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Hay vida después de tu ex

Siempre he dicho que quien habla muy mal de un ex en realidad lo está diciendo todo de sí mismo. Si has amado de verdad, profundamente a alguien, no puedes echar pestes de él. Si dos personas ya no están juntas claramente es por una buena razón -la pregunta a veces es por qué siguen estándolo otras-; las separaciones a veces simplemente ocurren, es pura humanidad, se evoluciona diferente, los dos se van alejando el uno del otro, ….pero después de toda la batalla emocional, respeto máxima a la persona amada, porque si esa persona ha estado en tu vida será por algo, y en definitiva es guardar respeto también a ti mismo. Este dilema en la gestión de las relaciones es el que late en el fondo de Sobran las palabras (Enough said), la última película rodada por el inconmensurable James Gandolfini, tristemente fallecido hace pocos meses, y una de esas pequeñas joyas del mejor cine indie estadounidense.

gandolini sopranoJames Gandolfini siempre será Tony Soprano, su gran papel televisivo, en el que se destapó y mostró todos sus registros, aunque en el cine también nos había regalado buenas interpretaciones, en El hombre que nunca estuvo allíThe mexican o In the loop. Sin embargo nunca se había lucido tanto, ni mostrado tan dúctil, tan poderoso en su sensibilidad como en Sobran las palabras, donde encarna a un hombre de mediana edad recientemente divorciado que pese a andar aún recomponiendo sus trozos, continúa abierto a la vida y se atreve a dejarse conocer por otra mujer en una situación similar, la también televisiva Julia Louis-Dreyfus (la inconfundible Elaine de Seinfeld). Ambos andan inseguros, un poco perdidos en el tú a tú, con hijas peculiares con las que se entienden a ratos, pero tienen humor, conectan en detalles pequeños, bonitos y absurdos, y desde el momento en que se conocen se hacen la vida mucho más agradable. Así de simple y así de bueno.

Llegados a tan buena tesitura, ¿por qué no seguir adelante? Pues porque somos personas imposibles a veces, dudamos, somos capaces de reventar lo mejor que tenemos por miedo al porvenir, y nos enzarzamos más en el pasado que en el vibrante, prometedor, presente. Y ahí Eva y Albert van haciendo lo que pueden, con la sombra un tanto tóxica de una ex, interpretada por Catherine Keener que, aún envuelta en bellos y casuales kaftanes, poesía y limonadas, es capaz de amargarlo todo. Keener es un rostro habitual del cine independiente, con grandes momentos en Amigos y vecinosCómo ser John Malkovich o el biopic Truman Capote, y la directora Nicole Holofcener, experta en esta clase de historias. Cine conciso y humano, bien rodado, brillantemente interpretado, sencillo, sin artificios, sin cuentos, con muecas, con meteduras de pata, lleno de dudas, como la vida misma.


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