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Parejas que se rompen

Hay ahora mismo en Valencia dos películas en cartel que son de las de pensárselo  antes de entrar a ver. Blue Valentine, estrenada en España con mucho retraso y protagonizada magistralmente por Michelle Williams y Ryan Gosling, y la última de Isabel Coixet, Ayer no termina nunca. Las dos se meten sin concesiones en las tripas revueltas de una pareja rota y no son fáciles ni agradables, para pasar el rato, pero es que conmover y remover también es una manera de hacer cine y de contar. Y muy bien contado todo en ambos casos, por cierto. A veces parece que la ficción baila acompasada al son de los acontecimientos que en la realidad nos están sacudiendo, a unos y otros.

Mucho de crisis y de realidad tiene ya de por sí el film de Coixet, ambientada en una España de 2017 desahuciada, donde todo no ha ido más que a peor. El desastre social se palpa en el fondo, es importante para el argumento y te añade todo el sabor amargo. Pero, ¿no es eso acaso también la vida, momentos amargos que hay que digerir y que resolver para seguir adelante? La directora catalana se mete de lleno en lo que está ocurriendo, y además se posiciona ideológicamente, muy lejos de esa pose que se le asigna.

Aunque la tendencia últimamente sea destrozar la obra de Isabel Coixet (mítica la caricatura chanante), aquí la critica fácil no cabe porque Ayer no termina nunca , con un lenguaje seco y depurado, y una puesta en escena parca, a lo esencial y con mínimos adornos, se sale de sus habituales tics referenciales y estéticos. Va directa y concisa al meollo de la cuestión, con una mujer rota por la muerte de un hijo y la posterior ruptura con el padre que un buen día de fin de año se marchó sin más explicación. Cinco años después de reencuentran, las heridas siguen abiertas y no hay motivo para disimularlo.

Es muy interesante ver a esos dos personajes atrapados en el pasado pero con actitudes en principio tan diferentes, una en el centro mismo del duelo todavía y el otro, evasivo, práctico y poco emocional. Y la batalla dialéctica va mostrando las aristas de cada uno, revelando rencores y circunstancias de dos vidas muy diferentes, con momentos de gran tensión y un final de brazos caídos y abrazos, de tregua, de entender, que es bello sin ser alegre, y descomprime. La película se sostiene muy bien sobre los dos actores, Candela Peña -que juega en otra división-, y Javier Cámara. Ambos están entregados a las manos de Coixet, en un trabajo exigente sin puntos de fuga ni artificios a los que recurrir con una cámara pegada a ellos, que sigue sus pasos, muecas y titubeos, en el impresionante marco del cementerio de Igualada. Una mirada valiente, toda humanidad y sin concesiones, a las parejas, que se enamoran, pelean y a veces se rompen, y tienen siempre dos historias que contar aunque al final no existan los culpables.


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