no hay vuelta atrás y el enganche es total; todos repiten.

Foto de Maxi del Campo

Porque Miguel es especial, lo transmite de lejos y lo confirma de cerca. En casa la broma al principio siempre era sobre el parecido del tenista Rafa Nadal con él, y de ahí a la columna dominguera que años ha publicó Elvira Lindo, que fue el principio de muchas cosas bonitas. Poveda ha estado siempre unido a momentos y personas importantes de mi biografía.

Recuerdo la primera vez que lo vi en el Festival Flamenco de Torrent de 2004. Había oído hablar de él, visto alguna película en la que aparecía muy jovencito, le había escuchado en la radio: el payo de Badalona, la revelación del cante. Me despertaba curiosidad. Al día siguiente iba a ver al maestro Enrique Morente pero tenía claro: a ese Poveda lo tenía yo que descubrir. Ellos dos marcaron mis pasos iniciales en el flamenco, con ellos me enamoré y muy intuitivamente fui tanteando, y escuchando todo lo que iba cayendo cerca. De aquella noche, curiosamente ya escribí aquí en La buscadora. Son los detalles sutiles los que delatan a una persona libre, auténtica. De Poveda fue mi primer concierto flamenco. Al principio y si no lo has mamado resulta arduo, en general provoca reticencia, pero viene muy de dentro y si uno se abre y se deja hacer, la conquista está asegurada. La fuerza y sensibilidad que yo vi en aquel escenario del Auditori me atraparon. Al día siguiente comencé a recopilar sus álbums; la de veces que habrá sonado Pastueño en mi equipo de música… Desde entonces ya van siete actuaciones las que he visto de él, solo o en colaboración con otros artistas. Y la evolución es palpable, impresionante.

Largo recorrido

Hasta hace un tiempo todavía se hacía referencia en todo lo que escribían sobre él a las suspicacias que despertaba entre puristas del flamenco que veían sacrilegio su tendencia a incorporar otras músicas. Su lista de intereses toca casi todos los palos: jazz, tango, copla, fado, música contemporánea, cançó catalana, música sufí…Ha trabajado con Martirio (el recuerdo de aquel concierto en el Teatro Español aún me hace añorar el disco que nunca se ha grabado), Rodolfo Mederos, Mariza, Maria del Mar Bonet, Perico Sanbeat, Marina Rosell, Marcelo Mercadante, Serrat,…, además, claro, de las colaboraciones con flamencos, como su compinche a la guitarra Chicuelo, Carmen Linares, Duquende, y un sinfín más. Faltaría un proyecto con algún grupo de rock a lo Omega, con actuación en el Auditori del Primavera Sound incluido, lo estoy viendo…-.

Recuerdo especialmente la época en que andaba con los poetas catalanes entre manos, con el piano de Agustí Fernández primero y luego Joan Albert Amargós, y que dio como fruto -delicioso fruto- su disco Desglaç. De hecho, es por esa época cuando yo tuve la ocasión de entrevistarle. Me veo a mí misma aquella tarde en su camerino y a él atolondrado con los preparativos del concierto en el Ateneo de Valencia -la primera vez que aquel repertorio salía a la luz-, y no puedo menos que sonreír: vistos ahora, tiernos infantes éramos. Aquellas dos actuaciones fueron apoteósicas, el público valencianoparlante se asombraba con la delicadeza de ese cantaor que estaba haciendo suyos los versos de Maria-Mercè Marçal, Jacint Verdaguer, o Joan Brossa. La fiebre se empezaba a extender a otros ámbitos. Al año siguiente, en 2006, volvió por Valencia para una noche particular en el claustro de la antigua Universitat, el concierto estrella del Festival Ensems. Los espectadores paseábamos por el escenario entre cuadros de Sean Scully, con el Coro de la Generalitat atronando, bajo la dirección de Mauricio Sotelo y Joan Cerveró, en lo que era una mezcla de cante jondo, música clásica y los Sonetos del Amor Oscuro de Lorca. Una rareza alucinante con la que no muchos se atreverían.

