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No llego a todo

Escribir una columna como ésta no siempre es sencillo. No es una queja pero hay veces en que la sensación de no dar a basto es palpable y frustrante. Si se trata de escribir de la buena vida, sus placeres, locales apetecibles, lugares de referencia, planes en la ciudad…básicamente hay que salir de casa, y salir si no mucho, bastante. Y noto que no llego a todo. Pero yo no desisto, que yo quiero llegar. Cuando me propongo racionar las visitas por Ruzafa me hablan de un nuevo sitio para cenar enfrente del Ubik. Paseando por el Ensanche me tropiezo con la tipografía tan familiar del Congo (Reino de Valencia 51), que resulta que ha abierto un nuevo local, Congo Jazz en Conde Altea 22; las tapas clásicas del original y sobre todo ambiente agradable de copas y música en directo. De vez en cuando es obligatorio hacer incursiones por calles que no sean tan de paso, salirse de la ruta fija para encontrar las novedades. O si no, esta columna se quedará seca, desfasada.

Y eso que hablamos de Valencia, esa ciudad de nuestras entretelas que en tantas ocasiones encontramos carencias. Pero aún así no te la acabas. Bueno, sí, quizá te la puedes acabar si solo te dedicas al dolce fare niente, y no es el caso. Todavía no conocía el MercatBar de Quique Dacosta y aunque tenía referencias dispares la curiosidad se ha visto refrendada con una buenísima experiencia. Un local muy bonito y un servicio agradable en barra para una carta inmensa entre la que resulta difícil elegir. Para ser mi primera vez con el mediático Dacosta la impresión no podía ser mejor, me gusta cuando estoy en un sitio donde cuidan los detalles incluso si son los más sencillos.

Lo dicho, menos mal que no vivo en una gran ciudad porque entonces la frustración sería de tamaño descomunal. Siempre que quedo con Begoña, por ejemplo, que sé que es una buena referencia para bares y restaurantes, hay un momento en que la conversación deriva hacia nuevas recomendaciones y descubrimientos que hace mano a mano con su chico, Fernando. Son de morro fino y todoterreno a la vez, así que me puedo fiar de ellos. Y la nota que tengo permanentemente abierta en el móvil sigue creciendo. Próximamente, nuevas adquisiciones.

Hoy mismo se ha abierto el plazo de reservas para el siguiente Valencia Cuina Oberta (del 8 al 17 de noviembre) y viendo la web compruebo que hay muchos restaurantes que se han ido sumando a la iniciativa -clásicos familiares Mateu en El Palmar y la Pepica en la Malvarrosa-, mientras que se ha incrementado el precio para los que tienen estrellas Michelin, como el Riff o la Sucursal. Conviven locales ignitemuy justitos en su oferta con otros más exclusivos, y hay que mirar muy bien los menús y valorar si realmente merece la pena ir dentro de esta campaña. En algunos casos, sin duda, en otros (y no voy a especificar para no hacer sangre), ni remotamente.

Ahora sí que sí parece que ha llegado el otoño, después de días y días con el termómetro bordeando los 30°. Y la semana está sabrosona. Mañana miércoles con el evento Ignite en Rambleta; exposiciones rápidas de cinco minutos en que alguien presenta con pasión su idea, historia, proyecto o visión. Me han hablado maravillas de ellas así que esta vez voy a saciar mi curiosidad. Y el jueves por la noche, Halloween o Noche de los Muertos, para los que gusten, toca un poco de baile, un poco de fiesta, con disfraz o no, que hace mucho que no hay jaleo y hay que mantener la forma.


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