prisoners

No hay tregua

Hay películas que te remueven en la butaca y no te dejan esta ni remotamente a gusto. Yo las llamo de terror, un terror muy particular, por lo incómodas que son, en lo cotidiano que retratan, por lo reconocible de personajes tan brutales como humanos, de carne y hueso. Sin tener nada que ver me vienen a la cabeza In the bedroom de Todd Field o Celebración, de Thomas Vintenberg. Y desde luego en esa categoría entra ya de manera estelar Prisioneros, del director canadiense Denis Villeneuve, un film que cuenta el dilema moral en que se encuentran unos padres desesperados por la desaparición de sus hijas pequeñas en un tranquilo barrio de una ciudad de Pennsylvania (Estados Unidos) en la que no se ve el sol ni por un minuto. Y no hay tregua.

A lo largo de las dos horas y media que dura la película no hay respiro ni alivio y está tan bien hecha que tampoco es para reparar en que al fin y al cabo es una ficción; la intriga te lleva, te inquieta, te preocupa. El conflicto moral que se plantea (y que no voy a revelar aunque está de plena actualidad con recientes noticias llegadas de Estrasburgo…), el empeño del policía que lleva la investigación, la persecución de los sucesivos sospechosos, todo es un cóctel molotov rodado con maestría por Villeneuve, que llamó la atención con su anterior trabajo, Incendies, un acercamiento al conflicto de Oriente Medio desde una historia pequeña, particular.

En Prisioneros va más allá y se sitúa como un cineasta asentado, de pulso rotundo, parece que fuera un autor con décadas de experiencia, creando una atmósfera tan compacta que nada desentona. El guión tiene giros, muestra las dudas de los personajes y evoluciona conforme avanza la historia, que además está interpretada soberbiamente por todos los actores. Ésta es una de esas veces en que todo el elenco es de impresión, hasta el más secundario. Hugh Jackman, Jake Gyllenhaal, Terrence Howard, Maria Bello (siempre es un gusto reencontrar a la doctora Del Amico de Urgencias), Viola Davis, Paul Dano y Melissa Leo, tan lúgubre, todos sin excepción hacen un gran trabajo.

Ahora hay que aprovechar, estamos en la mejor época del año en cuanto a estrenos, y además esta semana ha sido noticia la Fiesta del Cine, que ha llenado las salas hasta los topes y puesto en evidencia frente a las sandeces dichas por los ministros Wert o Montoro que el cine interesa y sigue gustando, y lo que aleja a los espectadores no es más que los elevados precios de las entradas.  Las cifras ya están hablando y quizá hagan replantear cuestiones como el IVA y el margen de negocio de los distribuidores. Aunque para los que vamos habitualmente al cine haya sido un poco engorro es también una gozada ver tanta expectación y ganas en las colas.

 


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