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La frescura del destarifo

Cada nueva película de Pedro Almodóvar causa expectación antes, durante y después del rodaje. Pero lo que ya ha adquirido categoría de ritual es el enfrentamiento que con el estreno siempre se produce entre el director y el crítico de cine Carlos Boyero, actualmente en El País. Recuerdo cuando en ese periódico el cabeza de cartel era el gran Ángel Fernández-Santos, y en el polo opuesto, iconoclasta, verborreico, estaba Boyero en El Mundo. Parecía ingenioso, sus boutades hasta resultaban interesantes porque era el contrapunto a Fernández-Santos, erudito y cultivado, templado aunque también apasionado cuando un film le gustaba. En aquel contexto yo leía a los dos y le encontraba su gracia a Carlos Boyero. Hace tiempo que ya no, solo me da pereza porque parece anclado en las mismas ideas de siempre, inflexible, repetitivo, y ya una caricatura de sí mismo, con sus fobias y filias. [Aquí un tumblr genial donde recopilan sus citas más celebres]
Entre esas fobias recurrentes se encuentra Pedro Almodóvar. No leo críticas de una película hasta que no la veo y ahora estoy escribiendo mis impresiones de Los amantes pasajeros sin haber leído aún ninguna. Desde luego está lejos de ser una obra redonda, hay momentos en que llega a ser ridícula, pero con todos sus defectos es un soplo de aire fresco. Porque aquí el manchego vuelve a desmelenarse como no hacía desde principios de los 90, y su escatología me recuerda más que nada a su ópera prima, Pepi, Luci y Bom -y aquella alucinante lluvia amarilla-, aunque los personajes en los que se fija ya no son del underground, claro, sino de clase alta.

La hora y media de metraje es una sucesión de situaciones absurdas, diálogos chispeantes, a ratos vulgares, y tramas de folletín. ¿Y qué? No tomarse demasiado en serio a uno mismo es muy saludable. La belleza de lo imperfecto, de lo que no está medido ni encorsetado. Al guión se le podían haber dado algunas vueltas, quizá, pero yo encuentro que es en ese destarifo donde está su frescura. Se nota que el propio director necesitaba desengrasar después de tanta intensidad en sus anteriores films y lo ha conseguido. Pasas un rato divertidísimo en la butaca, te quedas con unas cuantas escenas memorables -impagable el I’m so excited bailado por los tres azafatos del vuelo, Javier Cámara, Raul Arévalo y Carlos Areces (sin duda, los mejores del elenco)-, y frases marca de la casa:

A ver qué hubiera sido de tu vida si no hubiera pedido yo por ti. 

¿Y qué pedías? 

Que dejaras el alcohol, las drogas y los cuartos oscuros”.

los_azafatos_de_los_amantes_pasajeros_4438_622x466Al salir de la sala lo pensaba: en esta película Almodóvar vuelve a reunir todos los elementos que lo hacen odiado por rancios bienpensantes, defensores del orden -su orden y su esquema moral, claro-: drogas, bondage, homosexuales, palabras sucias, sexo tratado con desinhibición, hombres con pluma, mujeres espontáneas y deslenguadas, santos, estética pop, todo excesos. Y los que se ponen nerviosos por todo eso son los mismos que opinan que el Día del Orgullo Gay no debería celebrarse, que es un circo, que los homosexuales y bisexuales, pueden estar pero no haciendo gala de su condición delante de todos. Por eso yo me alegro tanto con una película como Los amantes pasajeros que es plenamente consciente de su petardeo y no le importa. Doy gracias a que existen artistas como Pedro Almodóvar, Léos Carax, o David Lynch, por citar solo algunos, todos tan diferentes. Te podrán gustar más o menos, identificarte o no con sus historias, pero son un respiro entre tanta homogeneidad. Únicos, salvajes, libres, atrevidos.


2 comentarios

  1. L’única cosa que li puc reconéixer a Almodóvar és la creació d’un univers estètic propi. No és poc, però sense dubte per a mi no és suficient. Com en el cas de Tim Burton, per exemple, eixe univers (i la maquinària publicitària que hi ha al darrere i que els sobrevalora contínuament) ha creat una legió de seguidors. Em pareix bé, si hi ha gent que disfruta amb les seues pel·lícules, allà ells, no els acompanyaré jo a vore-les (ja no).

    El que em deixa inquiet del teu comentari és que equipares la desafecció amb el cine d’Almodóvar amb una idologia rància o homofòbica. Potser hi ha algun cas així, encara que no el conega. Pel que respecta a mi, les seues pel·lis no m’agraden per pretencioses i buides. La ideologia no ha de tindre res a vore amb el gust estètic.

    Felicitats pel blog.

    • Gràcies, Josep.
      Reconozco que es un atrevimiento esa conexión que hago sobre homofobia y Almodóvar. Conozco muchos casos, aunque es una simplificación provocadora que me apetecía hacer. Por supuesto, estoy de acuerdo contigo: el gusto estético no tiene nada que ver con la ideología.

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