360preview

360° son las vueltas de la vida

Juego de destinos es el insulso título que le han dado en castellano a este film, del director brasileño Fernando Meirelles, responsable de Ciudad de Dios o El jardinero fiel, y ya muy bien asentado en la industria cinematográfica internacional. En este caso es una coproducción entre Reino Unido, Austria, Francia y Brasil, una mezcla que marca a la vez todo el relato, un guión de Peter Morgan (The Queen o El desafío Frost/Nixon) que salta de ciudad en ciudad para hablar de las relaciones humanas en el siglo XXI. Se presenta como una versión actual y libre de La Ronda del dramaturgo austríaco Arthur Schnitzler, la clásica serie de historias entrelazadas y múltiples personajes que hemos visto infinidad de veces en el cine, unas con más fortuna que otras; entre las mejores me vienen Vidas cruzadas, de Robert Altman y Magnolia, de Paul Thomas Anderson.

360° no pasará a los anales de la historia del cine pero tiene virtudes a destacar. Durante las casi dos horas de metraje en algunos momentos una se debate entre el desagrado de una estética feísta y la conmoción por los avatares de algunos personajes. Parece que es una voluntad de sus autores no tener prejuicios en mezclar actores desconocidos con grandes estrellas como Rachel Weisz, Anthony Hopkins o Jude Law, y lo que es más, ponerlos a todos al mismo nivel de importancia en la historia. Esa ausencia de status por momentos hace que parezca un telefilm de serie B y esa sensación nunca te deja del todo mientras sigues los pasos de las diversas relaciones amorosas o sorprendentes amistades desde Bratislava a Phoenix, pasando por Viena, París y Londres. Este tipo de películas a veces van un poco forzadas en su empeño de resaltar la circularidad de la vida, y cómo unos caminos llevan a unas personas y todo tiene que acabar encajando. Inevitablemente unos episodios tienen más fuerza que otros, como el del ex convicto sexual atrapado con una joven brasileña muy vulnerable y que pone a prueba su recuperación. Ahí están algunas de las escenas más tensas de 360°. O la amistad entre esa misma joven que vuela hacia Río de Janeiro y un padre que busca a su hija desaparecida -y probablemente muerta- hace muchos años.

Otro de los puntos buenos del film de Meirelles es la ausencia de moralismo, por ejemplo al hablar de ese matrimonio desconectado que son mutuamente infieles y se reencuentran con tranquilidad y ternura, así como las ideas vitalistas que maneja, con ese quiebro final de la huida del chófer del gángster con la hermana de la prostituta. Algunas llegan simplemente a un callejón sin salida pero todas tienen el amor, las relaciones sentimentales de fondo, y también la búsqueda de una oportunidad en la vida. En la realidad probablemente todo es aún más azaroso e inclasificable, pero como repiten aquí “si encuentras una bifurcación en tu camino, cógela. Sólo se vive una vez.


Deja un comentario