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Desánimo contagioso

La temporada de premios cinematográficos llega a su traca final con la entrega este domingo de los Oscars, parece que bastante disputados en categorías importantes como actor o actriz. Ya hablaremos de ellos por aquí. Noche en vela por tradición y gusto, para comentar y compartir. Hace unas semanas fueron nuestros Goya, con una gala insufrible de la que mejor no hablar. El estado de la industria en España es desolador y gran culpa de ello la tienen las políticas -ahora del ministro Wert- que la asfixian. Y alzar el vuelo, se nota, es una odisea. Sólo el estreno de una gran producción como recientemente Lo imposible de J.A. Bayona anima algo el ambiente. Este año la triunfadora en las categorías principales ha sido Vivir es fácil con los ojos cerrados, de David Trueba.

Iba al cine deseando que me gustara, lo prometo. David Trueba es un gran guionista y un director también notable con films siempre pequeños pero bien hechos, y el foco en los personajes, en historias humanas de pocos personajes. A destacar su ópera prima, La buena vida (guiño guiño), Bienvenido a casa o Soldados de Salamina. Parece también un gran tipo y escribe de maravilla para diversos medios de comunicación. Javier Cámara, el protagonista de Vivir es fácil, también es un actor que no deja de crecer. Sus papeles en Torremolinos 73, Malas temporadas, o Ayer no termina nunca, son muestra de ello. La acción se desarrolla en el Cabo de Gata, en Almería, un paraíso de referencia para mi también. En fin, había muchos elementos que alentaban su visionado. Pero no. Y aunque duela no puedo evitar pensar que si esto es lo mejor del cine español cuánto brillo, brío, energía, faltan.

Vivir es fácil con los ojos cerrados cuenta la historia real de un profesor de inglés que en la España franquista se propone hablar con John Lennon, de visita por un rodaje, para completar las letras de sus canciones para sus alumnos. Por el camino se encuentra a dos adolescentes en fuga que se suman al viaje. Lo mejor de la película está en el impulso que le pone Javier Cámara, en la banda sonora de Pat Metheny, en esos escenarios fotografiados con luz resplandeciente mediterránea, y en los detalles que revelan la opresión de un régimen dictatorial en las vidas normales y corrientes. Es interesante ver el contraste entre la España urbana y en ascenso con la España rural, tan lenta en su progreso por aquellos tiempos. Hay muy buenas intenciones pero los jóvenes protagonistas carecen de naturalidad y resultan un lastre, sus diálogos son impostados, de actitud pretendidamente cándida, no hay ritmo, no hay naturalidad. Es una pena.


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