en coche

Tocar mare

Cuando tienes un trabajo en el que te pasas las horas frente al ordenador, y a veces enlazas con los fines de semana y la lista de tareas no tiene fin, el simple gesto de apagar, de salir, lo es todo. Últimamente un brindis habitual es por las cosas buenas que nos traen las redes sociales, que las hay aunque nos saturen. Ay, Facebook del amor al odio hay un paso…Y el omnipresente whatsapp que nos lleva a todos enganchados es aún peor. ¿Estarían nuestras vidas muy vacías sin ellas? No creo. Mi amiga Mónica lleva más de un mes sin y está encantada, y toda su paz te la transmite. Nos hemos acostumbrado a los antiguos y limitados sms y optamos por quedar a tomar una copa de vino tinto, aunque sólo sea para una hora de charla, para ponernos al día y reírnos un rato. Y sienta de maravilla. Así que bienvenidas las herramientas para unirnos, conocernos, encontrarnos…y después, mejor hacer un uso selectivo de ellas.

Apagar, desconectar, cambiar el paso, dedicar tiempo a leer en otros formatos, a tocar, a palpar a otra persona o mirarla a los ojos, a estar en silencio solo o acompañado, y no solo silencio de no hablar, sino el silencio de parar el runrún interior de preocupaciones, asuntos pendientes, de actualizaciones de timeline y revisión del chorro de mensajes. Descompresión, silencio, cambio de paisaje y contacto, contacto como el de siempre, el de verdad. Tocar mare. Cuánta falta hace.

bar pedroCambiar la ruta, también. Este fin de semana lo he hecho: salir de la ciudad, coger un poco de carretera, madrugar en domingo, conducir cuando no hay tráfico y bajar a zonas de veraneo deshabitadas que tienen ese encanto tan particular. Y he descubierto un lugar al que volver y volver. Por el interior de Denia, el camino que te lleva hacia Jesús Pobre, junto al Parque Natural del Montgó, es un paisaje que remite un poco a Formentera, con campos y espacios que no parecen de la costa valenciana, sobrecargada, sino tranquilos, aparte, sin carteles publicitarios, cuidados, donde se respira aire relajado en una mezcla de colores, ocres y verde, muy hermosa. Si además comes barato y de maravilla en el bar Pedro (Calle Pare Pere, 3) la excursión sale redonda.

La última semana de noviembre siempre es especial. Acaba siendo mi cumpleaños y eso, más allá de celebrar o no, me lleva a voces_muvimhacer balance, a repasar un poco mi vida, echar de menos a los que me faltan, pensar en quién soy, lo que he aprendido, y sentirme enormemente rica por los que están y me quieren. Es un momento contundente del año. Y se mueven cosas. El viernes, eso sí, hay una cita a la que no hay que faltar en el MuVIM. Mi amiga de la facultad, Ana Mansergas se pasó el verano por Kenia con la organización Voces para la Conciencia y el Desarrollo grabando un documental en la casa de acogida Anniban de Lamu con los de la productora Uranes Films. Ahora presentan el resultado, Voces: Soñando culturas, para dar a conocer el trabajo que hacen y recaudar fondos para sus proyectos. Es a las siete y media de la tarde, con jolgorio y concierto de Xibo Tébar y la África Jazz Big Band, además del grupo la Gauche Divine.  No está mal el plan, ¿no?


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