Y con todo eso, él tenía que defenderse, justificando, explicando lo obvio, que como ser humano despierto y con impulso creativo tenía curiosidad por diversas disciplinas artísticas, que andaba investigando, aprendiendo, nutriéndose, aún reconociendo que su leche materna, de donde venía, había sido el flamenco, la música del Sur que traían sus padres, emigrados a Cataluña. Luchar contra los corsés que a uno le colocan es pesado y da pereza, aunque a veces no queda más remedio. Ahora ya todo eso es pura anécdota. Porque conforme pasan los años, los discos, los conciertos, el aplauso es más unánime. Y no es de esa unanimidad prefabricada sino la que viene avalada por los hechos, por el emoción contagiosa de las obras hechas con arte, sentido, voluntad, cariño, respeto y pasión, mucha pasión.

Su carrera se ha reafirmado desde que ganara el Festival de Cante de La Unión en 1993, y ya no escriben de él solo especialistas, como Ángel Álvarez Caballero al que yo leía en El País, o lo promueve Jesús Quintero. Y cuando publica está entre los más vendidos, y se lleva premios, y colabora con Pedro Almodóvar, y en la revista Rockdelux lo encumbran -esto no es nuevo, siempre le han seguido, respetado y aplaudido- y sale en un especial de TVE, y hacen un reportaje sobre el fenómeno en EPS, y llena el Teatro Real. Y los que le queremos nos alegramos, porque no pretendemos esconderlo cual placer exquisito y clasista, porque ese cariño que todos los que lo han visto conocen, hace que nos haga felices compartirlo, que se propague el amor Poveda. En esta época en la que es tan difícil vender, estar y quedarse, su éxito ni es gratuito ni es cualquier cosa.

Último concierto en Valencia

Este fin de semana he vuelto a ver a Miguel Poveda en acción en Valencia, por séptima vez. Y lo que presenciamos -Estefanía y yo- en el Palacio de Congresos fue una auténtica borrachera de concierto. Tres horas sin parar, bulerías, fandangos, tientos, tarantos, coplas, primero siguiendo la ‘setlist’ de la gira que presenta su último trabajo, ArteSano, y luego ya dejando paso al desvarío que transforma un espectáculo en jam, en improvisación, en jaleo, con todo el auditorio en pie. Da gusto verle crecerse sobre el escenario, con músicos, palmeros y bailarina tan bien acoplados, y sueltos a la vez, como él, que se le ve liberado y ya sin timidez se arranca con el baile, entona un “Viva el ser humano” o un “Nos vamos pa’ Jerez“, pasa de los micrófonos, canta a las injusticias del mundo, se moja con el tema taurino,  y homenajea al gran Camarón, Lole y Manuel o Fernando Terremoto, y dice ante las peticiones que le gritan “no os preocupéis que lo voy a cantar todo“.

Hoy por hoy no es habitual tener ese despliegue de poderío, esa generosidad que se sale del guión de “lo que venimos a tocar”. Es un lujo verle tan a gusto en su piel, tan vivo, amueblado, lleno de fuerza y comunicarlo de tal manera al público. A mi lado un señor mayor que acudía solo, no podía contenerse, “los pelos como cepillos”, me espetó al rato de empezar la actuación. Y ese es el súperpoder que tiene Miguel, que sea donde sea, en el Liceu o en un pequeño auditorio de provincias, por España o por Francia o en Nueva York, allá donde va se entrega por igual, contagia, y te ensancha, y hace que el cuerpo se te vaya detrás, al Sur, aFoto by mel universo, a la ligereza, al sentimiento.

Cuando vi que llamaba a su último disco ArteSano no pude evitar fijarme en el juego que ofrecía la palabra. Lo que se hace de primera mano, con mimo, sin trampas, conectado a la tierra. El arte como salud, medio para conseguirla, y medio de expresarla. No hay duda de que él está en plena forma a todos los niveles. Lo sano de la naturalidad, la libertad de ser quien uno es, y expresarlo. Esa gente que está y es en el mundo tal cual, auténticos, más allá de etiquetas, valientes, bellos. Ver a Miguel Poveda expandirse es uno de esos gozos raros, porque esa expansión va con su generosidad, la de quien está libre de encorsetamientos. Para una persona así los límites no existen, y para los demás es tanto un regalo como una inspiración.


1 comentario

  1. Elvira Petra

    fenomenalmente explicado, gracias por compartirlo

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