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Un martes por Barcelona

Cambiar de ciudad siempre es refrescante, pero si además es entre semana, la sensación de placer fugitivo, robado, es aún más grande. Los sábados y domingos es más evidente el movimiento, la holgazanería, los gestos de bon vivant, y aquí ya sabéis, lo que gusta es no lo-tan-evidente. Por asuntos profesionales tenía que visitar Barcelona, y además en días laborables, haciendo la unión perfecta entre la adrenalina del trabajo, los proyectos y las citas, y la buena vida que es mirar una ciudad como visitante tranquilo, sin estrés turista, como un caminante cualquiera. Y ahí en medio, entre las dos facetas, un hilo conductor, la creatividad, que se activa para sacar el máximo rendimiento a cada hueco.

Mucho tiempo sin ir a Barcelona, la capital más cosmopolita de España -en la que todas las marcas internacionales prefieren abrir su primera tienda- con la que yo tengo sentimientos ambivalentes y a la que desde Valencia nos une esa estupenda combinación de tren en tan sólo 3 horas. Con muchas ganas y el susto de casi perder el primer tren de un lunes, allí me planté y con el aliciente extra de cualquier plan, que es poder compartirlo. No sé a vosotros pero a mí estar en una gran ciudad siempre me da un plus de empuje y de inspiración, me pone bien las pilas. De la última vez que estuve en Londres surgió la decisión de empezar un blog y el nombre de la buscadora. Y seguimos. Aunque suene a tu prima la del pueblo, disponer de una red de metro extensa para llegar a cualquier punto, y con servicio constante a los valencianos, quizá, nos produce una emoción especial por tan desconocida. Quizá sea eso (guiño guiño).

Los días que he pasado en Barcelona, para más inri, coincidían con el Mobile World Congress, la feria más importante a nivel mundial de tecnología móvil, y la ciudad es un eco constante de ello muy curioso de experimentar. Visitar el MWC y contemplar también los alrededores es un espectáculo que tiene algo de fascinante, con su hormigueo constante y su particular fauna de congresistas techies -y no muchas mujeres, con acreditación al cuello como el cascabel del gato aún estando muy lejos del recinto de L’Hospitalet de Llobregat. Nada de lo humano me es ajeno, es una de mis frases referente. Y no hay que dejar de sembrar.

bacoa

Bacoa

Las ondas intensas de una gran ciudad que no es la tuya, la novedad, ese cambio de ritmo en tu rutina, la sensación que solo a veces encuentras completa de inventar tu propia vida y de que solamente tú decides…Todo en estos días ha sido una mezcla de pura energía que me ha llevado sin limitaciones pasillos arriba y abajo de vagón a vagón, calles, avenidas, y citas a un lado y otro de Barcelona. El flaneo, el encuentro, y volver -siempre- al gustazo de lo no evidente. Como no evidente es llegar hasta un recóndito edificio de tipo industrial en el extremo de Poble Nou y tras una puerta sin cartel encontrarte un espacioso, luminoso y estiloso estudio con vistas donde una interesante banda de creativos trama sus historias. Y por el camino, siempre, la suerte de encontrar a gente maja que despierta y conecta. Cecil y Nacho, y Enric, y otros, lo son. Que además uno de ellos tenga una amiga de Pego que se llame como yo, es la guinda para que hacer saltar las carcajadas. Menudos son, los de Pego.

Cuando la espesura diaria te aprieta es un buen ancla volver a momentos así que tú misma recuerdas haber vivido, en los que combina bien el trabajo y el disfrute y todo se mezcla y te pone esa sonrisa fija, esa sonrisa cuya gesto luego te duele en la cara. Porque hay esfuerzo y hay gozo: tomando al final del día un vermut en Ocaña, en una Plaza Real que luce preciosa aún con el jaleo provocado por la tribu del MWC. O reponiendo fuerzas a base de carne roja en el Bacoa de Universitat, una pequeña cadena de hamburgueserías gourmet, que aúna el mágico BBB (bueno bonito barato). Uhmmm…esa burguer manchega, esa salsa casera, ese local colorido, abierto, amplio.

El federal

El federal

La parada de rigor en La Central del Raval, la incursión por Passeig de Gràcia, recorrer la expo de la Virreina que me había recomendado Álex, y el callejeo por otros barrios, Camp de L’Arpa y la Sagrada Familia, poder quedar a almorzar con Provi y la pequeña Vega en el Casa Mariol de Provença, o recorrer el Paralelo y Sant Antoni, con su diversa riqueza. La oda al desayuno la dejaba para el final, que el gran descubrimiento de esta visita ha sido el Federal, un espacio abierto de la mañana a la noche y que sirve unos desayunos espectaculares en un ambiente acogedor y despejado, con un trato relajado y exquisito. Combinaciones perfectas. Como la de esa mañana fresca de febrero, el sol entrando por la ventana sobre nosotros, café, zumo de naranja y unos croissants que no eran de este mundo. Sí, a veces la perfección existe.


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