Todas las entradas de Textos

Montgo

Loving Mediterráneo

Conducir el camino de vuelta desde Murcia es lo que tiene, que es una pesadilla, un agujero negro, un triángulo de las Bermudas que pretende llevarte como sea a la autopista para apoquinar. Pero aunque no sea capaz de memorizar los desvíos erróneos que cojo cada vez que tengo que volver de allí, si digo no, es no. Leer más…

Dominique A

La cadencia del recuerdo según Dominique A

No hay por qué tener prisa, no siempre y sobre todo no para las cosas importantes. Ni para avanzar fases en la vida, ni para retroceder y hacer balance de ellas. El músico francés Dominique A máximo representante de la nouvelle chanson, se ha tomado su tiempo para volver al pueblo donde pasó su infancia y enfrentarse al que él cree que fue y sus circunstancias. Leer más…

brindis

Brindis o lamento

Que la vida iba en serio

uno lo empieza a comprender más tarde

-como todos los jóvenes, yo vine

a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería

y marcharme entre aplausos

-envejecer, morir, eran tan sólo

las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo

y la verdad desagradable asoma:

envejecer, morir,

es el único argumento de la obra. Leer más…

Año Nuevo en Coney Island

Después de pasar por el rito freak de Nochevieja en Times Square (por aquello de “it’s once in a lifetime”) considero que el año nuevo empezó para mí en Coney Island. Uno de enero, mañana soleada, cielo despejado y relativamente cálido, decidí coger el tren y acercarme a la playa a saludar a 2012. El mar atrae: horizonte limpio, aire que te revuelve el pelo y te despeja la cabeza. Leer más…

mud-movie

Potente relato de iniciación

Si hace un par de semanas hablaba de los llaneros solitarios en el cine americano ahora vuelve ese referente tras haber visto (por fin) Mud, la mejor película que hay ahora mismo en cartelera, escrita y dirigida por Jeff Nichols que debutó en el largo tan tan bien con la mesiánica Take shelter. El título de la película es el nombre del personaje principal aunque no protagonista, interpretado por Matthew McCounaghey, un hombre obsesionado con su primer amor y en permanente huida debido a la misión de protegerla que se ha autoimpuesto. Al principio es solo un fantasma que acecha y fascina a unos niños que van en plan aventurero a una pequeña isla del río Mississipi, pero poco a poco su presencia se va haciendo más grande y con más peso para esos pequeños inquietos con familias problemáticas, que tanto me recuerdan a la pandilla de Stand by me, de Rob Reiner. Referentes que también vienen a la cabeza son Huckleberry Finn, la reciente Bestias del sur salvaje, e incluso el añorado John Sayles, como bien dice aquí el crítico Sergi Sánchez.

Se ha hablado mucho del papel de McCounaghey y de su revelación definitiva como el gran actor que es más allá de las comedias extra ligeras de chico y chica para sábados por la tarde en el sofá (¡que también tienen su lugar en este mundo!) y en las que parecía atrapado para siempre. Y no. Desde hace un par de años, films como El inocente, Killer Joe y sobre todo Magic Mike, lo han situado en un lugar muy respetable, ahí sigue con Mud, y no para de progresar. Aquí es el personaje mítico para los protagonistas, que empiezan temiéndole pero enseguida se convierten en leales compinches. En la piel de Mud, sucio, hambriento, al margen de la sociedad, poco hablador,…y aún así Matthew mantiene su incontestable brillo.

Toda la película está llena de actuaciones valiosas, también de esos secundarios que ilustran el profundo y empobrecido Sur estadounidense -el estado de Arkansas en este caso-, especialmente Ray McKinnon como padre callado, y el siempre grande Sam Shepard, en el papel de misterioso vecino. Sin embargo los que consiguen que Mud alcance el techo en emoción y verdad, merced a un excelente guión -sólo quizá un pelín alargado-, son los dos chavales protagonistas en pleno arranque adolescente, interpretados maravillosamente por Tye Sheridan y Jacob Lofland, cuyo rostro ya se nos grabó como hijo de Jessica Chastain y Brad Pitt en El árbol de la vida. Estos dos actores son simplemente impresionantes en matices y contundencia delante de la cámara. A través de ellos nos llega hondo este relato del despertar a las miserias de la vida, el amor, la dificultad del mundo adulto y todo en un entorno tan único como la rivera del Mississipi. Una gozada altamente recomendable.

oli

El templo del golfeo feliz

Ya me había pasado en 2011, cuando por primera vez, por fin, puse el pie en el Olibaba, famoso chiringuito de Oliva, y en esa playa de Aigüa Blanca. El bajonazo posterior en septiembre fue considerable. En 2012, que ha sido mucho más apoteósico, el verano directamente ha tardado meses en irse. Y hasta me ha llevado un tiempo poder volcar por escrito una nueva carta de amor al Oli.

