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Una ciudad llena de posibilidades

Hacer de un domingo cualquiera un día especial es una meta importante. Importa desde el mismo momento en que eliges estrenar ese vestido sencillo pero bonito que te has comprado en la nueva temporada de Monki, la tienda acogedora de la calle Calatrava con dueña también acogedora que además es ilustradora. Todos los detalles son importantes pero no hace falta trabajarlos con énfasis, sino simplemente proponerse un domingo fresco, nuevo. Levantarse pronto, caminar por la ciudad despejada y probar nuevos sitios, como Los Madriles, local histórico de la avenida Regne de València ahora remozado con el añadido de ‘Nueva Taberna’ pero manteniendo el buen hacer del que había oído hablar. Allí el vermut sabe muy rico, entre una clientela variada, de muy mayores a muy jóvenes y en la vía más emblemática del Ensanche. Son terrazas apetecibles más aún desde que Ruzafa está todo levantado y resulta un poco repetitivo. Lo hablo con muchos amigos, hay que descubrir nuevos lugares donde cenar cualquier cosa no te salga por 15 € de la manera más absurda.

El cocido de Los Madriles

El cocido de Los Madriles

Después del vermut, tan delicioso, sin preverlo vino la tentación del cocido madrileño, que tradicionalmente hacían los miércoles y que ahora por lo que se ve, se ha liberalizado, como todo. No lo había probado nunca aunque finalmente es como el cocido de Navidad que he adorado toda la vida. El camarero nos previno de su contundencia pero tampoco fue para tanto, la ración es estupenda, sin prisa se finiquita maravillosamente, y aún queda hueco para alguno de los postres caseros (glups).

Y una cosa lleva a la otra, claro, a un largo paseo por el río, el mayor emblema de la ciudad, como bien recoge aquí Vicente Molins para la revista Jot Down. Se puede recorrer de muchas maneras y cada uno tiene su tramo favorito. Como en ese artículo yo también pienso que la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Santiago Calatrava resulta un pegote marciano y vacuo, sin embargo ya empiezo a tomar en consideración lo que me dicen varios amigos llegados de fuera, que con gusto y criterio lo celebran como un conjunto peculiar y atractivo.

Para lugares con encanto, el Botánico -oasis de paz-, llegar hasta él y recorrerlo de otro modo. Hay días inspirados y bien acompañados para mirar tu propia ciudad con otros ojos, benevolentes e ilusionados, aunque aún así la vena exigente surge y te preguntas ¿por qué no una terracita sencilla, nada, seis mesas, cerca de los invernaderos? Sería fuente de ingresos y un bonito lugar para tomar un café, para escuchar los conciertos de jazz que se organizan… Por estas tierras a veces falta imaginación para el negocio. Algo aperitiverque no les falta a los chicos de Verlanga, como pudimos ver en su presentación en el PechaKucha de la semana pasada. Estesábado empieza su ciclo Aperitiver en el Tulsa, y también la terraza pop de Rambleta anda ya en marcha. El Russafa Escènica ha vuelto a ser un éxito, y esta semana se inaugura una de las exposiciones de la temporada, la de El Roto en la sala Martínez Guericabeitia de la UV. Sus viñetas son la mejor crónica social de nuestro país, no ahora en plena crisis, demasiado evidente, sino desde hace muchos años, como visionario de la España negra. Hay días que lo ves claro, sí, Valencia está viva, ¡Viva!

 


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