It is what it is

Esta frase –es lo que es-, para simplificar una voluntad de estilo. La sencillez y el estilo directo hechos deliciosa literatura. A veces esa literatura es periodismo al inicio, o viceversa, o no. Así es cuando pienso en algunos ejemplos de este estilo, así a vuela pluma, empezando por el Truman Capote de A sangre fría –y en sus maravillosos relatos de Música para camaleones-, Alice Munro o Joan Didion, y siguiendo, más cerca en espacio y en tiempo, con John Carlin o Enric González. Y ahí está, también, Elvira Lindo.
Me la descubrió como autora una antigua amiga, que se partía de risa con sus columnas Tinto de verano en El País. Yo conocía su vertiente Manolito Gafotas en la radio (maravillosos momentos del fin de semana que compartía con mi madre), sus colaboraciones con Miguel Albaladejo en algunas películas entrañables pero aún así me resistía, años ha, a leer esas columnas. A veces puedo ser un poco cuadriculada y leer humor así a priori no me atraía, igual que suelo decir que nunca, ni de pequeña, me han gustado los dibujos animados. Demasiada seriedad ya de niña, y la verdad, qué bien que en la vida se aprende. Una aprende la sabiduría y la salud que generan una buena risa.

Me voy por las ramas como suele ser habitual. Todo para contar el camino que me llevó hasta profundizar en los textos de Elvira en una época determinante de mi existencia, en que se entremezclaban muchos sucesos y una inquietud personal –la de escribir-, siempre en ciernes, siempre de fondo. Sus artículos, más o menos largos, y sobre actualidad o sobre las cosas de la vida, según el día de la semana que fuera, sus colaboraciones en revistas, sus novelas más personales, de repente un día me iluminaban con esa gracia preciosa que te hace emocionarte y a la vez sonreír.

Admiro mucho la limpieza en la escritura. Produce en mí un efecto refrescante e inspirador. Y eso me ha ocurrido, de nuevo, leyendo Lugares que no quiero compartir con nadie, un libro “sobre Nueva York” del que le había oído hablar a ella hacía tiempo y que casualidades de la vida (en las que no creo, por otra parte) ha sido publicado casi a la vez que yo emigraba a esta ciudad. En principio lo tomaba como un paseo por su ciudad de adopción, que a veces entreveíamos en sus columnas dominicales; así es como se ha vendido en los medios de comunicación. Y está bien. Funciona a la perfección como guía personal de viaje, todos los lugares que recomienda tienen encanto y solera. Aunque como todo tesoro encierra otras sorpresas.

La sorpresa fue que me encontré con alguien que se desnudaba en las primeras páginas, que mostraba sus contradicciones y miedos más íntimos, con el paisaje de fondo de la gran ciudad. “Lo que yo desearía en la vida es saber nadar por la superficie”, esta frase tan redonda y rotunda es buen resumen de todo lo que aporta el libro. It is what it is. La autora no juega a poses ni a cuentos, y habla de su Nueva York teñido de experiencias particulares que le generan amor al lugar, con alguna dosis de ambivalencia, inevitable en tan brutal urbe.

Tengo claro, aun siendo nueva aquí, que Lindo describe muy bien el espíritu de la ciudad. Apasionante y sin concesiones. Y va saltando de escena en escena, como si de una ardilla de Central Park se tratara, para pintar todo el cuadro del libro. Taxativa al hablar sobre ese lector que le contó su deseo de aterrizar en el JFK con su mujer y su hija para abrirse camino en una ciudad que alimenta tantos sueños como luego destruye. Divertidísima al describir el plantel de su gimnasio en el Upper West, su posible guía culinaria para gordos –mano a mano con el compinche Xavi Menós-, la cena con un sacerdote amigo suyo y respectivo novio, roedor invitado incluido, o la conversación con su marido acerca de un artículo del New York Times sobre suicidios. Detallista al revelar proyectos de libros truncados, sobre Federico García Lorca o Truman Capote, sucesos reales de la historia de Nueva York o al hablar de J.D. Salinger. Y entrañable al relatar momentos particulares de su familia, su hijo, su marido, y mostrarse abiertamente vulnerable o cansada con determinadas obligaciones profesionales. Hacia el final, las páginas en que describe su visita a la casa de Louis Armstrong en Queens son directamente para enmarcar. Es de esas veces en que estás leyendo un libro que te hace emocionarte hasta las lágrimas con sus palabras para acto seguido provocarte una sonrisa incontenible. Y esa calidez no es fácil de encontrar por ahí.

N. B.: Aquí la página que han abierto para compartir impresiones, fotos, lugares favoritos, con los lectores. Una bonita idea.


1 comentario

  1. ¡¡En mi familia somos muy, muy fans de Elvira Lindo!! ¡¡Pero como actriz!!! Semos pobres pero raros :P

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