Esos días inesperados

Hay semanas en las que no pasa gran cosa y otras, en las que para bien o para mal, pasa todo. Esta fue de las segundas. Y acabar el viernes resultó casi agónico. El clima de Valencia es uno de sus puntos positivos, pero en plan titular. Mucho sol y mucha luz todo el año, es cierto -y estupendo-, pero nuestro secreto mejor guardado es no ahondar en la locura meteorológica en que vivimos. En Navidades no suele hacer frío, pero hay días de invierno en que aunque solo marquen 10° tienes más frío que en Londres a -5°.  La gelor valenciana, esa humedad tremenda que hace que aunque al aire libre se esté caldeado dentro de casa tengas siempre pies fríos. Y la primavera es caótica (frío-calor-frío en un mismo día) -ningún descubrimiento-, pero no ayuda cuando los nervios andan a flor de piel. A veces sucede que en un sólo día el ánimo te da cuatrocientas vueltas y las situaciones se van desarrollando de manera sorprendente. Si a mediodía alguien me hubiera dicho que iba a acabar la noche bailando en Mya le hubiera contestado que menuda insensatez. Y sin embargo así fue.

Tengo unos amigos que valen millones. Y después de una tarde de fructíferas compras en soledad, vino Esther al rescate para invitarme a un nacional (café granizado con leche merengada). Juntas nos fuimos liando por Ruzafa y resolviendo entuertos del pasado hasta terminar cenando unas deliciosas hamburguesas caseras regadas con vino. Vitamina pura. Era tarde, pero el cuerpo pedía alargar. ¿Dónde ir a bailar sin tener que pagar? ¿XL? ¿Noise? ¿Mya? A esas horas las listas ya estaban cerradas…pero cuando la cosa fluye, fluye y David dijo sí y allí que nos fuimos sin gran acicalamiento pero muchas ganas de catarsis.

myaAquí me pongo seria a riesgo de unfollows y manos a la cabeza. En Valencia si hablamos de bailar, pero de esa manera precisa y absoluta que es bailar con todo el cuerpo y a lo grande, sin cortapisas, para mí hay un lugar imbatible: la discoteca Mya, bajo el Umbracle de la Ciudad de las Artes y las Ciencias -una zona que por lo demás, no me entusiasma-. Conste que he probado muchas. Somos fans del dj local Pablo Cebrián, sobre todo en sus sesiones de La3. XL tuvo su momento pero ahora ya por lo general es una aglomeración coreando demasiados temas futboleros. Lo siento, no creo que recuperar cada sábado noche a Nirvana o el Seven nation army de The White Stripes se ajuste al concepto bailongo.

Hay gustos para todo, no digo que no. Llevar MáximaFM sintonizada en el coche es algo que no pasa desapercibido. Gracias a Merxe esta radio llegó a mí hace menos de un año, y es para quedarse, aunque el asunto dé para no pocas bromas entre amigos y familia. Yo digo que me gusta darle a todo, es uno de mis lemas. Me parece enriquecedor ver más allá de la etiqueta chumba-chumba. En la sesión del viernes daba gusto ver al dj Camilo Franco, que venía como estrella invitada para celebrar el quinto aniversario de la sala, disfrutando de su propia sesión, sonriendo, cantando el Say my name de Florence+The Machine con Calvin Harris y bailando. A excepción de Medardo o Josep todos los dj que conozco se mantienen muy serios detrás de sus cascos, prefiero cuando se mimetizan con el ambiente.

Pero como aquí cabe todo, este fin de semana tocan planes muy diferentes. Repetir con el Cabanyal Intim, festival de teatro en formato cápsula dentro de algunas casas del emblemático barrio marinero, que tanto nos gustó el año pasado; decidir si me da tiempo a ver, por fin, la obra No te salves que con tanto éxito se repone en la sala Ultramar y a dar un paseo por la Fira del Llibre en los Jardines de Viveros. Opciones para echarnos a la calle no nos faltan.


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