brindis

Brindis o lamento

Que la vida iba en serio

uno lo empieza a comprender más tarde

-como todos los jóvenes, yo vine

a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería

y marcharme entre aplausos

-envejecer, morir, eran tan sólo

las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo

y la verdad desagradable asoma:

envejecer, morir,

es el único argumento de la obra.

En torno a este poema (No volveré a ser joven) de Jaime Gil de Biedma hace unos meses se inició un debate entre colegas de twitter, sobre si era un texto pesimista o sencillamente una llamada a exprimir la vida. Recuerdo a Marta Ortells o Javier Mallo entre los que intercambiamos impresiones. A mí particularmente siempre me ha parecido más bien lo segundo, supongo que porque casa mejor con mi actitud vital: consciencia en lugar de lamento.Gil Y desde entonces le daba vueltas a escribir un post sobre todo esto. Noto que este 2012 y esta crisis -que no es solo local o nacional, sino de pensamiento global- hace que personas que nunca hablaban de sentimientos y cuestiones metafísicas, muy alejados de manuales de autoayuda, ahora se abran con facilidad a cuestionar -pero de verdad y no a lo Paulo Coelho- la forma en que hemos organizado nuestro modo de vida, la escala de valores, lo que verdaderamente importa.

No soy muy fan de las citas sin contexto, pero con esta de Carl Gustav Jung se dice todo: “Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma”. Gil de Biedma habla del envejecer, morir como únicos argumentos de la vida, y aunque hay más, básicamente estos son los que marcan la escala para no andar desaprovechando oportunidades y el tiempo que tenemos, que ciertamente no es infinito. Se puede tomar como un poema agorero, aunque ignorar lo más real y seguro que existe -vas a morir- es absurdo e inútil.  La muerte es el horizonte que lo pone todo en su sitio, que ordena, la única certeza con que contamos y las ganas de vivir mientras tanto, su antídoto.

No hay edad para vivir, para empezar nuevos proyectos y aventuras, para aprender, para hacer, para disfrutar. Cuando se cumplen años lo suyo es celebrarlo porque existir no es gratuito, no viene dado, hay muchas muertes prematuras, en cualquier momento te puedes esfumar, y ese es el toque de atención que da este poema, que hace confrontar la realidad más cruda. “Escucha hermano el hecho cierto, hoy estás vivo, mañana muerto“, repetía alegremente la comparsa de El séptimo sello, de Ingmar Bergman. Aunque se puede vivir de muchas maneras, claro. Cada uno decide. Soy partidaria de aliarse con los miedos y sacar el máximo de este viaje, sin aires reguleros ni victimistas. Tampoco me va la inconsciencia del vive rápido y deja un bonito cadáver a lo James Dean -que también se deja entrever al principio del poema- ni el eterno ‘peterpanismo’. Ni a lo loco ni pasivamente, sencillamente despiertos. Ser quien uno es. Habitarse conscientemente, saber dónde estamos, gobernar la propia existencia con soberanía, y nunca nunca nunca desistir de uno mismo como decía Clarice Lispector. Con la fuerza de ese centro claro, melan2nadie ni nada puede con nosotros. Y es en esa estela que, por ejemplo, la protagonista de Melancholia se dirige segura al gran final, dando la cara. Aquí el filósofo Slavoj Žižej habla precisamente del profundo optimismo de la película de Von Trier; no puedo estar más de acuerdo.

Leyendo sobre Gil de Biedma descubro que precisamente este poema lo escribió al llegar a los 35, justo la edad que cumplo yo hoy. Me impresiona la coincidencia. He dicho al principio que siempre que lo leía yo lo tomaba como un acicate y un impulso para vivir al máximo con toda consciencia. Sé del nihilismo del autor, de su encierro de los últimos años y muerte por enfermedad siendo aún demasiado joven. Pero ahí está para tomarlo y hacerlo propio. Que todo esto va en serio, que no es un ensayo general para nada que va a venir después, que esto es lo que hay y allá cada uno con lo que hace. Algo importante está claro: si tengo miedo a algo no es a morir sino a vivir amargamente. Morir no está bajo mi control, afortunadamente hacer que mi vida sea rica, sí.

[Publicado originalmente en noviembre de 2012]


1 comentario

  1. Marta Ortells

    Que no queda tiempo para dudar ni temer nuestros pasos. Que hay que decantarse hacia un lado. Y como el vino, tendremos que decantarnos y oxigenarnos… Para servir bien de algo.

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