Oblivion

En un sueño viniste

La cultura popular es así. Mientras he estado pensando sobre Oblivion, la peli de la que quería escribir esta semana, he vuelto a escuchar intensamente el disco de Los Evangelistas de homenaje a Enrique Morente. Y En un sueño viniste me pareció una canción que contaba perfectamente el fondo y punto de partida del film, segunda en la carrera de Joseph Kosinski, después de la revisión de Tron. Es un director joven y no ha recibido el aplauso unánime por sus trabajos, pero auguro que ese momento se dará.

Oblivion ha llegado a la cartelera sin demasiado revuelo aparte del despliegue publicitario por la ciudad, y de la noticia que es el estreno de toda película de Tom Cruise. Director desconocido y estrella de Hollywood que siempre produce cierto resquemor quizá no atraen de entrada, pero yo invito a aventurarse al cine, malditos. Es un buen film, bello y entretenido. Ya sé que es moda perenne denostar a Cruise como actor y salvar únicamente su papel en la maravillosa Magnolia de P.T. Anderson. Pero no, cada vez es mejor intérprete con pocas ocasiones para lucirse. Los años le sientan de maravilla a su trabajo incluso pese a los retoques estéticos. Aquí nos enseña un rostro marcado por la vida, adecuado al aire melancólico del personaje.

Jack Harper se dedica a reparar las máquinas averiadas y limpiar la atmósfera para mantener útiles los acuíferos que alimentan a la nave madre de la colonización humana en el espacio. Como un Wall-E humano es resolutivo y su trabajo no tiene fin pero entre toda la monotonía y la desolación el protagonista encuentra sus huecos de luz y se hace preguntas más allá de lo evidente. Oblivion es la adaptación de un cómic, obra del propio Kosinski, que muestra un futuro distópico, de perfeccionismo helador, en el que la Tierra ha quedado arrasada por una guerra nuclear y ha obligado a la población a vivir en colonias en el exterior. Ciencia-ficción de manual, no inventa nada, pero lo que muestra lo hace con un enorme poderío visual, unas imágenes hermosísimas, contundentes y tristes a la vez, que se quedan contigo. Es cierto que las más de dos horas de metraje son una colección de referencias a otros clásicos como el citado de Pixar, 2001 una odisea en el espacio, la saga de Star Wars o Matrix, pero es que no creo que haya otro género más autoreferencial que éste.

Mención especial merece la banda sonora de la película a cargo del grupo francés M83, que como debe ser encaja a la perfección sin sobresalir y que al margen se puede disfrutar por separado con mucho gusto. Lo mismo ocurre con las creadas por el dúo formado por Trent Reznor y Atticus Ross para los últimos films de David Fincher. Un aplauso para esta interacción con artistas que de entrada no son compositores cinematográficos, pero que aportan aire fresco y muestran la amplitud de la música electrónica.

 


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