The last picture show…

Esta noche he disfrutado de mi última de las seis sesiones de la Filmo d’Estiu, el evento que cada verano alegra mis agostos en la ciudad. He vuelto a ir sola y lo he disfrutado serenamente, paladeándola: el paseo en bici hasta esa parte del río, la cola para la taquilla, la otra cola para la cerveza bien fresquita, la elección de mi asiento en primera fila….y la suave brisa que me refrescaba ya una vez aposentada. Una gozada.

Que la sesión de hoy fuera la bella y durísima Norwegian wood, del coreano Tran Anh Hung me ha venido perfecto para mi estado de ánimo, algo enfurruñado. Me ha golpeado y ha catalizado mi rabia hasta convertirla, viendo a esos personajes tan sufridores y hasta estoicos en su dolor, en un aliento de vida. En otro momento quizá me hubiera dejado fría porque suele pasarme a menudo con el punto de vista zen/oriental de la vida. Sin embargo hoy, con toda su lentitud contemplativa, me ha hecho click, por el entregado protagonista, por las delicadas estampas, por la música (aquí el tráiler)…me ha transportado a esos años setenta, me ha girado la perspectiva sobre mi propia vida y me ha dado un respiro.
Y supongo que por eso la liana también me ha llevado a sentirme un poco personaje en solitario del -citado en el título de esta entrada- clásico de Peter Bogdanovich. Como en aquella entrañable y melancólica película, con unos jovencísimos Jeff Bridges y Cybil Shepard, yo también me siento al final de una etapa. No solo el verano se está acabando, es el final de una era. Hoy era mi última sesión ante la pantalla al aire libre de la Filmoteca en los jardines del Palau. Quién sabe cuándo será la próxima.

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