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Maneras de afrontar la Navidad

Una nunca está del todo preparada para la Navidad, guste más o menos. Nada es tan obvio en la realidad más íntima como en los anuncios televisivos que por estas fechas nos abruman, que siempre concentran una tropa de fans y detractores. El exceso de azúcar, el kitsch español y la realidad inventada se mezclan en los spots recurrentes de la Lotería (este año con el impagable Raphael) o de Campofrío. El ánimo flojo que nos alimenta esta crisis y sus circunstancias es pasto perfecto para la lágrima fácil y autocompasiva de todo un país, o para el cabreo supino por indignación, no hay término medio. Esta columna ha sufrido los vaivenes de una reforma en casa y gestiones prioritarias y casi sin anestesia pasamos en plancha hacia las fechas navideñas, y se hace lo que se puede; la semana que viene no se publicará y a la siguiente, para acabar el año, sí. Avisados quedan.

Los compromisos propios de este mes y la estrechez de la cartera obligan a organizarse muy bien la agenda, sin poder hacer viguerías pero sin mutar en un Grinch cualquiera, que eso de echar pestes de la Navidad está un poco trasnochado. Cine con sobrinos, reuniones familiares que deseamos tener en armonía, las mejores comidas y cenas posibles (que no falte el cocido al estilo de la mamá aunque cocinado por alguna de las cuñadas), llamadas telefónicas de rigor y encuentros con amigos que hace tiempo que están pendientes. Cuando nos hacemos mayores no es tan habitual recibir regalos y se suele recurrir al amigo invisible (el “amigo secreto”, según mi padre) como excusa para mantener cierta ilusión infantil. Sean los que sean los gastos a hacer, mi único esfuerzo va a ser comprar en el pequeño comercio, en mercados y tiendas cercanas, por gusto y por convicción.

La Navidad es quizá el momento más delicado del año. Hay quien echa demasiado de menos a los que no están, le amargan tantas dificultades o viven con peso la soledad, todo muy humano y comprensible. Con todo, yo abogo por enfrentar la morriña con afán de disfrute, más que del consumo -que nos deja siempre tan vacíos e insatisfechos-, de los instantes inmediatos en compañía por pequeños que sean, de los buenos recuerdos del año que termina y de los proyectos para el que viene. Que sea como sea 2014 no nos pille sin ideas ni ilusiones, que de eso también se vive, o mejor dicho, se vive mejor.

rendicionUn desayuno de sábado -tranquilo, con tiempo- en El Parisien, un paseo por el centro en plan flanneur y esperando las rebajas, espigolar por el Mercado Central a ver a cuánto están las ostras, comprar unos pasteles en Lambert, descubrir lo que hay en la nueva tienda Sebastian Melmoth de la calle San Fernando, ir el Aperitiver de Tórtel y a ver La Rendición en la Rambleta, ponerte al día con revistas y series pendientes, cocinar un postre casero abrigada del frío para sorprender a alguien, renegar de cualquier plan festivocaótico en Nochevieja. Aunque no tengo vacaciones estos son algunos de los planes que me planteo, y habrán más seguro, porque siempre acaban llegando sorpresas, buenas o malas.


3 comentarios

  1. Te leo y me gusta mucho.
    Felices fiestas campeona.

  2. Silvia

    Ya te encontré!!! Ya no te pierdo, besos.

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