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La ciudad que brilla

Lo siento, sé que empezar una columna hablando del tiempo parece un recurso pobre pero es que esta semana estamos todos ya nerviositos con la primavera puñetera que nos está haciendo. Que ese fresco repentino cuando ya nos habíamos quitado medias y sacado las piernas al aire no nos viene nada bien. Algunos auguran un verano no tan verano y con las ganas que le tenemos este año (y todos) no nos lo terminamos de creer. Que vivimos en la yema del huevo, recuerda. El sábado pasado por suerte fue uno de los días buenos para recibir a Mar que volvía a la ciudad para examinarse de una oposición. Hace unos meses que se fue a vivir hacia el Norte y ahora cuando viene siente esta ciudad, que tan difícil se le ha hecho por momentos, con amor, con rabiosa vibración, con algo especial. La luz de Valencia es diferente, esta ciudad brilla, me decía mientras nos metíamos entre pecho y espalda la paella marinera de rigor en La Alegría de la Huerta, en la Malvarrosa. Cuando vives fuera es cuando te acabas dando cuenta de eso. Luego variamos nuestra habitual ruta para tomar el digestivo posterior y caminamos por la orilla hacia la Patacona para seguir cogiendo dosis de sol en la terraza formentereña de LaMásBonita. Hay lugares especiales donde un gintonic sabe aún mejor de lo habitual.

Por suerte estoy rodeada de mujeres peleonas y todas nos revelamos cuando en la vida no todo sale como habíamos planeado o no encontramos recompensa al esfuerzo invertido. Mar es una de ellas; Esther, otra, aunque hay muchas más. Y otro día de malas noticias tuvo a bien llevarme a un nuevo sitio en el que trabaja de cocinera una amiga suya y que por 12€ te sirven una cena estupenda a base de hamburguesa gourmet, patatas, bebida y de postre, gintonic. Gintonics, con mesura, pero que no nos falten nunca. En serio, todo eso en La Mar Salá (en calle Lepanto 26), nuestro último fichaje para días tontos en que necesitas venirte arriba.

Y bueno, no siempre las opciones vienen tan fluidas, pero el final de esta semana se presenta también repleto de citas apasionantes, aunque no todo va a ser manducar. La primera, el viernes en La Rambleta, que viene Jonás Trueba con su última película bajo el brazo -literalmente porque la presenta de plaza en plaza en veladas únicas-, y vaya, hay muchas ganas de ver Los ilusos, de la que cuentan maravillas. Después algunos nos proponemos inaugurar por todo lo alto el mes de junio cogiendo un poco de coche hacia el Sur a por la primera ración de playa bonita de la temporada y merecido auto-homenaje por múltiples motivos. Como decía el personaje de Karra Elejalde en Tierra, “aquí te espero, verano“.


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