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Barroco destarifo

No era una película que me apeteciera demasiado ver, pero Álex de la Iglesia ya es un poco como Pedro Almodóvar -que me gusta bastante más-, si estrena es un acontecimiento y con los pocos que hay en el cine español hay que ir a verlo para poder opinar. Despliegue de medios, inventiva, atrevimiento, nada de eso le falta al director vasco. Había oído y leído de todo sobre  Las brujas de Zugarramurdi , unos la aplauden por valiente y personal, y otros la califican de bodrio sonrojante. Por suerte iba prevenida, y pese a no encantarme al menos no ha sido uno de esos casos en que la proyección se me hace directamente insufrible. No hay nada mejor en la vida que no tener expectativas.

Y bueno, la película de terror no tiene nada, aunque ese es el género en el que oficialmente la enmarcan; es más del tipo “de la Iglesia”, una comedia esperpéntica con mucho guiño a la idiosincrasia española y también vasca y con voluntad de exceso que se escenifica en el akelarre final. Como el director es de los que sabe rodar, Las brujas… empieza  trepidante y absurda con un atraco protagonizado por personajes de tebeo, a cada cual más inútil y ahí ya se ven las aptitudes de cada actor. Nunca hubiera imaginado que Mario Casas pudiera ser buen actor y parece que lo es. Para mí se destapó con Grupo 7 y aquí se reafirma aunque no sea un papel de los de lucirse, frente al limitado Hugo Silva, Casas es todo matices.

Desde el principio de la película, en concreto desde los mismos títulos de crédito que son una larga serie de grandes (y variopintas) mujeres de la historia, entremezcladas con imágenes de brujas, el conflicto es el de la lucha de sexos. La pelea eterna entre hombres y mujeres entendiendo los roles de género de forma muy convencional, aunque en el guión lo hacen con cierta gracia en diálogos que muestran a los protagonistas con sus problemas cotidianos: divorcio, custodia compartida, sexo, labores domésticas e implicación emocional en la pareja. Como excusa no está mal.

El film, no obstante, se hace un poco largo y es muy irregular, con golpes buenos de comedia y momentos estelares en la huida de los atracadores, sobre todo cuando se encuentran a esas veteranas brujas por el camino hacia Francia (estupendas como siempre Carmen Maura y Terele Pávez). Ese empeño por alargar las situaciones, por hacer evidente todo el despliegue, por rizar el rizo hasta lo estéril es un hándicap de Álex de la Iglesia, aunque también sea para aplaudir su compromiso en hacer un cine diferente y espectacular que pocas veces hay en España. Pero aun reconociendo eso no es de las películas que te capta la atención o te lleva, más bien revisas el móvil y tus preocupaciones mientras los personajes siguen a la suya, con persecuciones en el tétrico caserón y situaciones gore que tampoco es que te revuelvan demasiado. El destarifo final sí que resulta un poco sonrojante, aunque es divertido descubrir de repente a Santiago Segura y Carlos Areces caracterizados como señoronas vascas con todo su acento y sus ácidos comentarios.

 


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