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El peso de los años

Este año que está cerca de acabar hemos tenido una buena colección de películas que tratan del amor y de las relaciones de pareja de manera muy veraz y adulta, sin fantasías edulcorantes. De forma automática al ver Le Week-End salta como referencia muy evidente Before midnight, de Richard Linklater, que ya tuvo su extensa reseña en este blog hace unos meses. Aquí vemos también a un matrimonio que hace una escapada a París -lugar mítico de juventud- como forma de airear un poco su relación, muy desgastada por los años, los roces de la convivencia y las decepciones individuales. Son sexagenarios, están cansados de sus trabajos, de sus obligaciones como padres, y de no conseguir satisfacerse, reconectar mutuamente como antes. Nick y Meg son una pareja que se encuentra en ese punto sin retorno, en la disyuntiva entre la separación o el renacimiento.

De entrada estamos muy lejos de la frescura de Notthing Hill, por ejemplo, una de las películas anteriores de su director, el sudafricano aunque asentado en Inglaterra, Roger Michell. Sin embargo, aún con la amargura tan humana que retrata sí que se reconoce fácilmente en su manera de rodar la ligereza de la cámara, el saber hacer de un profesional que hace parecer fácil o casual lo the mothermás trabajado. Suyo es también, The mother, un film de 2003 pequeño pero contundente que aún recuerdo y también detenía su mirada en la sexualidad más allá de los sesenta años, en la pasión surgida entre una mujer mayor y el amigo albañil de su hijo, encarnado por un Daniel Craig previo al boom. En aquella ocasión, como en Le Week-End, el guión estaba firmado por el prestigioso Hanif Kureishi, responsable, por ejemplo, de Intimidad o Mi hermosa lavandería. En esta entrevista el novelista británico dice un puñado de cosas interesantes sobre  su oficio y su manera de ver las relaciones. Menudo tándem excelente hacen él y Michell, qué manera tan honda, inteligente, veraz, sin prejuicios, de hablar de sentimientos, de seres humanos, de luces y sombras, de entenderse, de amarse, de encontrar el hueco, el sentido.

A pesar de durar apenas hora y media Le Week-End no es, obviamente, una película fácil de ver, sino más bien es incómoda. “Resulta imposible no amar y no odiar a la misma persona, normalmente con cinco minutos de diferencia“; por momentos los personajes interpretados por dos enormes Lindsay Duncan -vista recientemente en About time junto a Bill Nighy- y Jim Broadbent (él se llevó el premio al mejor actor en el último Festival de San Sebastián) destilan tanta amargura que es imposible sonreír, aunque la cinta tenga también momentos divertidos, las secuencias hilarantes en el Hotel Plaza Athénée y sobre todo hacia el final y unidos al personaje del estupendo Jeff Goldblum, todo sonrisa y generosidad.

banda aparteLos protagonistas, en su hartazgo y a la vez ilusión por seguir viviendo y disfrutando, nos llevan a preguntarnos si el amor tiene fecha de caducidad, cuál es la manera de salir adelante cuando estamos decepcionados e insatisfechos incluso con nosotros mismos, o cómo romper las dinámicas de víctima y verdugo en una relación larga. Y aún con todo eso, en la película cabe el romanticismo, ese romanticismo seco, leve, sutil y contundente a la vez, de una caricia en la cara, de la complicidad, de la chispa que vuelve a producir un click, o que hace que se arranquen en un baile de homenaje a la nouvelle vague, con Banda Aparte de Godard como referencia, y hay muchas en toda la cinta. Que la vida no es sencilla ni fluida todo el tiempo, pero quizá la forma de aligerarla es precisamente dar ese primer paso, ese baile, esa apuesta por la alegría, por el cambio.

 

 

 


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