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Una Karenina inesperada

Ver una película en casa, por muchos avances tecnológicos que haya, nunca podrá compararse a la experiencia de la sala oscura. Esa es mi rotunda afirmación y mi apuesta, por mucha subida de IVA o pérdida de hábito que haya. Siempre hay opciones para ver cine, hay ofertas y está la estupenda Filmoteca, o las proyecciones en bares o centros culturales. Entiendo que lo que sigue de moda es el pirateo, pero con este tema para mí no hay discusión. Cada viernes esta columna pretende ser un acicate para que sus lectores se animen a mover el culo y acudir al cine. Siempre voy a tratar de escribir sobre films que estén al alcance, jugando con las  posibilidades de Valencia ciudad y dado que muchos estrenos apenas duran en cartel. Así hago caso a mi querida Marta Ortells que cuando leía mis críticas en forma de cápsulas tuiteras bajo el hashtag #cinecinecine me echaba la bronca por no darle el espacio que merecía la crítica en cuestión. Y tenía razón. Ver películas es una de mis cinco cosas favoritas para hacer en esta vida. Durante algunos años escribí sobre ellas en distintas publicaciones de Valencia, y ahora, con esta ventana, vuelvo al ruedo.

He tardado más de lo habitual en ir a ver Anna Karenina. Me encanta la novela de Tolstói y me interesaba lo que podía haber hecho con la historia Joe Wright junto a su musa, Keira Knightley. Desde la versión antiquísima de Greta Garbo, bella más allá de lo terrenal, nadie de enjundia se había atrevido con semejante novelón y lo ha hecho este director tan ‘british’, especializado ya oficialmente -tras Expiación y Orgullo y Prejuicio- en adaptaciones literarias. Wright es de esos cineastas que no destacan en principio por tener un sello arrollador pero visto lo visto, se está destapando poco a poco. Yo diría que esta Anna Karerina ha sido su salida del armario como un señor atrevido y a su aire. Las críticas que me habían hecho de viva voz o que había leído muy por encima decían lo mismo y lo contrario, aunque algunos como Desirée de Fez y Raúl Cornejo sí se retrataban con bastante entusiasmo. Aún así me senté en la butaca con poca idea preconcebida más allá de la consabida tragedia de la adúltera rusa de finales del siglo XIX. Y bueno, puedo decir que la peli me ha encantado. Tiene fuerza, es diferente y aún conociendo por dónde va a ir el tren, es una sorpresa lograr pasar las dos horas largas que dura conmovida en la butaca.

Las películas de época, y más si son adaptaciones literarias, pueden ser directamente un tostón, siguiendo a rajatabla las pautas academicistas, pero Joe Wright, de la mano de un guión de maestro a cargo del dramaturgo inglés Tom Stoppard -claro, así cualquiera- sabe darle una interesante vuelta al asunto. La puesta en escena exagerada y voluntariamente teatral en momentos concretos del film es un acierto, que remarca a la perfección el estatismo frente a una forma libre de ver la vida, la presión de los convencionalismos en una historia muy loca y muy humana de amores al límite y en contra de toda formalidad.

El despliegue de producción y vestuario es a todo gas, y por momentos muy fugaces parece un musical de Lurman, pero son solo flashes; Wright bordea el exceso sin sobrepasarlo. Y todos esos trajes de Jacqueline Durran que se llevó el último Oscar por este trabajo-, decorados, detalles, o la música de Dario Marianelli, no son una mera exhibición de poderío sino que acompañan y conforman el sentido del film. Y moviéndose entre todo ello, una larga lista de actores de lujo, empezando por -la nada etérea pese a su delgadez-, Keira Knightley, que desde hace unos años ha sabido encauzar estupendamente su carrera, Jude Law, Kelly McDonald, Emily Watson u Olivia Williams.

Algunas de las personas que me habían hablado con desinterés de esta Anna Karerina la habían visto en la tele. Claro, la gracia de obras como ésta es el espectáculo que generan -el cine a lo grande- y que no puede apreciarse igual en una pantalla de casa. Por eso y por mucho más, id al cine, malditos.