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Abrimos la puerta

Una mañana de citas con clientes y recados por la ciudad que terminas aprovechando con tu ordenador, sentada en Dulce de Leche (Pintor Gisbert 2), enganchada a su wifi en una mesa rinconera y frente al cristal (las mejores siempre) y disfrutando de un almuerzo interminable. Si a la vez estás bien acompañada, a la escena ya no le falta nada. Hay locales que agradecemos que existan, hacían falta. Ése es uno de ellos. Tras muchas recomendaciones que llegaban de todos lados he conocido por fin el que es probablemente el mejor restaurante italiano de Valencia. Se llama L’Alquimista, está en el Ensanche (Luis Santángel 1) y apenas tiene cinco mesas, así que siempre hay que reservar. Pequeño, sencillo, una trattoria que no vende nada que no es, sino producto elaborado superlativamente, con cuidado y austeridad, sin alharaca. Para una primera vez es aconsejable dejarse llevar con el -muy asequible- menú degustación y tener los referentes para las siguientes visitas, que apenas empiezas a comer sabes que las habrán, y muchas.

En cambio, después de muchos años oyendo hablar de la Feria del Embutido de Requena te decides por fin a ir, organizas excursión, expectación y, vaya, qué decepción. Tierra de cerdo, de gran materia prima, de buenos vinos… Y lo que te encuentras es un evento masificado y sin encanto, en una nave industrial y con nulo interés en seducir al visitante. Lo que te sirven al peso, sin criterio, sin casi ganas, no puede saberte bueno. Pero claro, hay que ir una vez para saberlo, para desmitificarlo. En ocasiones todo esto puede pasar. Porque nada, nada en esta vida se tiene que forzar, y nada se debe dar tampoco por presupuesto.

El otro lunes quedé con Marta para hacernos una Peseta. Hacía tiempo que no iba, y entre semana como me gusta a mí. De allí es la foto que ilustra esta columna. No me faltan ganas ni ideas para hablar de la buena vida, de contar lo que pasa en Valencia, de rastrear por fuera de mi ciudad también, pero aquí vamos a enriquecernos entre todos. Me apetece escucharos, leeros a vosotros también, ampliar la visión. Siempre me ha gustado mirar, observar, encontrar, por eso elegí La Buscadora como nombre para mi blog. Yo aquí voy a seguir, con una periodicidad libre, con más novedades en la web, pero sobre todo van a empezar a entrar vuestros rincones, descubrimientos y rituales de placer, vuestra vida sencilla bonita. Abrimos más la puerta y a ver todo lo que nos encontramos. Os espero.


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