Dominique A

La cadencia del recuerdo según Dominique A

No hay por qué tener prisa, no siempre y sobre todo no para las cosas importantes. Ni para avanzar fases en la vida, ni para retroceder y hacer balance de ellas. El músico francés Dominique A máximo representante de la nouvelle chanson, se ha tomado su tiempo para volver al pueblo donde pasó su infancia y enfrentarse al que él cree que fue y sus circunstancias. Aunque toda su obra creativa, sus canciones, se hayan nutrido de ello, como cualquier ser humano viene marcado por quién fue de niño, él mismo ha dicho escribir que una novela, incluso una breve como ésta, es algo muy diferente.

DominiqueA_libro

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El título de esta nouvelle autobiográfica no lleva a engaño. Regresar, eso es lo que se propone Dominque Ané, ni más ni menos, pero no en plan abuelo batallitas, claro. Sus discos ya nos hablan de su tendencia a la nostalgia pero no desde un punto de vista ñoño sino contundente, a fondo, a tripas fuera. Y a la vez, todo, con clase, con mesura, con elegancia apasionada, sin exhibicionismo histriónico, de manera muy consciente. Dominique A es un artista de verdad, valiente, que se atreve a la desnudez y lo muestra: “(…) esta vez persevero porque me animan, y porque escribir quizá consista también en eso: en reconocer la impotencia de hacerlo y en ponerse a ello pese a todo. Vivir nos enseña aunque no sepamos hacerlo, y en cualquier caso vivimos.”

En enero pasado, antes de que el libro se tradujera en España (solo unos meses después de su publicación en Francia), pude volver a verle en concierto presentando su último álbum, Vers les lueurs, el décimo de su carrera. Años atrás era un hombre orquesta dando recitales en colegios mayores y labrando con mimo su consolidada corte de seguidores en giras muy largas por nuestro país, que tanto le ama. Esta vez asistí a una actuación con toda una estupenda banda y el despliegue convencional para un gran músico de asentada carrera. Y fue un gozoso espectáculo: dos horas de concierto sin mirar reloj ni guiones, con repaso a sus últimas canciones pero también a sus clásicos; la entrega de alguien generoso que no responde más que a sí mismo y goza compartiendo, conectando desde el escenario.

Así, como se enfrenta Dominique A a los directos ha escrito también este Regresar, publicado por Alpha Decay. Y en apenas 80 páginas regresa a ese momento clave que es el tránsito de la infancia a la adolescencia y la mirada extrañada al mundo y a uno mismo que todos tenemos. En Provins, un pueblo gris a menos de 100 km de París, el protagonista se siente un marciano y trata de buscar sentido y lugar en lo que le rodea, y lo empieza a encontrar en la música: “Desde mi cuarto oigo una música que sube desde el salón. En la parte inferior de la escalera gira un vinilo. Me pongo a observar la aguja que cava los surcos, como presionando sobre un punto de dolor que hace elevarse una voz quejumbrosa. La voz evoca la muerte de un amor en un país lejano. La tristeza de este canto no me desanima: al contrario, hace que la mía se despoje de su carácter exclusivo. Sumergirme en ella me aferra a una humanidad de la que no encuentro vestigios fuera de mi casa“.Dominique_A_conciertoVLC2013

Dominique vuelve a esos paisajes y ese niño que fue con honestidad, como hace en sus discos. No es la honestidad del blanco o negro, de una pretendida realidad objetiva… porque, ¿acaso eso existe? Se acerca con voluntad de búsqueda, de profundizar, de entenderse, de explicarse…y se sorprende con lo que encuentra. “Sin anunciarse, el pasado ha resurgido para permitir que me oriente en mi nuevo entorno vital y para notificarme que, viva donde viva, él sigue llevando las riendas. La facilidad con la que se ha deslizado en mi música me recuerda que nuestros vínculos siguen intactos.“Ahí está la verdad. Como la canta también en maravillosas piezas como Le courage des oiseaux, Vers le bleu, Je ne respire plus, Milos, Inmortels, o Rendez-nous la lumière.

Con la misma sensibilidad que compone Dominique A ha escrito estas páginas que al final han quedado tan depuradas en menos de un centenar. Son pinceladas, impresionismo literario, que alumbran desde el tanteo toda la amplitud de la experiencia y el recuerdo. Y así, se lee a sorbos cortos pero intensos, para volver y releer, para atesorar reflexiones en las que cualquiera se puede reconocer: “El silencio de estos ratos finales del día mantiene a distancia todos los miedos. Aquí, los peligros que convierten la vida y el trato con los otros en algo abrumador no tienen vigencia, y podría permanecer durante horas con mi madre, al lado de esta cabina, sobre este tramo de acera por donde no pasa casi nadie, mientras la máquina descuenta el tiempo y las palabras intercambiadas“. De lo más pequeño a lo más grande; la microhistoria que se hace universal. Quiénes fuimos y quiénes somos.

[Publicada el 15/09/2013]


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