Benvinguts al Cabanyal

Como cada año desde hace trece por esta época el Cabanyal abre sus casas a forasteros con la celebración del Portes Obertes. Este barrio, estandarte de la lucha ciudadana en Valencia ante los atropellos del Ayuntamiento, no se ha resignado ni mucho menos y con actividades como ésta demuestra que está muy vivo y además se da a conocer. La iniciativa ha ido creciendo con el tiempo.

No sé a quién concretamente se le ocurriría pero siempre que voy todos coincidimos en que es una idea sensacional. En la Plataforma Salvem El Cabanyal llevan tres lustros en primera fila de la lucha contra la destrucción del barrio y este acontecimiento se ha convertido en cita anual ineludible, llena de encanto y espíritu festivo. Porque si durante el año hay reuniones semanales, manifestaciones, actuaciones judiciales,… estos quinces días son para mostrar las mejores galas, para movilizarse desde el sentido lúdico, poniendo el énfasis en el orgullo de clase (sí, eso, por mucho que se empeñen, todavía existe, que lo dice hasta Warren Buffet), en la alegría de las casas (y sus magníficas terrazas), en la charrada y en la idea de compartir.

Nunca nos terminamos de creer eso de que entras en casas particulares para verlas sin cortapisas. Por mucho que repitas siempre acabas sintiéndote un poco azorado invadiendo la intimidad de desconocidos, que sin embargo se muestran hospitalarios y parlanchines para contarte mil y una anécdotas técnicas del proceso de rehabilitación, historias de vecinos, para acabar casi inevitablemente todos con la vena hinchada por la actuación del ayuntamiento y la fijación personal de la alcaldesa Rita Barberá con el barrio. Pese a todo, todos estamos de acuerdo en las buenas sensaciones al respecto. En esto la crisis del ladrillo ha venido de maravilla.

Un amigo que no conoce mucho el Cabanyal-Canyamelar me preguntaba un día, ante mi fijación por la zona, qué tenía aquello que me atraía tanto. No hace falta más que ir por sus calles un poco, entrar en sus comercios, cervecear, para entenderlo. Muy lejos de la visión sensacionalista y miserable del programa Callejeros –que tanto les gusta explotar, por otra parte, vayan a la ciudad de España que vayan-, te encuentras un barrio marinero de sabor único, acogedor, radicalmente diferente al resto de Valencia. Como vivir de repente en un pueblo. Y el mar.

Aunque yo diferencio los momentos-mar de los momentos-Cabanyal. Cuando voy al Cabanyal me regodeo entre esas calles y esos locales esplendorosos, y prefiero dejar el mar de fondo, tan solo entrevisto. Lo cierto es que muchos de los edificios más emblemáticos del barrio ya se han echado a perder o han desaparecido, una arquitectura modernista de estilo popular única que no es que no se haya cuidado es que se han propuesto destrozar. Y ahí está la Antigua Lonja del Pescado, expectante ante el futuro. Mi tendencia a la melancolía, además de la decencia, me une a estos lugares, qué se le va a hacer.


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