La Buena Vida brilla y brilla

La relación que se tiene con las canciones de La Buena Vida es de parentesco, de asunto íntimo. Ninguno de sus seguidores diría lo contrario. Te pueden gustar o no, es cuestión de conexión, pero una vez entran siempre van a estar, runrún de fondo o recurrente, entrelazados a tus avatares personales. Y en ocasiones vuelven con fuerza, como ahora, con la publicación del cd homenaje a Pedro San Martín -bajista del grupo donostiarra- en el último número de la revista Rockdelux (julio-agosto 2012).

Alicia Aguilera Rockdelux

Son una de mis bandas sonoras. En cuestiones musicales tengo a cinco magníficos, los nombres fundamentales: La Buena Vida, Nick Cave, Portishead, Surfin’ Bichos/Chucho/Fernando Alfaro, y PJ Harvey. Son diversos, hasta dispares, infalibles, tuvieron y retuvieron -que ninguno acaba de llegar ni últimamente han parido sus mejores obras-, pero no me canso, mantienen intacto su poder da igual las veces que los escuche o el tiempo que pase. Cuando di con ellos era como si algo encajara rápida y muy profundamente, y a la vez formaran parte de mí de antemano. Hay muchos más, claro, pero después de ellos que son los tótems. Con LBV la primera adquisición fueron dos vinilos en Amsterdam -mítica tienda de Valencia-, su segundo disco y el ep Magnesia, una deliciosa mezcla de colores naranja, por un lado, y verde-amarillo por el otro. Aquellas texturas, la discográfica llamada Siesta, el nombre del grupo, la extraña sencillez de sus portadas, su aire fuera de modas, sus desacomplejadas melodías,…menudo tesoro. Empezaron a sonar non stop en el comedor de casa y a partir de ellos conocí el Donosti Sound, Le Mans o sobre todo Family. Qué gran época.

Siempre que alguien me habla de letras de calidad en la música española me pongo a temblar. Normalmente el comentario va unido a nombres repetidos: Sabina, Bunbury, últimamente Vetusta Morla. Yo pienso en LBV -o tantos otros que no son masivos-  y que pegan mil patadas en sutilidad, en poesía, en dimensión. Lo que pasa es que la estrechez de miras hace que se les tache de cursis o sentimentales, como si lo sentimental (de sentimiento) fuera algo vergonzoso o ajeno, sonrojante, a ocultar, tamizado por el barniz de la seriedad, del ceño fruncido de los hombres serios/rockeros/intelectuales. Ja!

Fui a recorrer lo que va de la luz al miedo y te encontré justo en medio.

Ahora ya su valor es incontestable pero durante años fueron discutidos. Su ligereza inicial, el punto de inflexión que fue el grandioso Soidemersol y sus primeras orquestaciones, el (para mí afortunado) experimento electrónico de Panorama, y su prolífica etapa final. Todos discos son como soles, sin olvidar eps extremadamente cuidados, con algunas rarezas que son de las canciones más tremendas del grupo (léase Blues por Charlie, H. Powell o Se parece tanto a ti).  Piezas como Desenfocada, Magnesia, La historia del señor Sommer, Menta y Agua, Buenas cosas mal dispuestas, Calles y avenidas, o Qué nos va a pasar -donde más cerca estuvieron de los 40 Principales-, entre otras muchas. Momentos de gloria, en su vitalidad y en su melancolía.

El festival PSM -por sus iniciales-, organizado por su gente más cercana con el apoyo del Primavera Sound, se celebró el 29 de octubre de 2011 en la Apolo de Barcelona a modo de fiesta homenaje a Pedro San Martín, que había fallecido en accidente de tráfico el 15 de mayo del mismo año. El grupo ya había entrado tiempo atrás en una fase de extraño impass tras la partida de su vocalista principal, Iranztu Valencia dos años antes al poco de ser madre -junto a Javier Sánchez, otro de los componentes de LBV-.  Por allí pasaron amigos como J, Nacho Vegas, Fernando Alfaro, Joaquín Pascual, o sus compañeros de LBV reunidos bajo el nombre Sgt. Peter’s Apolo Hearts Club Band; todos tocaron canciones del repertorio de la banda compuestas por Pedro (aquí un precioso obituario)

Es tan grande el silencio que hay alrededor…

Hasta bastante tarde en su carrera eran una banda que no daba conciertos, no se sentían seguros, decían. Pero luego nos resarcimos con variados directos en teatros, salas, festivales al aire libre, en Valencia, también escapando a Madrid alguna vez. Y es curioso, la de veces que habré escuchado la crítica a la entonación de Irantzu y Mikel, con sus particulares voces, y en este cd -muy especial en su imperfección- nadie logra llegar dignamente a ella, acaso J en el corte 12. El conjunto es emocionante y sentido, que es lo que procede. Yo me quedo con Pedro I El Grande compuesta ex-profeso por los amigos AMA y las cuatro últimas del disco, a cargo de los más allegados.

Me cuenta Jose Miguel Garanto que Iranztu andaba entre el público aquella noche pero pese a las peticiones no subió en ningún momento al escenario. Una noche demasiado dura (aquí el relato de Rosa Martí, su novia). Siempre quedará la duda respecto a los motivos, de la desaparición del grupo, de que no quisiera cantar ella aquella noche por última vez. Un sabor amargo queda y el misterio alrededor de una banda que ha sido sobre todo luz, luz, inspiración, calor, y que sigue brillando. LBV es muchas cosas, a mí me apena, me acompaña, me explica, me abraza y finalmente me ensancha. La Buena Vida perdura. Siempre ahí.


1 comentario

  1. Precioso. Muchas gracias por tus palabras.

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