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Demasiada formalidad

El director surcoreano Park Chan-wook tiene ya su prestigio consolidado desde que en 2003 estrenara la brutal Old Boy. Desde entonces no ha podido parar de crear y es con esta Stoker que se mete de lleno en la industria estadounidense. Hollywood siempre ha sabido atraer a los autores más talentosos de todo el mundo para darle color a su industria, por momentos repetitiva, anquilosada. Y Chan-wook no es un artista que pase desapercibido, sus películas (también Sympathy for Mr. Vengance) son pura potencia sangrienta, la duda era ver lo que le dejaban hacer allí. Y el resultado es marca de la casa pero dentro de un formalismo muy bien representando en el estirado rostro de Nicole Kidman (¿por qué?, ¿por qué?).

Fui a ver esta película con buenas referencias y había leído en twitter de personas que salían conmocionadas de la sala. Un cuento estremecedor, decían. Y realmente me decepcionó. Resulta curioso saber que el guión -claro- esta vez no es del propio director sino del actor Wentworth Miller, sí, el protagonista de Prison Break, y la nota emocionante, la única que hay en todo el metraje, es ver entre los productores al recientemente desaparecido Tony Scott. Anécdotas que para mí tienen un punto, que tanto le falta al film en su conjunto.

La historia y su arranque resulta al menos inquietante. India Stoker pierde a su padre, al que estaba muy unida, en un extraño accidente el día de su dieciocho cumpleaños. En el entierro aparece su tío Charlie -encarnado por Mathew Goode, visto en Match Point-, del que no había tenido ninguna noticia y que resulta de lo más siniestro. Ella no es que sea una chica dócil, y aunque con miradas distantes, los dos encuentran algún tipo de conexión que va evolucionando pese a las trabas que les rodean, y ante los ojos de su desubicada madre (Nicole Kidman). Entre la atracción y la repulsión ambos se van conociendo mejor y moviendo hasta llegar a un crescendo liberador para ella y catártico para él. Todo ese recorrido es cada vez más y más siniestro, violento y sangriento, con el sello Chan-wook sobre todo en la parte final, con dos escenas en las que sexo y muerte se mezclan de manera fascinante, pero de tan formal, tan evidentemente medido al milímetro cada giro, que te deja frío. Toda la dirección artística es una filigrana al servicio de una historia rocambolesca con poca enjundia y es justo la prodigiosa estética lo que perdura en tu memoria una vez terminada la película.

Si que merece mención aparte la actriz protagonista, Mia Wasikowska que soporta el peso de film y siempre es una presencia arrolladora desde que trascendiera gracias a su papel de gimnasta adolescente depresiva en la serie de la HBO In treatment. Esta jovencísima australiana es un prodigio de la interpretación que además sabe elegir de maravilla las películas en las que participa, todas muy diferentes. Fue la última Alicia de Tim Burton, una de las hijas de Los chicos están bien, la chica enferma pero vital en Restless de Gus Van Sant, y se entregó por completo en su papel de Jane Eyre junto a Michael Fassbender. Y por suerte no para de rodar. Yo la veo como la versión femenina del fenómeno Ryan Gosling. A ella sí que hay que seguirle la pista.


1 comentario

  1. Estoy de acuerdo… La peli es hipersensorial, genialmente rodada, medida en los planos cual prestidigitador, con hipnótica banda sonora, una Mia en estado de gracia… y muchas más cosas… Pero sí que es cierto que la trama peca un tanto de blockbuster que trata de imitar a Hitchcock. Aún así. Me ha gustado. ;)

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